16/05/2021

La opinión publica existe, y está en red

La opinión publica existe, y está en red

Por Pablo Gustavo Díaz

Consultor en Marketing Político

 

Hay dos formas de entender la política: la precopernicana que se sitúa en la realidad desde la fe y la defensa de relatos, y aquella que usa la metodología del trabajo científico, formula hipótesis que se contrastan con la realidad y produce conocimiento que se cuantifican y sistematiza, afirma Jaime Duran Barba en su libro “La política en el siglo XXI”.

Muchos creemos lo mismo, especialmente quienes nos dedicamos a la consultoría política y usamos el método científico para intentar comprender lo que pasa en la opinión pública. Pero aún vemos grandes nichos de resistencia a él entre nuestros clientes de la clase política.

Esta semana se conoció públicamente que el gobierno nacional que preside Alberto Fernández intentó contratar un sistema de monitoreo de las redes sociales. Ese dato no debería sorprender a nadie medianamente informado ya que bien sabido es que una de las primeras medidas administrativas que tomó el gobierno nacional fue crear la "Unidad Ejecutora Especial Temporaria de Opinión Ciudadana" dentro de la Jefatura de Gabinete que conduce Santiago Cafiero, y que, como también es de publico conocimiento, solo en el último cuatrimestre del año pasado invirtió más de 17 millones de pesos en encuestas y focus groups para relevar datos sobre el impacto del coronavirus, pero también para conocer la percepción de la marcha de la gestión, la imagen de los funcionarios y el nivel de aceptación de otros temas, como la reforma judicial y la legalización del aborto.

Es que en la era de la sociedad de la información sería literalmente una locura intentar gobernar sin información o solo con la sesgada información que pueden adquirir los allegados al gobierno en sus escasos contactos con los gobernados. Mucho más en épocas de pandemia como las que vivimos, en que los contactos personales están muy restringidos.

 

Jürgen Habermas nos enseñó que la opinión pública nació con las reuniones de personas que se encontraban en los cafetines europeos para conversar sobre política.

Manuel Mora y Araujo nos enseñó que la opinión pública se genera en el plano de la conversación espontánea entre las personas, y que su función utilitaria es la de introducir a la política un componente de intercambio, de mercado, de forma de poner un freno a la acumulación de poder, que limita su ejercicio.

Sin su existencia -o consideración- el poder político haría lo que quisiera. Con su existencia y consideración el poder político debe negociar constantemente el quehacer, ya que no solo gobierna para sí sino también para la satisfacción de las demandas, los sueños y las expectativas de ella.

De los cafetines europeos que explicaba Habermas, la opinión pública se expandió a los hogares, con la aparición de la radio primero y la televisión después. Y en los últimos 15 años, esa expansión entró en una vorágine que cambió la vida de los seres humanos, incluyéndolos a casi todos y trastornando los valores y reglas del juego democrático, con la irrupción de las redes sociales.

La opinión pública dejó los viejos compartimentos estancos para pasar a conectarse en red.

La Primavera Árabe. Las revueltas sociales europeas y norteamericanas. Los indignados españoles que dieron origen a Podemos y Ciudadanos. El #NiUnaMenos. El #MeToo. El Brexit. La rebelión chilena actual. Donald Trump y Jair Bolsonaro; por citar solo algunos mínimos ejemplos, no hubieran sido posible sin la existencia de las Redes Sociales.

El cálido cafetín de la tertulia en el que nació la opinión pública no existe más. Las pantallas reemplazaron a los rostros y se convirtieron en ventanas que nos sacan del entorno inmediato y nos proyectan a una realidad que ni siquiera tiene límites entre lo fáctico y lo virtual… Esa opinión pública es la que crea y recrea la realidad en la que vivimos, ya que en definitiva el mundo de lo simbólico (identificado con la realidad virtual) ha terminado siendo lo único real. Continúa relatando Jaime Duran Barba en su libro.

En PGD Consultores utilizamos mucho la tecnología para investigar la opinión pública. En la Patagonia fuimos pioneros en el uso de sistemas informáticos para hacer “social listening”, o monitoreo de las conversaciones en redes sociales para extraer los issues y sentimiento de las personas, allá por el 2013.

También estuvimos entre los primeros en el país en hacer encuestas online por internet, utilizando el poder de las redes sociales para encontrar y motivar a las personas a participar. Y obviamente también usamos la tecnología para mediar en nuestras entrevistas personalizadas y focus gropus que realizamos en toda la Patagonia.

Cuando empezamos éramos como sapos de otro pozo. Al punto tal que algunos de nuestros competidores nos criticaban públicamente calificando de “poco serio” nuestro sistema.

Los exitosos resultados que obtuvimos en las elecciones provinciales y municipales de 2019, y la pandemia de coronavirus del 2020, convencieron a esos competidores de su error, y hoy ellos también se han volcado a la investigación científica en el mundo virtual.

Las redes sociales existen. Solo en Facebook hoy están, y se conectan a conversar diariamente, el 95% del padrón electoral rionegrino.

En sus publicaciones y en los comentarios de los posteos de otras personas, instituciones y medios de comunicación, manifiestan sus broncas, pero también sus alegrías, demandas, ilusiones y sueños. Todos los días.

Se puede seguir haciendo política a la forma precopernicana, como explica la cita de Jaime Durán Barba con la que comencé esta nota. Y se puede hacer política incorporando y atendiendo el método científico. La única diferencia será el resultado que se consiga.

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