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13/05/2021

"Mandrake", el artesano brasileño que adoptó las calles para vivir

Comenzó la charla amablemente pero luego demostró cierta hostilidad ante un cronista de Noticias Net.
"Mandrake", el artesano brasileño que adoptó las calles para vivir
"Mandrake", el artesano brasileño que adoptó las calles para vivir

La pregunta se caía de maduro: ¿Por qué vive en la calle?. En principio, esbozó en un inentendible portugués -y sin barbijo-, que no puede pagar una habitación.

Por lo tanto, ahora utiliza como comedor  el ingreso a un negocio de venta de celulares de la calle Buenos Aires, mientras exhibe las bonitas artesanías sobre las pequeñas moles de cemento que separan la vereda de la calzada.

Dijo haber estado en el ministerio de Desarrollo Social, pero con cierta molestia, indicó que "me enviaron a hablar con directores, y que venga la semana que viene o vaya a tal lado". Esta dilación le generó disconformidad.

Cuando se le intentó explicar que había otras alternativas, en el órbita municipal para ayudar a personas en situación de calle, agazapado sobre el cordón del local comercial y con un envase de jugo en la mano, sentenció: "que me vengan a ver..., no voy a ningún lado".

El hombre de las largas rastas y una gastada campera de cuero de color marrón cambió el tono de la conversación. Se mostró enojado porque la policía de Río Negro lo sacó del pórtico de una oficina de la aseguradora Horizonte de la calle Yrigoyen -que usaba de dormitorio-, tras las publicaciones de Noticias.

Se le pidió que hable lento para poder comunicarse con el cronista. Volvió a ser irónico cuando se le preguntó su nombre y, en ese momento, se notó el nuevo bautismo: "Mandrake". A continuación, dijo en portugués: "si quiere le hablo inglés o chino".

Cuando adoptó ese nombre, no pensó que alguien conocía al mago, un personaje de una antigua tira cómica que el ilustrador norteamericano Phil Davis hizo popular desde 1934.

Se le preguntó su nombre en inglés, y volvió a reírse, y a molestarse porque no quiere que le tomen fotografías. Se le reconoció que tiene sus derechos, y tampoco quiso explicar qué significan sus artesanías que comercializa. Fin de la conversación, y no se sabe ahora, dónde pasa las noches.