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16/04/2021

Los que creyeron a Alfonsín y se fueron, y los que decidieron quedarse

Los que creyeron a Alfonsín y se fueron, y los que decidieron quedarse
Los que creyeron a Alfonsín y se fueron, y los que decidieron quedarse

Un 16 de abril de 1986, el entonces presidente Raúl Alfonsín anunciaba el traslado de la capital federal a Viedma-Patagones-Guardia. Invitaba a perseguir el sueño de “Al Sur, al mar y al frío”.

Para numerosas familias fue un canto de sirenas, y se largaron a conquistar Viedma o Patagones con lo puesto.

Entre esa fecha y en el transcurso de 1987 –cuando se aprobó la Ley Nacional N° 23.512 de mudanza- la terminal de Viedma fue una romería.

Idas y vueltas de padres, madres y chicos que deambulaban por el vetusto e incómodo edificio de calle Zatti, y que no contaba disponibilidades para que la gente pudiera dormir tirada en los pasillos.

En ese lapso había que acomodarse como podían, mientras los jefes de familia recorrían la ciudad en busca de dónde vivir, y una oportunidad laboral.

En un momento, pretendían radicarse a razón de cuatro familias por día.

Por entonces, uno de los aventureros rosarinos que conocía el oficio de cafetero ambulante –y Viedma no lo tenía- se mantuvo por un tiempo. De paso cuidaba una Unidad Básica del PJ que utilizó como vivienda.

Luego decidió emigrar hacia otros horizontes más prósperos o más atractivos. Sobre todo cuando el proyecto comenzó a perder peso y desinflarse hasta quedar en la historia.

Aun así, esos días se transformaron en problemáticos para las autoridades municipales y provinciales. El interés de las familias se transformó en un problema social hasta que la cosa se fue diluyendo y muchos fueron disuados a retornar o bien la realidad los cacheteó en la mejilla ante la falta de oportunidades, sobre todo laborales..

Por entonces tuvo que intervenir la secretaría de Trabajo de la provincia ante la sospecha que había una agencia de colocaciones laborales en Rosaría que habría estado operando para incentivar a la gente a viajar hacia ese destino.

Algunos de los que decidieron desembarcar con oficios y profesiones, incluso algunos hijos de Viedma que creyeron en el proyecto, con el tiempo se ubicaron laboralmente, y se insertaron en la sociedad hasta estos días.