Sergio Lapegüe: Estoy en la cama sin fuerzas, pero con fe”
Al dolor físico y al cansancio originado propiamente por la enfermedad, se le suma la soledad de la habitación del hospital donde tiene que permanecer aislado.
“Ayer descansé con oxígeno porque tengo bajo oxígeno en sangre, me pusieron una bigotera”, contó el conductor y agregó que hoy está un poco mejor porque aunque sigue con fiebre, ya es mucho más baja.
Sin embargo, a la parte física, hay que sumarle el costado anímico, que es el más complicado a la hora de transitar una enfermedad como esta, en la que los pacientes no solo no pueden recibir el abrazo de sus seres queridos, sino que ni siquiera pueden ver la cara de los médicos que los atienden.
En las últimas horas escribió un texto en el que relataba sus sensaciones: “No querer ver a nadie, estar a oscuras por necesidad. No podés prender la tele simplemente porque no querés escuchar a nadie. Silencio. Sólo siento los pasos de los tremendos servidores públicos que van de un lado a otro por el pasillo del COVID-19. Médicos, enfermeros, personal de limpieza, de servicio a la habitación, que se arriesgan cada minuto para que los pacientes puedan cursar esta enfermedad tan desconocida como rara, de la mejor manera sin secuelas”.
“De pronto controlan el oxígeno en sangre y satura bajo, ahí te ponen oxígeno para respirar mejor. Y viene la experimentada enfermera y te inyecta antibióticos o corticoide, o un anticoagulante, para evitar una posible trombosis. Y un mazazo cae sobre tu cabeza, que te desploma sobre la cama”, dijo y cerró: “Muchas gracias por todos los mensajes de aliento y apoyo. De verdad me emocionan. Y son innumerables. Aunque sé que hay gente mal intencionada –repara–. Que se alegra de los problemas del otro. Que opina sin saber. Ojalá puedan dejar de odiar o envidiar porque eso es malo para el corazón de cada uno de ustedes”.