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Volver al pasado

Descreo completamente de las premisas del estilo “todo tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, en el básquet rionegrino esa sentencia es ley.


La salida de Jorge Carrasco de la presidencia tras larguísima década y media se presenta como una oportunidad de un mejor futuro retomando hábitos del pasado.


No me explayaré en las desprolijidades administrativas y financieras que conoce todo el mundo, hasta los más distraídos, sino que me interesa particularmente que se pueda recuperar el esquema deportivo del básquet rionegrino.


Probablemente suene inverosímil si cuento que hubo un tiempo en la década del 90 en el que Río Negro no bajaba de semifinales de torneos argentinos en categorías inferiores, incluso siendo contemporáneas esas camadas de buena parte de la Generación Dorada, cuyos jugadores aparecían en las selecciones de Santa Fe, Capital, Córdoba o Buenos Aires. ¿De qué manera se achicaban las distancias? ¿Cómo Agustín Kreiber podía defender a Scola en Jujuy, o Julio Mázzaro dejar en ridículo al Chapu Nocioni? Con trabajo, ni más ni menos.


Hubo un tiempo en que los provinciales de selecciones asociativas tenían participación de Valle Inferior, Alto Valle, Bariloche, San Antonio y Valle Medio. Hubo un tiempo en que los provinciales de clubes se jugaban en varias fases durante casi todo el año, por sedes, en las que participaba desde Sportsman de Choele Choel hasta Pehuenes de Bariloche, mezclándose con Deportivo Roca que en ese momento jugaba Liga Nacional o Atenas y Villa Congreso, que solían liderar en el Este rionegrino.


Hubo un tiempo en que Río Negro tenía selecciones de primera división que participaban del Más Argentino de los Campeonatos.


Todo aquello cayó por distintos motivos, en saco roto.


Juntar a los pibes una semana antes de ir a jugar un Argentino fue la regla.


Hacer provinciales fantasmas con un puñado de clubes del Alto Valle y Valle Inferior exponiendo a los jugadores a cinco partidos en tres días fue la regla.
Eliminar el básquet de Bariloche y Valle Medio fue la regla.


Recuperar aquel brillo y entusiasmo no es difícil.


Hoy se juega más al básquet. Al asociativo, federado, hay que sumar el comunitario, el escolar. Las escuelas municipales deben formar parte de las ligas. La región Sur cuenta con gimnasios, SUMs escolares y un clima propicio casi todo el año para hacer actividades indoor.


Otros deportes similares han crecido fuertemente en la última década. Y el básquet no sólo se estancó, sino que retrocedió.


Ese es el desafío de la post-intervención: volver a un pasado que fue feliz adaptando las ideas a la realidad contemporánea.

Por Juan Pablo Gorosito.

Secretario de Cultura y Deportes de Viedma.

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Volver al pasado

Descreo completamente de las premisas del estilo “todo tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, en el básquet rionegrino esa sentencia es ley.


La salida de Jorge Carrasco de la presidencia tras larguísima década y media se presenta como una oportunidad de un mejor futuro retomando hábitos del pasado.


No me explayaré en las desprolijidades administrativas y financieras que conoce todo el mundo, hasta los más distraídos, sino que me interesa particularmente que se pueda recuperar el esquema deportivo del básquet rionegrino.


Probablemente suene inverosímil si cuento que hubo un tiempo en la década del 90 en el que Río Negro no bajaba de semifinales de torneos argentinos en categorías inferiores, incluso siendo contemporáneas esas camadas de buena parte de la Generación Dorada, cuyos jugadores aparecían en las selecciones de Santa Fe, Capital, Córdoba o Buenos Aires. ¿De qué manera se achicaban las distancias? ¿Cómo Agustín Kreiber podía defender a Scola en Jujuy, o Julio Mázzaro dejar en ridículo al Chapu Nocioni? Con trabajo, ni más ni menos.


Hubo un tiempo en que los provinciales de selecciones asociativas tenían participación de Valle Inferior, Alto Valle, Bariloche, San Antonio y Valle Medio. Hubo un tiempo en que los provinciales de clubes se jugaban en varias fases durante casi todo el año, por sedes, en las que participaba desde Sportsman de Choele Choel hasta Pehuenes de Bariloche, mezclándose con Deportivo Roca que en ese momento jugaba Liga Nacional o Atenas y Villa Congreso, que solían liderar en el Este rionegrino.


Hubo un tiempo en que Río Negro tenía selecciones de primera división que participaban del Más Argentino de los Campeonatos.


Todo aquello cayó por distintos motivos, en saco roto.


Juntar a los pibes una semana antes de ir a jugar un Argentino fue la regla.


Hacer provinciales fantasmas con un puñado de clubes del Alto Valle y Valle Inferior exponiendo a los jugadores a cinco partidos en tres días fue la regla.
Eliminar el básquet de Bariloche y Valle Medio fue la regla.


Recuperar aquel brillo y entusiasmo no es difícil.


Hoy se juega más al básquet. Al asociativo, federado, hay que sumar el comunitario, el escolar. Las escuelas municipales deben formar parte de las ligas. La región Sur cuenta con gimnasios, SUMs escolares y un clima propicio casi todo el año para hacer actividades indoor.


Otros deportes similares han crecido fuertemente en la última década. Y el básquet no sólo se estancó, sino que retrocedió.


Ese es el desafío de la post-intervención: volver a un pasado que fue feliz adaptando las ideas a la realidad contemporánea.

Por Juan Pablo Gorosito.

Secretario de Cultura y Deportes de Viedma.

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