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El mapa de Argentina


La semana previa a las elecciones pasé por un shopping. Los negocios esos en que las mujeres nos mareamos comprando accesorios modestos, accesibles, estaban casi vacíos. Vacíos de clientes y vacíos de mercadería. Fue fácil imaginar lo que vendría. Argentina es un país de consumo. Educado en el consumo. Al menos desde los tempranos 90.


Hubo un tiempo de Libretas de Ahorro. Los chicos que ahora son abuelos compraban estampillas que ponían en una libreta y eso después podía transformarse en efectivo. Pero los 90 nos afiebraron y desde entonces elegimos confort sobre bienestar. Es decir, licuadoras y pantallas de tv gigantes sobre cloacas y agua potable.


Pero el problema no somos nosotros que queremos tener muchas cosas, la mayoría de ellas inútiles y desechables, el problema seguramente nos antecede porque llevamos mucho tiempo encantados con esos espejitos de colores sin que nada ni nadie nos proponga detenernos a pensar algunas cosas.


Nos resulta muy difícil entender que el mundo cambió, que hay otra economía que por caso y como primer tema a subrayar, necesita mucha menos mano de obra o dicho en otros términos genera muy pocos puestos de trabajo, y los que genera necesitan un alto grado de capacitación.
Volvamos a empezar. El tipo de trabajo mecánico y repetitivo para el que no hacía falta mucha preparación, hoy casi regularmente lo hace una máquina. Esto hace que un sector de la población, que no accedió a la debida capacitación, no encuentre su lugar en este estrecho mercado de trabajo. 


Los caminos para sortear este escenario fueron los siguientes:
1- Empleo público
2- Subsidios
3- Aliento al emprendedurismo


Veamos un poco ¿Se entiende si digo que aumentar la masa de empleados públicos, innecesariamente, es un boomerang? Es decir, el sueldo ( los aportes patronales que incrementan en casi un 50% ese número) sale siempre de la misma caja y esa caja se arma con los impuestos que tributan algunos. Si son más los que sacan que los que ponen, está claro que la cosa no va a funcionar.


Por otro lado, en el caso de las provincias, desde que esta gestión restituyó los valores históricos de coparticipación, reciben lo suficiente como para pagar sus cuentas. Río Negro vive casi por entero de esta coparticipación a la que solo aportamos el 1,3%. Es probable que no nos guste la realidad que nos muestra el espejo, pero peor es mentirnos.


Aún con una coparticipación que nos resuelve mucho, muchísimo, el número es finito, tiene un límite.


Por otro lado, el Estado nacional cubre a quienes están desempleados o tienen niños pequeños o están en una situación de vulnerabilidad, con toda suerte de subsidios entre los que se destaca en primer término la Asignación Universal por Hijo que hace operativo el derecho de cada argentino a crecer bien alimentado y abrigado, abrazado por su familia. Esto es muy bueno, sin la menor duda.


En las provincias, desde el menemismo, a cargo de los servicios de salud y educación, se refuerzan partidas conteniendo a la primera infancia.
De un modo u otro, el Estado, nacional, provincial, municipal, cuidan amorosamente al ciudadano. Ese cuidado amoroso se traduce en un costo que abonamos luego, entre todos.


Finalmente, y aunque nadie se tome el trabajo de explicarnos esto, de mostrarnos los números de una billetera que debe administrarse con sabiduría y prudencia, pero también con visión de futuro, la necesidad de generar trabajo productivo, en el mundo y también en la Argentina, pone de relieve el impulso a los emprendedores.


Estos emprendedores que hacen cerveza artesanal, jardines secos, delantales, tejidos, instrumentos de precisión, lo que fuere, no fueron educados para ser emprendedores. 


Fueron a la escuela para aprender que África es un continente y no un país, que la regla de tres simple es una herramienta muy útil y que la tabla de elementos periódicos te asiste a la hora del crucigrama, pero a nadie nunca le hablaron de un plan de negocios, por ejemplo o de trámites legales y menos aún de deshacer esos trámites a la triste hora del fracaso que viene con un vuelto, años después, de reclamos de Rentas o Afip que se transforman en juicios de una pesadilla que nadie debería afrontar.


Este es el mapa de Argentina. No importa si gobierna el kirchnerismo o el macrismo, este es el mapa de Argentina. Y en ese mapa hay que intervenir.
Digo intervenir antes que elegir porque el conjunto de los argentinos, después de mirarnos en el espejo y reconocernos tal y como somos, podemos impulsar cambios, podemos exigir mesura o velocidad, podemos ser parte de un proyecto.
También, luego, podemos elegir.


Cuando Menem nos propuso un nuevo modelo de país, ocurrieron dos cosas. La primera, que lo que se hizo fue en el marco de un escenario de extrema corrupción por lo que resulta difícil evaluar. Luego, los argentino nos encontramos en un escenario inédito, de consumo, y esto, nos alejó de cualquier perspectiva saludable.


Desde entonces, somos muchísimos más dividiéndonos una torta que no hacemos crecer porque la verdad es que creció durante el kirchnerismo de Néstor K, luego un poco menos durante el primer gobierno de Cristina K y dejó de crecer en su segundo gobierno. Este crecimiento no fue mérito nuestro sino que por motivos ajenos a nosotros, los comoditties se dispararon y por caso, la soja multiplicó su valor casi exponencialmente. Fuimos ríquisimos y como los nuevos ricos de las películas, en lugar de asegurarnos el futuro, gastamos de modo superfluo en algunos casos y de modo irresponsable en otros.


Ahora estamos aquí, el gobierno de Macri aprendió, del peor modo, que en una sociedad de consumo es tan importante tener plata en el bolsillo como agua corriente en tu casa.


Ojalá aprendamos todos los argentinos, a reconocernos, sin revanchismos, tal y como somos, para mejorarnos, para ser la mejor versión de nosotros mismos.


Esto no cambia mi voto, ya dije en todas partes que soy funcionaria de esta gestión de Mauricio Macri y que me siento muy orgullosa de haber sido elegida para dirigir LRA2 Radio Nacional Viedma, pero siento que es imprescindible que hablemos los argentinos, respetuosamente, después, que cada quien elija lo que lo parezca.


Por Claudio Beltramino. Periodista de Radio Nacional. 

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El mapa de Argentina


La semana previa a las elecciones pasé por un shopping. Los negocios esos en que las mujeres nos mareamos comprando accesorios modestos, accesibles, estaban casi vacíos. Vacíos de clientes y vacíos de mercadería. Fue fácil imaginar lo que vendría. Argentina es un país de consumo. Educado en el consumo. Al menos desde los tempranos 90.


Hubo un tiempo de Libretas de Ahorro. Los chicos que ahora son abuelos compraban estampillas que ponían en una libreta y eso después podía transformarse en efectivo. Pero los 90 nos afiebraron y desde entonces elegimos confort sobre bienestar. Es decir, licuadoras y pantallas de tv gigantes sobre cloacas y agua potable.


Pero el problema no somos nosotros que queremos tener muchas cosas, la mayoría de ellas inútiles y desechables, el problema seguramente nos antecede porque llevamos mucho tiempo encantados con esos espejitos de colores sin que nada ni nadie nos proponga detenernos a pensar algunas cosas.


Nos resulta muy difícil entender que el mundo cambió, que hay otra economía que por caso y como primer tema a subrayar, necesita mucha menos mano de obra o dicho en otros términos genera muy pocos puestos de trabajo, y los que genera necesitan un alto grado de capacitación.
Volvamos a empezar. El tipo de trabajo mecánico y repetitivo para el que no hacía falta mucha preparación, hoy casi regularmente lo hace una máquina. Esto hace que un sector de la población, que no accedió a la debida capacitación, no encuentre su lugar en este estrecho mercado de trabajo. 


Los caminos para sortear este escenario fueron los siguientes:
1- Empleo público
2- Subsidios
3- Aliento al emprendedurismo


Veamos un poco ¿Se entiende si digo que aumentar la masa de empleados públicos, innecesariamente, es un boomerang? Es decir, el sueldo ( los aportes patronales que incrementan en casi un 50% ese número) sale siempre de la misma caja y esa caja se arma con los impuestos que tributan algunos. Si son más los que sacan que los que ponen, está claro que la cosa no va a funcionar.


Por otro lado, en el caso de las provincias, desde que esta gestión restituyó los valores históricos de coparticipación, reciben lo suficiente como para pagar sus cuentas. Río Negro vive casi por entero de esta coparticipación a la que solo aportamos el 1,3%. Es probable que no nos guste la realidad que nos muestra el espejo, pero peor es mentirnos.


Aún con una coparticipación que nos resuelve mucho, muchísimo, el número es finito, tiene un límite.


Por otro lado, el Estado nacional cubre a quienes están desempleados o tienen niños pequeños o están en una situación de vulnerabilidad, con toda suerte de subsidios entre los que se destaca en primer término la Asignación Universal por Hijo que hace operativo el derecho de cada argentino a crecer bien alimentado y abrigado, abrazado por su familia. Esto es muy bueno, sin la menor duda.


En las provincias, desde el menemismo, a cargo de los servicios de salud y educación, se refuerzan partidas conteniendo a la primera infancia.
De un modo u otro, el Estado, nacional, provincial, municipal, cuidan amorosamente al ciudadano. Ese cuidado amoroso se traduce en un costo que abonamos luego, entre todos.


Finalmente, y aunque nadie se tome el trabajo de explicarnos esto, de mostrarnos los números de una billetera que debe administrarse con sabiduría y prudencia, pero también con visión de futuro, la necesidad de generar trabajo productivo, en el mundo y también en la Argentina, pone de relieve el impulso a los emprendedores.


Estos emprendedores que hacen cerveza artesanal, jardines secos, delantales, tejidos, instrumentos de precisión, lo que fuere, no fueron educados para ser emprendedores. 


Fueron a la escuela para aprender que África es un continente y no un país, que la regla de tres simple es una herramienta muy útil y que la tabla de elementos periódicos te asiste a la hora del crucigrama, pero a nadie nunca le hablaron de un plan de negocios, por ejemplo o de trámites legales y menos aún de deshacer esos trámites a la triste hora del fracaso que viene con un vuelto, años después, de reclamos de Rentas o Afip que se transforman en juicios de una pesadilla que nadie debería afrontar.


Este es el mapa de Argentina. No importa si gobierna el kirchnerismo o el macrismo, este es el mapa de Argentina. Y en ese mapa hay que intervenir.
Digo intervenir antes que elegir porque el conjunto de los argentinos, después de mirarnos en el espejo y reconocernos tal y como somos, podemos impulsar cambios, podemos exigir mesura o velocidad, podemos ser parte de un proyecto.
También, luego, podemos elegir.


Cuando Menem nos propuso un nuevo modelo de país, ocurrieron dos cosas. La primera, que lo que se hizo fue en el marco de un escenario de extrema corrupción por lo que resulta difícil evaluar. Luego, los argentino nos encontramos en un escenario inédito, de consumo, y esto, nos alejó de cualquier perspectiva saludable.


Desde entonces, somos muchísimos más dividiéndonos una torta que no hacemos crecer porque la verdad es que creció durante el kirchnerismo de Néstor K, luego un poco menos durante el primer gobierno de Cristina K y dejó de crecer en su segundo gobierno. Este crecimiento no fue mérito nuestro sino que por motivos ajenos a nosotros, los comoditties se dispararon y por caso, la soja multiplicó su valor casi exponencialmente. Fuimos ríquisimos y como los nuevos ricos de las películas, en lugar de asegurarnos el futuro, gastamos de modo superfluo en algunos casos y de modo irresponsable en otros.


Ahora estamos aquí, el gobierno de Macri aprendió, del peor modo, que en una sociedad de consumo es tan importante tener plata en el bolsillo como agua corriente en tu casa.


Ojalá aprendamos todos los argentinos, a reconocernos, sin revanchismos, tal y como somos, para mejorarnos, para ser la mejor versión de nosotros mismos.


Esto no cambia mi voto, ya dije en todas partes que soy funcionaria de esta gestión de Mauricio Macri y que me siento muy orgullosa de haber sido elegida para dirigir LRA2 Radio Nacional Viedma, pero siento que es imprescindible que hablemos los argentinos, respetuosamente, después, que cada quien elija lo que lo parezca.


Por Claudio Beltramino. Periodista de Radio Nacional. 

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