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EL ORO Y EL BARRO

Emilio De Rege

EL ORO Y EL BARRO

Atendiendo a los aportes de nuestros lectores y a que no se diluya el análisis de cada tema, o quede eclipsado uno u otro semana tras semana, decidimos hacer mutar la columna. Dividirla en dos. La economía y la política. El oro y el barro.

EL ORO

NO NEWS IS GOOD NEWS, podría ser la frase de la semana. Que no haya noticias, son buenas noticias. Si bien algunos índices han mostrado un retroceso, nada fuera de lo esperado. En línea con lo que preveía el EMAE el PIB cayó 0,2% con respecto al anterior trimestre en el primero de 2019. En la comparación interanual, la economía exhibió una retracción de 5,8%. No son noticias halagüeñas, pero en el contexto de expectativas de inflación a la baja, panorama fiscal y financiero positivo, dólar planchado y alguno que otro sector que ya hizo piso.

Hemos pasado de un escenario donde solo podían sentirse las consecuencias negativas del programa de estabilización llevado adelante por el gobierno, a uno donde por lo menos comienza a vislumbrarse alguna luz al final del túnel. El camino es largo y sigue planteando muchísimas interrogantes, pero ya haber llegado a este punto en un año con una gran inquietud debido al proceso eleccionario no es poco.

Ahora, la tranquilidad se debe en parte a un tipo de cambio cuasi fijo que se impostará de ser necesario, tasas altas y un programa monetario muy disciplinado. Que se alcanzara este resultado no era solamente deseado sino necesario. No hay margen para seguir con este tipo de medidas y sin resultados eternamente. Al tiempo que mejoran una serie de indicadores, se hacen cada vez mas patentes también las consecuencias menos felices del programa. El dato del desempleo es una cabal demostración.  El de la pobreza también.

La senda del crecimiento no es una opción, sino la única posibilidad, para poder alinear aunque sea mínimamente las demandas de la sociedad con las posibilidades de una economía desvencijada que ya no se cuenta entre las más ricas de latinoamérica. Pero un crecimiento basado en la productividad, en la innovación, en la incorporación de tecnología y el desarrollo de la competitividad bajando costos. Cada vez que se  intenta el atajo de tenerlo todo ya, vamos a déficits fiscales, déficits de cuenta corriente insostenibles, emisión monetaria excesiva, con las consecuentes licuaciones vía inflación, cepos, o defaults.

Muchos hablan del mayor plan de corrección hecho en época eleccionaria de la historia, otros de una reedición electoralista de una paz ficticia que tendrá su fin luego de las elecciones. Lo cierto en el corto plazo es que Macri ha logrado con esta calma, impostada o no, comprar tiempo. Si luego lo que viene son las reformas que se descuentan necesarias, el tiempo dirá. Mientras, en las últimas encuestas crece la cantidad de gente con la percepción de que al gobierno le hace falta mas tiempo para llevar adelante las reformas necesarias en la economía.

El gobierno necesita lograr que lo intangible pueda mas que la idea de futuro, lo tangible, le gane la batalla a lo tangible, que mas bien es poco. No solamente pensando en el electorado, sino en la recomposición de la inversión dentro del producto bruto. La única salida de este laberinto. Para esto, la mejora de las expectativas en un eventual éxito de la gestión macrista y el relanzamiento de un plan reformista son clave. La incorporación de Pichetto obró en este sentido, ahora hace falta un plan.

 

EL BARRO

LA FECHA DE VIEDMA será una incógnita por poco tiempo más. Todo indica que esta semana debiéramos tener alguna certeza. Dado que la fecha la elije el intendente, obviamente analizaremos que sería más conveniente para el candidato de José Luis Foulkes.

De ser en Octubre, el oficialismo municipal gozaría del influjo positivo de la polarización nacional. El efecto arrastre de un Macri que una elección polarizada al máximo como será la de Octubre, no bajará de los treinta y cinco puntos. Por otro lado, lo que vale para los candidatos de Juntos por el Cambio vale también para los candidatos kirchneristas. Descontando una rotunda victoria de la fórmula de Alberto Fernandez en la capital provincial, esta estrategia ayudaría más a la oposición kirchnerista que al oficialismo. Y sería una derrota casi cantada.

Es que, sumado a la consecuencia negativa que acabamos de enumerar, la boleta oficialista competiría con la que encabeza el mismísimo gobernador. La figura más importante en términos electorales de la política rionegrina al día de hoy. Habría una boleta del Kirchnerismo, una encabezada por el gobernador y una de Macri. Y Viedma no es justamente el lugar donde mejor está el presidente.

Por otro lado, la presencia de Weretilnek le dará una importancia porcentual al corte de boleta inédito. Licuando el poco o mucho efecto arrastre de Macri. Además, sería un sinsentido por parte del oficialismo incorporar a la elección municipal, eligiendo Octubre, la posibilidad de que Pesatti tenga a Weretilnek encabezando la boleta. Corte que a su vez perjudicará seguramente mas a Juntos por el Cambio que al Frente para la Victoria. El peor de los escenarios para el candidato del intendente oficialista.

Pareciera que esta opción beneficiaría mas a quienes integren la lista por debajo del candidato a intendente oficialista que al mismo candidato. Y no demasiado. Es que, asegura un piso eventualmente pero aumenta diametralmente las posibilidades de un adversario. Es ganar muy poco abajo para renunciar directamente arriba.

Por otro lado, de ser en la opción del 29 de Septiembre cambiaría un poco el panorama. Con dos candidatos peronistas por la oposición que dividen el voto, puede haber una posibilidad. Es una elección muy difícil para el oficialismo municipal, y en el caso de la fecha tendrá que elegir entre el mal menor.

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Atendiendo a los aportes de nuestros lectores y a que no se diluya el análisis de cada tema, o quede eclipsado uno u otro semana tras semana, decidimos hacer mutar la columna. Dividirla en dos. La economía y la política. El oro y el barro.

EL ORO

NO NEWS IS GOOD NEWS, podría ser la frase de la semana. Que no haya noticias, son buenas noticias. Si bien algunos índices han mostrado un retroceso, nada fuera de lo esperado. En línea con lo que preveía el EMAE el PIB cayó 0,2% con respecto al anterior trimestre en el primero de 2019. En la comparación interanual, la economía exhibió una retracción de 5,8%. No son noticias halagüeñas, pero en el contexto de expectativas de inflación a la baja, panorama fiscal y financiero positivo, dólar planchado y alguno que otro sector que ya hizo piso.

Hemos pasado de un escenario donde solo podían sentirse las consecuencias negativas del programa de estabilización llevado adelante por el gobierno, a uno donde por lo menos comienza a vislumbrarse alguna luz al final del túnel. El camino es largo y sigue planteando muchísimas interrogantes, pero ya haber llegado a este punto en un año con una gran inquietud debido al proceso eleccionario no es poco.

Ahora, la tranquilidad se debe en parte a un tipo de cambio cuasi fijo que se impostará de ser necesario, tasas altas y un programa monetario muy disciplinado. Que se alcanzara este resultado no era solamente deseado sino necesario. No hay margen para seguir con este tipo de medidas y sin resultados eternamente. Al tiempo que mejoran una serie de indicadores, se hacen cada vez mas patentes también las consecuencias menos felices del programa. El dato del desempleo es una cabal demostración.  El de la pobreza también.

La senda del crecimiento no es una opción, sino la única posibilidad, para poder alinear aunque sea mínimamente las demandas de la sociedad con las posibilidades de una economía desvencijada que ya no se cuenta entre las más ricas de latinoamérica. Pero un crecimiento basado en la productividad, en la innovación, en la incorporación de tecnología y el desarrollo de la competitividad bajando costos. Cada vez que se  intenta el atajo de tenerlo todo ya, vamos a déficits fiscales, déficits de cuenta corriente insostenibles, emisión monetaria excesiva, con las consecuentes licuaciones vía inflación, cepos, o defaults.

Muchos hablan del mayor plan de corrección hecho en época eleccionaria de la historia, otros de una reedición electoralista de una paz ficticia que tendrá su fin luego de las elecciones. Lo cierto en el corto plazo es que Macri ha logrado con esta calma, impostada o no, comprar tiempo. Si luego lo que viene son las reformas que se descuentan necesarias, el tiempo dirá. Mientras, en las últimas encuestas crece la cantidad de gente con la percepción de que al gobierno le hace falta mas tiempo para llevar adelante las reformas necesarias en la economía.

El gobierno necesita lograr que lo intangible pueda mas que la idea de futuro, lo tangible, le gane la batalla a lo tangible, que mas bien es poco. No solamente pensando en el electorado, sino en la recomposición de la inversión dentro del producto bruto. La única salida de este laberinto. Para esto, la mejora de las expectativas en un eventual éxito de la gestión macrista y el relanzamiento de un plan reformista son clave. La incorporación de Pichetto obró en este sentido, ahora hace falta un plan.

 

EL BARRO

LA FECHA DE VIEDMA será una incógnita por poco tiempo más. Todo indica que esta semana debiéramos tener alguna certeza. Dado que la fecha la elije el intendente, obviamente analizaremos que sería más conveniente para el candidato de José Luis Foulkes.

De ser en Octubre, el oficialismo municipal gozaría del influjo positivo de la polarización nacional. El efecto arrastre de un Macri que una elección polarizada al máximo como será la de Octubre, no bajará de los treinta y cinco puntos. Por otro lado, lo que vale para los candidatos de Juntos por el Cambio vale también para los candidatos kirchneristas. Descontando una rotunda victoria de la fórmula de Alberto Fernandez en la capital provincial, esta estrategia ayudaría más a la oposición kirchnerista que al oficialismo. Y sería una derrota casi cantada.

Es que, sumado a la consecuencia negativa que acabamos de enumerar, la boleta oficialista competiría con la que encabeza el mismísimo gobernador. La figura más importante en términos electorales de la política rionegrina al día de hoy. Habría una boleta del Kirchnerismo, una encabezada por el gobernador y una de Macri. Y Viedma no es justamente el lugar donde mejor está el presidente.

Por otro lado, la presencia de Weretilnek le dará una importancia porcentual al corte de boleta inédito. Licuando el poco o mucho efecto arrastre de Macri. Además, sería un sinsentido por parte del oficialismo incorporar a la elección municipal, eligiendo Octubre, la posibilidad de que Pesatti tenga a Weretilnek encabezando la boleta. Corte que a su vez perjudicará seguramente mas a Juntos por el Cambio que al Frente para la Victoria. El peor de los escenarios para el candidato del intendente oficialista.

Pareciera que esta opción beneficiaría mas a quienes integren la lista por debajo del candidato a intendente oficialista que al mismo candidato. Y no demasiado. Es que, asegura un piso eventualmente pero aumenta diametralmente las posibilidades de un adversario. Es ganar muy poco abajo para renunciar directamente arriba.

Por otro lado, de ser en la opción del 29 de Septiembre cambiaría un poco el panorama. Con dos candidatos peronistas por la oposición que dividen el voto, puede haber una posibilidad. Es una elección muy difícil para el oficialismo municipal, y en el caso de la fecha tendrá que elegir entre el mal menor.

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