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Manuel Espinosa, 28 años creando puentes con la música

Fernando Manrique

El artista que ha pisado todos los escenarios de la zona brindó una entrevista en la que habló de su vasta trayectoria y el detrás de escena de sus canciones.

Por Fernando Manrique

fmanrique@noticiasnet.net

Fotos: Vanesa Schwemmler.

Estar 28 años en el ámbito de la música es un logro que pocos pueden alcanzar. Más aún cuando se trata de un artista que se reinventa constantemente.

Este es el caso de Manuel Espinosa, un músico y compositor conocido en nuestra zona, quien en sus canciones representa fielmente mucho de nuestra identidad: el agua del río, el mar, la tierra, los pueblos originarios que nos antecedieron.

Manuel arrancó a puros acordes cuando tenía 17 años con la banda Nación Evasora, que tuvo vigencia desde 1991 hasta 2003.

En 2004 conformó Manuel Espinosa y La Esponjosa, mientras que en 2010 integró La Peña Pop cuyo distintivo era que sus temas se cantaban a cuatro voces con músicos de la talla de Goy Ogalde de Karamelo Santo, Federico Cabral de Sancamaleón, Charlie Desidney que estuvo en las dos bandas mencionadas y el batero de La Bersuit Carlos Martín.

En 2015 lanzó un disco introspectivo llamado Cielodoscopio con el que empezó a girar por todo el país y desde 2017 a la actualidad está en marcha Manuel Espinosa y Humo junto con Pablo Brigato en batería, Noé Castro en bajo, su hermano Ramón Espinosa en voz y percusión y en guitarra Facundo Sarramone, Nicolás Luna y Jorge Rodríguez.

En todo este recorrido musical, ha alternado varios años entre la Comarca y Capital Federal, a la vez que también se subió a escenarios de Mendoza, Santa Fe, el sur de la provincia de Buenos Aires, Neuquén y la Patagonia profunda.

Simpleza y sensibilidad

Al consultarle sobre su extenso repertorio musical, Manuel indicó que escribe a partir de sus sensaciones y de sus pensamientos filosóficos sobre la condición humana. “Más que nada busco la manera de ser lo más simple conmigo mismo para poder decir algo y creo que eso genera un mensaje claro y empatía en otras personas. Es al contrario de la pintura que se va de lo general a lo particular hasta llegar a pulir, en una canción vas de algo individual o introspectivo que genera una cuestión colectiva por la manera en la que las cosas están dichas y en las que uno se representa”.

En este sentido, expresó: “Mis letras vienen de estar atento, de estar sensible a lo que sucede en la sociedad, a las cosas buenas y malas, y a partir de ahí tengo una manera de expresarme a través de estas pequeñas literaturas que son las canciones. En tres o cuatro minutos uno desarrolla una idea y tiene que sintetizar, ser muy concreto en las palabras que se usan, es un oficio que vengo haciendo hace muchos años”.

Ya sea en festivales como la Expo Idevi, Patagonia Rebelde, la Fiesta del Mar y el Acampante o en fiestas de Bariloche “la gente se apropia de las canciones rápidamente y se queda pensando, el mensaje tiene un plus”.

En cuanto a la representación de Viedma en sus letras, comentó que si bien posee su lado porteño, con toda su locura citadina, hay mucho “del estar en La Ensenada una tarde en soledad absoluta o despertar en La Lobería con la naturaleza y sus sonidos avasallándome los oídos”.

“Me resultaría muy difícil no hablar del agua, del río, del mar, del horizonte lejano, de las distancias, de las piedras que se mueven” subrayó.

El arte en primer lugar

Manuel proviene de una familia donde el arte es cosa seria. Su padre Carlos Espinosa es una eminencia en el periodismo y la literatura, a la vez que su madre Silvia Gentile hace teatro con Purogrupo desde los 80.

El músico precisó en ese marco: “En mi casa se ensayaron muchas obras de teatro cuando yo era pibe, más la influencia de mi viejo de estar en medios, en las radios escuchando discos, viendo cómo se trabajaba en un canal de televisión como Canal 2. Más adelante fui a medios gráficos cuando él trabajaba en el periódico La Calle. La escritura, lo de corregir, lo de leer, mi vieja actriz y docente y abocada permanentemente a la escritura, el mundo fantástico de las obras de teatro que ensayaba Purogrupo en mi casa, generó en mí un acostumbramiento al lenguaje artístico”.

¿Y cómo llegó la música?: “Me vino en la secundaria con la Escuela Agraria, donde tenía dos compañeros que tocaban la guitarra y a nosotros también nos gustaba tocar con Noé (su actual bajista). Teníamos una guitarra en la chacra y otra en mi casa y empezamos a meterle los dedos con los libros que se llamaban Canta Rock, que tenían las canciones clásicas del rock nacional. Me fui por el lado de la música, podría haberme ido por el lado del periodismo, por el lado de la actuación o de la escritura”.

 Amplió en esa órbita: “Me dediqué a este oficio de escribir canciones y ocupa todo el tiempo necesario que necesita un trabajo. Como cualquier persona que labura de algo trato de cortar para tener tiempo para relacionarme con otras personas, disfrutar de los amigos y de la naturaleza, pero laburo todos los días un montón de horas con lo que tiene que ver con la música, no es sólo componer canciones o llevarlas al vivo, tiene un montón de otras cosas en el medio, de producción, de ensayos, de grabaciones, momentos de composición, es un trabajo constante”.

“Con la música estás todo el día, siempre hay algo que tiene que ver con el laburo, con combinar algo, con contestar algún mensaje, con producir algo, es un trabajo constante. Tengo mil micros jornadas permanentes de cosas que voy haciendo, ocupa el lugar del laburo que me da de comer, que me realiza como persona en lo individual y vivo de hacer canciones, de cantar y de llevar adelante la profesión” enfatizó.

Las composiciones y el público

En el mundo de la música hay muchos cantantes pero no todos cantan sus propios temas. El caso de Manuel es el de músico y compositor, ya que escribe sus propias letras.

Ante esto, contó que el proceso se da de distintas formas “pero la que más funciona es trabajar en mi estudio, en la cocina, en mi casa. A mí lo que más me funciona es trabajar en mi casa con algún instrumento que puede ser la guitarra, puede ser un piano, una birome o una compu con el Word. No hay manera de escribir una nota si no te sentas a escribirla, con las canciones pasa lo mismo, si no te sentas a escribir las canciones no las va a escribir nadie ni van a bajarse sola”.

“Es laburo, las cuestiones inspirativas son un montón, son disparadores de sensaciones, fundamentalmente tiene que ver con sentarse a laburar y componer y eso siempre viene ligado a terminar algún disco que trae inspiraciones de cosas vividas” resaltó.

Una vez que las canciones ya están pulidas el gran jurado es el público. Sobre la pregunta de cómo es el vínculo con sus espectadores, Manuel planteó: “La relación con el público tiene una gran excusa, que es la canción, la empatía de la canción. Una canción que tocamos con la banda que a las personas les llega por determinados motivos a una parte de su ser. Entonces, esa relación entre el músico interpretando la canción que tiene su vida propia y la gente es única, eso es convocar al Dios Música permanentemente, cada vez que hay un show multitudinario, un festival con otro tipo de cantidad de gente, una fecha en un bar o cuando voy a cantar a una escuela primaria que es algo que hago bastante seguido porque me llaman para cantar canciones del río”.

Respecto al último punto, manifestó que los chicos son los más exigentes. “Los nenes todos sentados en una escuela primaria, mirando para arriba y todos expectantes de lo que vas a hacer o decir, ahí es donde no tenés que errar porque cualquier cosa de más que digas ellos se dan cuenta, no te dejan pasar una, con los nenes tenés que ser muy justo con lo que decís y lo que sentís”.

“La relación creo que va de la mano de las canciones con la gente, porque esa relación no es sólo en vivo, sino también cuando alguien te escribe y te dice ‘Muy bueno tus discos o estoy escuchando tu música’. Las canciones son el puente entre nosotros los compositores y la banda, sonando en vivo o en una grabación, con la gente que la escucha y su momento particular y personal de por qué escucha esa música”, destacó.

Puentes es lo que genera Manuel con su público cada vez que canta “No Somos Nada”, “Tiempos Modernos”, “Telarañas”, “Río de Los Sueños”, “Colgado”, "No es sencillo el amor" o muchas de sus otras creaciones.

Así como a Viedma y Patagones nos unen los puentes Basilio Villarino y Ferrocarretero, entre Manuel y su auditorio hay una fuerte conexión musical que siempre se agradece.

Quienes escucharon al artista local por primera vez en un subte de Capital Federal, en el Somuncura Rock de la Línea Sur, en un pequeño festival de Sierra Grande o en el Bar Bucanero de Viedma, después quieren volver a escucharlo otra vez. El característico “Otra”, “Otra” que se corea cada vez que se despide una banda es un grito espontáneo que se repite de escenario en escenario.

Anhelamos que vengan 28 años más en los que sigan formándose puentes.

Un poco de Manuel

No Somos Nada

Tiempos Modernos

No es sencillo el amor

Telarañas 

Colgado

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PALABRAS CLAVES
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Manuel Espinosa, 28 años creando puentes con la música

El artista que ha pisado todos los escenarios de la zona brindó una entrevista en la que habló de su vasta trayectoria y el detrás de escena de sus canciones.

Por Fernando Manrique

fmanrique@noticiasnet.net

Fotos: Vanesa Schwemmler.

Estar 28 años en el ámbito de la música es un logro que pocos pueden alcanzar. Más aún cuando se trata de un artista que se reinventa constantemente.

Este es el caso de Manuel Espinosa, un músico y compositor conocido en nuestra zona, quien en sus canciones representa fielmente mucho de nuestra identidad: el agua del río, el mar, la tierra, los pueblos originarios que nos antecedieron.

Manuel arrancó a puros acordes cuando tenía 17 años con la banda Nación Evasora, que tuvo vigencia desde 1991 hasta 2003.

En 2004 conformó Manuel Espinosa y La Esponjosa, mientras que en 2010 integró La Peña Pop cuyo distintivo era que sus temas se cantaban a cuatro voces con músicos de la talla de Goy Ogalde de Karamelo Santo, Federico Cabral de Sancamaleón, Charlie Desidney que estuvo en las dos bandas mencionadas y el batero de La Bersuit Carlos Martín.

En 2015 lanzó un disco introspectivo llamado Cielodoscopio con el que empezó a girar por todo el país y desde 2017 a la actualidad está en marcha Manuel Espinosa y Humo junto con Pablo Brigato en batería, Noé Castro en bajo, su hermano Ramón Espinosa en voz y percusión y en guitarra Facundo Sarramone, Nicolás Luna y Jorge Rodríguez.

En todo este recorrido musical, ha alternado varios años entre la Comarca y Capital Federal, a la vez que también se subió a escenarios de Mendoza, Santa Fe, el sur de la provincia de Buenos Aires, Neuquén y la Patagonia profunda.

Simpleza y sensibilidad

Al consultarle sobre su extenso repertorio musical, Manuel indicó que escribe a partir de sus sensaciones y de sus pensamientos filosóficos sobre la condición humana. “Más que nada busco la manera de ser lo más simple conmigo mismo para poder decir algo y creo que eso genera un mensaje claro y empatía en otras personas. Es al contrario de la pintura que se va de lo general a lo particular hasta llegar a pulir, en una canción vas de algo individual o introspectivo que genera una cuestión colectiva por la manera en la que las cosas están dichas y en las que uno se representa”.

En este sentido, expresó: “Mis letras vienen de estar atento, de estar sensible a lo que sucede en la sociedad, a las cosas buenas y malas, y a partir de ahí tengo una manera de expresarme a través de estas pequeñas literaturas que son las canciones. En tres o cuatro minutos uno desarrolla una idea y tiene que sintetizar, ser muy concreto en las palabras que se usan, es un oficio que vengo haciendo hace muchos años”.

Ya sea en festivales como la Expo Idevi, Patagonia Rebelde, la Fiesta del Mar y el Acampante o en fiestas de Bariloche “la gente se apropia de las canciones rápidamente y se queda pensando, el mensaje tiene un plus”.

En cuanto a la representación de Viedma en sus letras, comentó que si bien posee su lado porteño, con toda su locura citadina, hay mucho “del estar en La Ensenada una tarde en soledad absoluta o despertar en La Lobería con la naturaleza y sus sonidos avasallándome los oídos”.

“Me resultaría muy difícil no hablar del agua, del río, del mar, del horizonte lejano, de las distancias, de las piedras que se mueven” subrayó.

El arte en primer lugar

Manuel proviene de una familia donde el arte es cosa seria. Su padre Carlos Espinosa es una eminencia en el periodismo y la literatura, a la vez que su madre Silvia Gentile hace teatro con Purogrupo desde los 80.

El músico precisó en ese marco: “En mi casa se ensayaron muchas obras de teatro cuando yo era pibe, más la influencia de mi viejo de estar en medios, en las radios escuchando discos, viendo cómo se trabajaba en un canal de televisión como Canal 2. Más adelante fui a medios gráficos cuando él trabajaba en el periódico La Calle. La escritura, lo de corregir, lo de leer, mi vieja actriz y docente y abocada permanentemente a la escritura, el mundo fantástico de las obras de teatro que ensayaba Purogrupo en mi casa, generó en mí un acostumbramiento al lenguaje artístico”.

¿Y cómo llegó la música?: “Me vino en la secundaria con la Escuela Agraria, donde tenía dos compañeros que tocaban la guitarra y a nosotros también nos gustaba tocar con Noé (su actual bajista). Teníamos una guitarra en la chacra y otra en mi casa y empezamos a meterle los dedos con los libros que se llamaban Canta Rock, que tenían las canciones clásicas del rock nacional. Me fui por el lado de la música, podría haberme ido por el lado del periodismo, por el lado de la actuación o de la escritura”.

 Amplió en esa órbita: “Me dediqué a este oficio de escribir canciones y ocupa todo el tiempo necesario que necesita un trabajo. Como cualquier persona que labura de algo trato de cortar para tener tiempo para relacionarme con otras personas, disfrutar de los amigos y de la naturaleza, pero laburo todos los días un montón de horas con lo que tiene que ver con la música, no es sólo componer canciones o llevarlas al vivo, tiene un montón de otras cosas en el medio, de producción, de ensayos, de grabaciones, momentos de composición, es un trabajo constante”.

“Con la música estás todo el día, siempre hay algo que tiene que ver con el laburo, con combinar algo, con contestar algún mensaje, con producir algo, es un trabajo constante. Tengo mil micros jornadas permanentes de cosas que voy haciendo, ocupa el lugar del laburo que me da de comer, que me realiza como persona en lo individual y vivo de hacer canciones, de cantar y de llevar adelante la profesión” enfatizó.

Las composiciones y el público

En el mundo de la música hay muchos cantantes pero no todos cantan sus propios temas. El caso de Manuel es el de músico y compositor, ya que escribe sus propias letras.

Ante esto, contó que el proceso se da de distintas formas “pero la que más funciona es trabajar en mi estudio, en la cocina, en mi casa. A mí lo que más me funciona es trabajar en mi casa con algún instrumento que puede ser la guitarra, puede ser un piano, una birome o una compu con el Word. No hay manera de escribir una nota si no te sentas a escribirla, con las canciones pasa lo mismo, si no te sentas a escribir las canciones no las va a escribir nadie ni van a bajarse sola”.

“Es laburo, las cuestiones inspirativas son un montón, son disparadores de sensaciones, fundamentalmente tiene que ver con sentarse a laburar y componer y eso siempre viene ligado a terminar algún disco que trae inspiraciones de cosas vividas” resaltó.

Una vez que las canciones ya están pulidas el gran jurado es el público. Sobre la pregunta de cómo es el vínculo con sus espectadores, Manuel planteó: “La relación con el público tiene una gran excusa, que es la canción, la empatía de la canción. Una canción que tocamos con la banda que a las personas les llega por determinados motivos a una parte de su ser. Entonces, esa relación entre el músico interpretando la canción que tiene su vida propia y la gente es única, eso es convocar al Dios Música permanentemente, cada vez que hay un show multitudinario, un festival con otro tipo de cantidad de gente, una fecha en un bar o cuando voy a cantar a una escuela primaria que es algo que hago bastante seguido porque me llaman para cantar canciones del río”.

Respecto al último punto, manifestó que los chicos son los más exigentes. “Los nenes todos sentados en una escuela primaria, mirando para arriba y todos expectantes de lo que vas a hacer o decir, ahí es donde no tenés que errar porque cualquier cosa de más que digas ellos se dan cuenta, no te dejan pasar una, con los nenes tenés que ser muy justo con lo que decís y lo que sentís”.

“La relación creo que va de la mano de las canciones con la gente, porque esa relación no es sólo en vivo, sino también cuando alguien te escribe y te dice ‘Muy bueno tus discos o estoy escuchando tu música’. Las canciones son el puente entre nosotros los compositores y la banda, sonando en vivo o en una grabación, con la gente que la escucha y su momento particular y personal de por qué escucha esa música”, destacó.

Puentes es lo que genera Manuel con su público cada vez que canta “No Somos Nada”, “Tiempos Modernos”, “Telarañas”, “Río de Los Sueños”, “Colgado”, "No es sencillo el amor" o muchas de sus otras creaciones.

Así como a Viedma y Patagones nos unen los puentes Basilio Villarino y Ferrocarretero, entre Manuel y su auditorio hay una fuerte conexión musical que siempre se agradece.

Quienes escucharon al artista local por primera vez en un subte de Capital Federal, en el Somuncura Rock de la Línea Sur, en un pequeño festival de Sierra Grande o en el Bar Bucanero de Viedma, después quieren volver a escucharlo otra vez. El característico “Otra”, “Otra” que se corea cada vez que se despide una banda es un grito espontáneo que se repite de escenario en escenario.

Anhelamos que vengan 28 años más en los que sigan formándose puentes.

Un poco de Manuel

No Somos Nada

Tiempos Modernos

No es sencillo el amor

Telarañas 

Colgado

Manuel Espinosa, 28 años creando puentes con la música

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