2026-10-05

Siete cirugías, un diagnóstico devastador y un amor que nunca se rindió

No era su hijo, hasta que decidió que lo sería para siempre: la conmovedora historia de la tucumana Noelia, radicada en Sierra Grande, y Mateo. Contó cómo llegó el niño a su vida, todo lo que viene atravesando y la esperanza que surgió a partir de una película que vio en Netflix.

Hay historias que comienzan mucho antes de un primer abrazo. La de Noelia Zelarayan y Mateo está hecha de sueños postergados, decisiones que cambian la vida, diagnósticos difíciles. Ella llegó desde Tucumán a Sierra Grande en busca de trabajo, sin imaginar que años después encontraría allí a su hijo y que juntos comenzarían un camino de lucha, aprendizaje y superación.

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Después de atravesar siete cirugías y de recibir la noticia de que no podría quedar embarazada, Noelia había tenido que aceptar que la maternidad llegaría de otra manera. Pero cuando apareció la posibilidad de adoptar a un bebé, no dudó. Lo que nunca imaginó era que aquel encuentro también la enfrentaría a un desafío enorme: acompañar a Mateo en un recorrido médico complejo, con múltiples intervenciones y pronósticos que, en más de una oportunidad, parecían cerrar las puertas a la esperanza.

“Yo estoy acá (Sierra Grande) desde el año 2017. Vine en busca de trabajo, soy docente, ya me había recibido allá en Monteros, Tucumán, en el 2011. No conseguí trabajo, entonces tomamos la decisión, por una amiga que ya había venido antes, de venir acá”, recordó en la charla con NoticiasNet.

El paso fue tan importante, que las fechas siguen latentes en su cabeza: “Llegué el 30 de marzo y comencé a trabajar el 15 de abril. Eso lo tengo, siempre me acuerdo”. En aquel momento llegó junto a su marido, pero tiempo después se separaron y él regresó a Tucumán. Noelia, en cambio, decidió quedarse y continuar su vida en Sierra Grande.

En 2019 conoció a Leonardo Pinto, el papá de Mateo. Para entonces, la maternidad era un deseo que llevaba años intentando concretar. “Yo nunca pude quedar embarazada. Hice tratamientos, no pude hacer la fertilización asistida por dinero. Cuando llegué acá sí tenía trabajo, pero quería trabajar, era todo más complicado. Pasé por siete cirugías, pero no pude quedarme nunca embarazada. Después me sacaron el útero”, relató.

Noelia y Loe con Mateo. Foto: gentileza

 

Un encuentro que lo cambió todo

La posibilidad de ser mamá parecía cada vez más lejana, hasta que Leonardo le habló de la posibilidad de adopción. No lo dudó y se anotó en el programa de la Senaf, Familias solidarias, donde se encontraba el pequeño. Una modalidad de cuidado temporal. “Mateo, como yo te digo, a él lo publicaron como si publicaran ‘Vendo un kilo de pan’. Él estaba en el programa de Familias Solidarias. Me anoté, ahí empezó todo. Podía estar tres meses y se lo llevaban”, recordó.

“Todos me decían: ‘No te anotes, porque vos te vas a encariñar porque deseás mucho ser mamá y después se llevan al nene’. Me anoté igual, que sea el destino que Dios quiera. ¿Por qué no cambiarle la vida a un niño que yo sabía que estaba internado desde que nació?”, se preguntó.

Mateo tenía apenas 11 meses y una historia de vida que ya había atravesado situaciones muy difíciles. “Cuando me dijeron que había ido a Buenos Aires cuando tenía dos meses de vida, a una cirugía de corazón abierto, solo, más allá de las enfermeras, eso me llenó el alma y no lo dudé”, expresó.

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La respuesta que recibió durante el proceso de vinculación alimentó su ilusión. “Me dicen: ‘Mirá, hay muchos postulados, pero me parece que va a quedar con ustedes porque por tu trabajo sabemos que vos podés sacar licencias’. Son unos bichos, porque mirá lo que tomaron en cuenta, ya sabían lo que se venía y no me dijeron”, recordó entre la emoción y cierta ironía.

Cuando le preguntaron si quería pensarlo, su decisión ya estaba tomada. “Yo no tenía nada que pensar. Yo no lo conocía ni por foto, yo no quería ni conocerlo, quería que me lo entreguen y conocerlo ahí. Solamente sabía el nombre”.

El encuentro ocurrió un 22 de diciembre, de una manera particular, según su recuerdo. “Vinieron, me lo dejaron en la mesa como quien deja un paquete, lo sentí así. Me dicen: ‘Se alimenta así, tenés que darle esta medicación, pero es por un tiempo’. Estaba en el huevito. No se movía. Movía solamente la cabecita para un lado y para el otro”, relató.

Al día siguiente, Noelia consiguió un turno con el pediatra. Allí comenzó a conocer una realidad que, según contó, nadie le había explicado. “Me desayuné con que él tenía parálisis vertebral, que tenía hidrocefalia, que convulsionaba, que tuvo crisis de convulsiones de 10 horas… Ahí entré en razón de por qué tanta medicación. Me decían que era anticonvulsivo por las dudas, pero por un tiempito. Me cayó como un balde de agua”, contó.

El médico, que la conocía de antes, le explicó el diagnóstico y las dificultades que podían aparecer. También le planteó la posibilidad de dar marcha atrás con la decisión, ante un panorama que incluía riesgos para su vida, tratamientos permanentes y numerosos viajes fuera de Sierra Grande. “Le dije al doctor que el nene no era un paquete, que si no te gusta lo devolvés”, recordó.

Mateo tiene una opoción de mejorar su calidad de vida, pero debe viajar a México. Foto: gentileza

 

“Él ya había pasado una noche conmigo y no sabés el apego. Él nunca había tenido el calor y el cariño de nadie, más allá de que estaba con las enfermeras. Le dije: ‘Yo voy a enfrentar todo, yo ya asumí este compromiso y voy a llegar a donde tenga que llegar’”, sumó.

Con el paso de los años, aquel mismo pediatra se convirtió en testigo de todo lo que lograron como familia. “Hoy en día nos juntamos a cenar y él es el médico de Mateo, y me dice: ‘Yo te admiro. Veo todo lo que lograste y todo lo que hiciste por Mateo’”.

La vida comenzó a organizarse alrededor de médicos, tratamientos, rehabilitación y viajes, principalmente a General Roca. Mateo necesitó la colocación de una válvula de drenaje y atravesó siete cirugías en la cabeza. “En una de esas cirugías casi se muere al poner la válvula. Me decían que no iba a sobrevivir porque no tenía cerebro, el líquido que tenía no dejaba ver su pequeño cerebrito”, contó Noelia.

Frente a cada diagnóstico, ella buscó herramientas para acompañar a su hijo. “Al volver, empecé a buscar información en Google, cómo lo iba a estimular, le ponía música. Él ama la música porque yo desde el primer día que está conmigo lo estimulé con música. Después empezamos con el gimnasio, con la terapia”, explicó.

De una guarda temporal a una familia para siempre

Mientras enfrentaban cirugías y tratamientos, el vínculo entre ambos crecía. “Se fue dando, porque pasaron tres meses, renovábamos la guarda, seis meses renovábamos, pasó un año, seguíamos renovando y después un día me golpeó la puerta la jueza, que vino a casa a ofrecerme si yo lo quería adoptar legalmente o no. Yo le dije que sí, si se fue generando un vínculo que no quería despegarme de él”, dijo.

Noelia también conoce parte de la historia que Mateo atravesó antes de llegar a sus brazos. “Además, ya tuvo bastante, desde que estuvo en la panza de su mamá, porque ella era adicta, consumía, y en la panza de su mamá tuvo el derramamiento”, expresó.

Hoy, Mateo tiene una mamá que no se detuvo ante los diagnósticos, que aprendió a buscar respuestas y que convirtió cada dificultad en un motivo para seguir intentando. La exigencia de los tratamientos también tuvo consecuencias en su vida laboral. Las licencias y los viajes la llevaron, en determinado momento, a regresar a Tucumán para contar con el acompañamiento de su familia. Pero incluso en medio de las dificultades, una nueva posibilidad apareció casi de casualidad.

Una película, una búsqueda y una nueva esperanza

Una tarde, mientras miraba Netflix, Noelia se encontró con una historia que la movilizó profundamente. “Una tarde me pongo a ver Netflix, Los dos hemisferios de Lucca, y era el caso de Mateo. Igual, me sentí identificada. Enseguida me puse a buscar esa clínica, la clínica privada Cytotron, en Monterrey, México”, relató.

La búsqueda se transformó rápidamente en una posibilidad concreta. Noelia se contactó con el centro médico y recibió información sobre el procedimiento, la documentación y los requisitos para acceder. “Mandé mail, enseguida me contestaron, me mandaron toda la documentación, los contratos, porque tenés que firmar la aceptación. Después me agregaron a un grupo donde estamos casi 100 mamás de toda la Argentina que están yendo, que ya fueron o que están haciendo la campaña”, contó.

Consultada por el procedimiento, dijo: “Es un protocolo de 28 días, es un tratamiento donde entra a un resonador como el resonador magnético, eso le va a generar nuevas conexiones a sus neuronas y de generar las neuronas que él tiene perdidas para activar todo el control cefálico”.

Una campaña para que Mateo pueda viajar

El próximo objetivo tiene fecha, aunque todavía depende de una recaudación que representa un enorme desafío económico. “Tenemos para la primera quincena de diciembre turno. Tenemos que juntar 35 mil dólares, no es fácil. Ya mandé mail preguntando qué pasa si no llego al monto. Me dijeron que a fines de noviembre tengo que depositar la plata”, explicó.

“Si no llego se puede reprogramar para 2027, aunque ahora no me pueden decir el mes, por la demanda que tienen. Porque son los 35 mil dólares, más los pasajes en avión, la estadía de un mes allá, es bastante compleja la situación”, señaló y agregó que tienen aproximadamente un 20 por ciento.

Por eso, familiares, amigos y vecinos comenzaron a organizar distintas actividades para acompañar la campaña. Habrá un duatlón en Sierra Vieja, una Master Zumba el 10 de octubre en el Vuta Mauhida, un bingo en noviembre y una peña familiar en diciembre. También realizan ventas de empanadas tucumanas, sorteos y rifas. Quienes deseen colaborar con la causa pueden hacerlo a través del alias: Todosxmateop

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