PULSO ARTÍSTICO
La historia del chef viedmense criado en Venezuela que vive entre la música y la cocina
Nacido en Viedma y criado en Venezuela, Ivan Vasiloff es un músico y chef de profesión que creció inmerso en un entorno profundamente musical. Es hijo de dos figuras destacadas de la escena cultural de la Comarca, como lo son la bajista y cantante uruguaya Elena Malosetti y el reconocido baterista, artista multidisciplinario y promotor cultural patagónico Lautaro Vasiloff.
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La formación de Iván comenzó a muy temprana edad en el seno familiar. Su padre, Lautaro Vasiloff, referente de la cultura viedmense por su labor docente y artística en música, teatro, letras y artes plásticas, fue quien le enseñó los primeros pasos en la batería y lo incentivó a cursar estudios formales durante la adolescencia en un conservatorio de rock. De él heredó la impronta del hard rock y el rock sinfónico, alimentada por bandas emblemáticas como Yes, Rush, Deep Purple y Dream Theater.
Por su parte, su madre, Elena Malosetti, radióloga de profesión y experimentada bajista con trayectoria en The Black River Jazz Band, Grupo X, Sol 3 y proyectos solistas, transmitió a Iván la pasión por el bebop, el jazz fusión de Weather Report, la precisión en la lectura musical y la búsqueda continua de musicalidad.
Para conocer un poco más de su historia, pero en primera persona, Pulso Artístico para NoticiasNet dialogó con el músico quien expresó que “soy Iván Vassilov, chef de profesión y músico. Me dedico a eso hace más de 15 años y toco la batería desde que soy muy pequeño. Mis padres ambos son músicos. Siempre cuento que yo aprendí a tocar la batería antes de tener conciencia. Desde que tengo memoria que toco”.
En este orden, añadió que “me crié en Venezuela, viví desde los 4 años hasta los 18 años allá, estudié música. En mi adolescencia fui a un conservatorio de rock y metal que hay en Valencia, en una de las ciudades de Venezuela. Y bueno, un poco esos son mis orígenes”.
En cuanto a su profesión como chef comentó que “eso fue cuando regresé a la Argentina y me fui a vivir a Córdoba. Me vine solo de Venezuela y necesitaba una profesión, entonces empecé a estudiar Comunicación Social, pero necesitaba una profesión que me diera de comer mientras la estuviera estudiando. Así que terminé pasándome a gastronomía. Estudié en Pimienta Negra, en una escuela de gastronomía de Córdoba”.
Por aquellos años, comentó que “mientras trabajaba en los restaurantes de un polo gastronómico que se armó allá en Córdoba, que es Güemes, a la par la música siempre estuvo presente. De hecho, considero que tocar un instrumento musical lo sana a uno. En mi caso digamos que todo lo que me pasa, lo puedo descargar a través de la batería”.
Según afirmó, “la batería es un instrumento que permite transmitir un montón de cosas, cualquier energía que uno tenga almacenada”.
El regreso a la Comarca
Consultado por su regreso a Viedma y Patagones, comentó que “se dio hace poco tiempo, un día mi padre me fue a visitar a Córdoba y tomé la decisión de que quería pasar un poco de tiempo con él. Nosotros no nos vimos en todo el lapso entre mis 18 años y mis 35 años. No nos vimos casi, excepto en un par de ocasiones esporádicas, no pasamos tiempo juntos. Así que justo estaba entre proyectos y dije, bueno, vamos a probar un poco del sur a ver qué hay”.
Instalado desde principio de este año en Viedma Iván Vasiloff se desempeña como docente y además como músico de una banda de rock. Al respecto, sostuvo que “los talleres que doy son específicos para enfermedades, sobre todo la enfermedad celíaca y la diabetes. Y también doy otros cursos de comida más gourmet en otros talleres”.
En cuanto a la música, comentó que “me incorporé a una legendaria banda de acá, Yadok, que tienen una trayectoria de como 40 años. Mi papá toca en esa banda y bueno, tenían un show con Tren Loco y necesitaban un poco igualar la energía de una banda pesada como es el Tren. Entonces como tengo experiencia hacia ese lado de la música, de hecho, en Venezuela hacia el metal. Así que bueno, fue como un buen match que hicimos”.
En este punto, afirmó que “allá en Venezuela tuve una banda de Death Metal. Fue, de hecho, una de mis primeras bandas. De ahí nace también un poco mi pasión por este tipo de música. Recuerdo que empezamos haciendo un poco de rock y explorando y de a poco nos fuimos encontrando con géneros cada vez más pesados y cosas que eran cada vez más difíciles técnicamente. Y como nos hacía crecer, a mí y a mis compañeros de banda, elegimos como género el Death Metal”.
En su regreso a la Argentina y antes de volver a Viedma, comentó que “lo primero que hice en Córdoba fue tocar en una banda, podríamos decirle para trabajar. Teníamos un repertorio enorme, 100 covers, sobre todo del rock nacional. Y salíamos a tocar en las sierras, cumpleaños, eventos y este tipo de cosas. Y paralelo a eso, tenía una banda de jazz que se llamaba La Pelusa del Pupo. Y bueno, eso era como un proyecto un poco más personal”.
Después, en Córdoba, comentó que “me puse un bar en el que le llamábamos Las Sessions. Todas las semanas teníamos jams. Venía gente, un montón de músicos cordobeses a tocar, a improvisar. Poníamos una banda que la grabábamos, la filmábamos y la subíamos a YouTube. Y ahí hicimos mucho metal. En ese tiempo me uní a una banda que se llamaba Rosetta Stone, con la que hacíamos stoner progresivo”.
En estos años, además de tocar en diferentes bandas, atender su bar y trabajar como gastronómico, Iván tuvo la posibilidad de grabar. Al respecto, comentó que “con una de las bandas grabamos dos EPs. Después hicimos el soundtrack para una película que se llama “La Mirada Escrita”, que está en Cinear”.
Presente
En otro orden de cosas, consultado por su presente musical más allá de Yadok, comentó que “musicalmente he estado probando o haciendo como test. A mí, en este momento, me resulta que prefiero mucho el tener feeling con los guitarristas. Soy un baterista que busca mucho igualar rítmicamente o acompañar rítmicamente las voces y las guitarras, contrario a lo que usualmente se hace que es acompañar el bajo. Así que estoy buscando todavía un guitarrista que me dé esas sensaciones, esa complejidad rítmica. Y la verdad que donde estoy tocando ahora hay bastante de eso, Yadok no es una banda que sea plana ni por asomo, pero sí me gustaría poder armar mi proyecto de metal extremo, bien poderoso”.
Para ir cerrando, al preguntarle qué significa la música y la gastronomía en su vida. Al respecto expresó que “en mi caso van muy unidas las dos pasiones porque tengo una visión de la gastronomía muy artística. Mi especialidad en general es la comida étnica. Me gusta la relación entre la comida y la cultura. Entre la forma de alimentarse la gente y el arte".
Además, señaló que "siempre consideré que la música es una gran parte de la experiencia gastronómica. Más allá de que están unidos por la categoría de entretenimiento. Yo intento fusionarlos un poco más allá y siempre que hice un proyecto intenté mezclar estas dos partes. De hecho, al finalizar los ensayos para mi es un placer cocinar, sé que hay cocineros que reniegan de cocinar. A mí por suerte no me ha pasado. En algún momento capaz que me canse, pero por el momento disfruto de ser el que hace el asado”, finalizó entre risas.