2026-08-24

Pasó años ocultando sus audífonos y hoy cuenta su historia para que otros no se sientan solos

A través de las redes sociales, una joven de Patagones comparte su experiencia para visibilizar una discapacidad que muchas veces no se ve y que todavía enfrenta barreras y desinformación.

Emilia Tolosa Guidi tiene 29 años, es de Carmen de Patagones y durante mucho tiempo hizo todo lo posible para que nadie notara que usaba audífonos. Evitaba atarse el pelo, no hablaba de su hipoacusia y desarrolló distintas estrategias para desenvolverse en la escuela, sus estudios y su vida cotidiana.

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Hoy habla abiertamente de ese recorrido. En las redes sociales decidió contar su camino auditivo después de atravesarlo durante años “en silencio, soledad y tristeza”. Su historia comenzó a los 14 años, continuó con distintos pares de audífonos, atravesó las dificultades de la pandemia y llegó, años después, a una cirugía de implante coclear.

En diálogo con NoticiasNet, Emilia repasó ese proceso y explicó por qué decidió transformar una experiencia personal en una oportunidad para informar, generar empatía y acompañar a otras personas.

Un diagnóstico que llegó sin saber que no escuchaba

En 2011, una audiometría confirmó que Emilia tenía hipoacusia neurosensorial bilateral, con una pérdida del 37% de audición en ambos oídos. La sospecha había surgido después de una situación familiar, en la que alguien le había susurrado de espaldas y ella no se había dado cuenta.

“Yo hasta ese entonces no sabía que no escuchaba”, comentó. El diagnóstico derivó en un viaje a Buenos Aires y en la indicación de utilizar audífonos, fue entonces cuando pudo dimensionar aquello que no estaba escuchando.

“Cuando me los colocaron, me di cuenta de lo que me estaba perdiendo”, recordó. En pleno centro porteño, la fonoaudióloga abrió una ventana y comenzó a distinguir sonidos cotidianos como pájaros, autos, bocinas y frenadas.

Aceptar los audífonos, sin embargo, llevó mucho más tiempo. Durante el secundario, solamente dos de sus cuatro amigas sabían que los utilizaba. Evitaba que sus compañeros y profesores lo supieran y llegó a confesar “Evité atarme el pelo por años”.

Con el tiempo aprendió también a reconocer en qué situaciones los necesitaba. En la escuela y en inglés particular los llevaba, mientras que en su casa podía quitárselos porque su familia estaba acostumbrada a repetirle las cosas.

En 2018, a los 22 años y mientras estudiaba Diseño Gráfico, llegó el segundo par de audífonos. La nueva tecnología mejoró su experiencia, aunque la pérdida auditiva continuaba avanzando.

La pandemia y el momento de blanquear su discapacidad

“Antes muerta de que sepan que yo uso audífonos”, pensaba. El punto de quiebre llegó durante la pandemia, cuando el uso del barbijo dificultó todavía más la comunicación y obligó a Emilia a explicar a desconocidos que no escuchaba bien y que necesitaba apoyarse en la lectura labial.

“Me tocó vivenciar situaciones poco empáticas”, contó. A los barbijos se sumaban los vidrios de los mostradores y el ruido ambiente. En algunas ocasiones evitaba salir sola de compras y recurría a sus hermanos para que le repitieran los montos que debía pagar.

En 2021, los estudios confirmaron que la pérdida auditiva había avanzado y que también tenía dificultades para discriminar palabras. Al probar un tercer par de audífonos, su fonoaudióloga le planteó que quizás había llegado el momento de comenzar a pensar en un implante coclear.

“Recuerdo salir de la consulta, llamar por teléfono a mi papá llorando y decirle ‘yo no me voy a operar’”. Para Emilia, la posibilidad de un implante representaba mucho más que una intervención médica.

Durante años había tenido dificultades para reconocerse como una persona con discapacidad. “Lo mío era, no importa si yo quiero, yo no quiero, lo tengo que hacer porque yo quiero escuchar y quiero entender”, explicó.

Tras un proceso de acompañamiento familiar y terapéutico, y luego de encontrar en redes sociales testimonios de personas con experiencias similares, comenzó a modificar esa mirada.

También comenzó a ver los audífonos y el implante no como una carencia, sino como herramientas que le permitían escuchar.

Salir a buscar trabajo con una discapacidad

En agosto de 2023, Emilia ingresó al Poder Judicial a través de un concurso específico para personas con discapacidad. La instancia volvió pública una situación que hasta entonces conocía solamente su círculo cercano.

“Me quería morir en ese entonces porque ahora todo el mundo se va a enterar”, recordó. Sin embargo, la experiencia laboral también le permitió sentirse acompañada. Con el tiempo entendió que parte de la inclusión consiste en explicar qué necesita una persona con hipoacusia: hablar de frente, no hacerlo de espaldas, no gritar ni susurrar y llamar su atención antes de comenzar una conversación.

No obstante, para Emilia, todavía existe mucha desinformación sobre la discapacidad auditiva, especialmente porque se trata de una condición que no siempre es visible. “Yo pongo un montón, lo que pasa es que todo lo que yo pongo no se ve porque es una discapacidad que es bastante invisible”, señaló.

El implante y una nueva forma de escuchar

Finalmente, Emilia decidió avanzar con la cirugía, el 13 de mayo se realizó la colocación del implante coclear derecho y el 8 de junio tuvo su encendido.

La intervención, que esperaba que durara alrededor de una hora y media, se extendió durante cuatro horas debido a una particularidad de su cóclea que dificultó la colocación del dispositivo.

Actualmente realiza rehabilitación con su fonoaudióloga y comenzó a descubrir nuevamente sonidos que hacía tiempo no escuchaba: el timbre, la voz desde otra habitación, el tic tac del reloj, una sirena o su perra tomando agua.

También aparecieron sonidos que nunca había podido escuchar de esa manera, como los susurros y los silbidos. Una de las posibilidades que más esperaba era poder “entender sin mirar la boca”.

Compartir para que otros no se sientan solos

Después de años de mantener su hipoacusia en privado, Emilia decidió contar su historia públicamente a través de TikTok e Instagram. Lo hizo porque había experimentado el valor de encontrar a otras personas que atravesaban situaciones similares.

“No soy la única. Nunca pude encontrar personas como yo acá, que las hay, estoy convencida que las hay”, afirmó.

Uno de los momentos decisivos llegó cuando compartió públicamente una historia relacionada con su cirugía. Recibió más de 100 mensajes a través de Instagram, Facebook y WhatsApp. Muchos de quienes la conocían desde hacía años desconocían su situación.

“Me decía todo el mundo ‘yo no sabía esto, no sabía que estabas viviendo esto, no me lo hubiera imaginado’”, relató. A partir de entonces decidió seguir compartiendo, aun cuando no sabía cuánto interés podía generar su historia.

Su objetivo es aportar información y normalizar una discapacidad que muchas veces pasa inadvertida. Para ella, la accesibilidad también comienza con pequeños gestos como mirar a la persona a la cara, hablarle de frente y comprender que no todos los obstáculos son visibles.

Después de más de 14 años intentando esconder sus audífonos, Emilia hoy los muestra con otra mirada. Lo que durante mucho tiempo sintió como una mochila se transformó en una herramienta para acompañar a otros.

“Es como lo que toca, o me quedo llorando o aprovecho todo lo que tengo”, dijo. Y eso es, en definitiva, lo que decidió hacer, aprovechar su experiencia para que alguien que hoy se siente solo, raro o asustado frente a un diagnóstico pueda encontrar, del otro lado de una pantalla, una historia que le recuerde que no está solo.

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