Agroecología en el Valle Inferior: los hallazgos de un ensayo clave sobre fertilización orgánica en el cultivo de zapallo
¿Es posible mantener la productividad de los cultivos locales prescindiendo de los insumos químicos tradicionales? La respuesta parece estar en la propia tierra del Valle Inferior. Un reciente trabajo de investigación desarrollado en la Sede Atlántica de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) puso a prueba un fertilizante orgánico anaeróbico en el cultivo de zapallo cabuto, arrojando resultados sumamente alentadores para el sector productivo en transición.
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El ensayo fue encabezado por Luana Froio como parte de su Trabajo Final para la Licenciatura en Ciencias del Ambiente, bajo el título "Hacia una agricultura sustentable: Evaluación del uso de un fertilizante orgánico anaeróbico en chacras en transición agroecológica del Valle Inferior del río Negro".
En diálogo con NoticiasNet, Froio explicó los parámetros técnicos analizados durante el proceso: "Se registraron parámetros químicos del biopreparado, como pH, conductividad eléctrica, materia orgánica y nitrógeno total. Esto nos permitió conocer cuán efectivo es en cuanto al aporte de nutrientes y cómo el agregado al suelo podría contribuir con la mejora en sus parámetros químicos y, por ende, en el rendimiento del cultivo".
Los resultados cuantitativos confirmaron la hipótesis inicial: "Las principales conclusiones nos permiten afirmar que el biopreparado es rico en nitrógeno orgánico y que una sola dosis al inicio de la siembra es suficiente para mejorar la producción de zapallos en cantidad de individuos", precisó la profesional.
El origen de la inquietud: de Conesa a la Universidad
El interés por indagar en alternativas amigables con el entorno no surgió al azar. El motor del proyecto estuvo arraigado en la historia personal de la investigadora y en las problemáticas productivas que conoció desde su infancia.
"Soy nativa de General Conesa, un pueblo dentro de la provincia de Río Negro a 157 km de Viedma. El motivo de mi elección surge de estar al tanto de que en esta localidad las principales actividades económico-productivas son la agricultura y la ganadería, las cuales se realizan bajo un modelo agrícola hegemónico convencional", relató Froio.
Ese esquema tradicional ha generado, según analizó, una profunda degradación de los bienes comunes y una alta dependencia a insumos externos en el sector hortícola. "Frente a este escenario, me interesó la idea de poder contribuir desde mi lugar en la generación de conocimiento acerca de posibles alternativas más amigables con el ambiente y con la salud de la población, aportando a la transición hacia la agroecología, que promueve la salud del suelo y la soberanía alimentaria", remarcó.
La profesional vinculó además este movimiento con la trayectoria regional: "Este concepto se materializó en nuestro Valle Inferior hace más de 10 años bajo la iniciativa del Colectivo Agroecológico, encargado de vincular sectores como universidades, consumidores organizados, productores, organismos técnicos como el INTA y el sector público".
Diálogo de saberes: salir del laboratorio al campo
Para Froio, el mayor valor del trabajo no radicó únicamente en las probetas y las mediciones de nitrógeno, sino en la interacción directa con las familias agricultoras de Viedma que abrieron las puertas de sus chacras.
"Lo que buscaba para mi desarrollo profesional se materializó en esta tesina: una experiencia que trascendió el análisis limitado al laboratorio y se construyó en el trabajo conjunto, en la cogeneración de saberes entre el equipo técnico y los productores del Valle Inferior. Si nos limitamos únicamente al saber científico, corremos el riesgo de dejar de lado saberes ancestrales y prácticos, propios del trabajo en campo", enfatizó.
En ese intercambio, los propios productores manifestaron la urgencia de avanzar hacia modelos sustentables y señalaron los riesgos que perciben en el uso continuo de agroquímicos y semillas comerciales. "Reconocieron que la transición es un proceso complejo y gradual, pero manifestaron su predisposición a colaborar activamente", destacó.
En sus conclusiones, la licenciada sintetizó el concepto integral que guía su visión sobre el territorio: "El ambiente no puede reducirse a lo natural o lo productivo; implica necesariamente la interacción entre dimensiones científicas, sociales, económicas y culturales. Este ensayo dejó en claro que el biopreparado se presenta no solo como un fertilizante, sino como una herramienta de autonomía capaz de reducir la dependencia externa. La transición hacia un modelo más saludable y sostenible solo es posible si se hace de manera participativa, con los productores como protagonistas del cambio".