2026-07-14

Un rionegrino intervino en Venezuela tras dos terremotos: "Fue como entrar a una zona de guerra"

Fabricio Llanqueleo de Valcheta estuvo en una de las peores zonas de la catástrofe y reveló situaciones que lo marcaron a fuego. Además, contó que encontraron a Lucas Gámez, el niño de ocho años fallecido.

Fabricio Llanqueleo, bombero y brigadista de Valcheta, fue parte de una expedición humanitaria que lo marcará para toda su vida. De la mano del Grupo Fénix Unit, conformado por 15 socorristas argentinos y otros 15 médicos venezolanos radicados aquí, concurrieron hasta la zona de desastre en Venezuela. Reunió donaciones para viajar como voluntario y terminó enfrentándose a una de las tragedias más devastadoras de los últimos años.

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En diálogo con NoticiasNet contó cómo fue trabajar entre edificios derrumbados, cadáveres y réplicas que amenazaban con sepultarlos. Todo comenzó cuando las noticias mostraban el desastre provocado por los dos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, en La Guaira, el pasado 24 de junio. Fabricio sabía qué hacía falta y decidió sumarse a una misión humanitaria argentina para colaborar en las tareas de búsqueda y rescate.

El brigadista y bombero de Valcheta, de 37 años, integró un equipo para asistir a las víctimas de una tragedia que ya dejó 4.490 muertos, más de 16.700 heridos y miles de personas sin hogar, según el último balance oficial.

Relató una experiencia que, asegura, lo marcó para siempre. Al respecto, señaló: "Somos una ONG y nos sustentamos nosotros mismos. Empezamos a pedir donaciones para poder viajar. Conseguimos un vuelo solidario de un (conocido) piloto (y cineasta), Enrique Piñeyro y eso nos permitió llegar a Venezuela. Después cada uno tuvo que juntar dinero para trasladarse hasta Buenos Aires”.

Llanqueleo fue convocado por la brigada de rescate y se convirtió en uno de los dos rionegrinos que integró la misión (el otro fue Damián Quillónbombero voluntario de Viedma y actual brigadista en Villa La Angostura). Nada de lo vivido anteriormente como bombero lo preparó para ese escenario. Comentó: "Fue como una escena de guerra. Uno sabía a lo que iba, iba preparado psicológicamente, pero cuando llegamos fue mucho más de lo que imaginábamos”. "La muerte estaba por todos lados. El olor, la mutilación de los cuerpos, ver manos, pies... fue muy impactante", contó.

Cada ingreso podía ser el último

Fabricio Llanqueleo y una dura tarea para recuperar cuerpos debajo de los escombros en Venezuela. 

 

Además del desgaste físico y emocional, los rescatistas trabajaban sabiendo que sus propias vidas corrían peligro. "En cada ingreso sabíamos que podíamos quedar atrapados. Nos pasó que mientras retirábamos escombros se produjo un derrumbe y tuvimos que salir corriendo. Volvíamos a entrar y otra vez se caía todo", relató.

A esa situación se sumaron las réplicas del terremoto: "Tuvimos una de magnitud 3,1 y otra de 4,5. Cada vez que entrábamos a buscar personas sabíamos que podía venirse abajo todo otra vez". 

Asimismo, precisó que el grupo llegó cuando ya habían pasado siete días desde el desastre, por lo que se enfocaron en encontrar cuerpos para que puedan ser despedidos por sus familiares.

En uno de los operativos trabajaron durante 20 horas seguidas luego de recibir información de que una persona podía estar con vida bajo una bodega.

"Trabajamos junto a bomberos de Brasil y brigadistas de El Salvador, pero lamentablemente no encontramos sobrevivientes. Sí encontramos cuerpos, perdimos la cuenta. Había tanta gente pidiendo ayuda que uno no nos poníamos a contar a cuántos rescatábamos, era un caos permanente”, remarcó.

El rescate que jamás olvidará

El grupo de brigadistas y de médicos radicados en Argentina fue a la zona de mayor dificultad, por una misión humanitaria. 

 

Uno de los momentos más dolorosos de la misión fue el operativo para recuperar el cuerpo de Lucas Gámez, un niño argentino de ocho años, cuya historia conmovió a Venezuela.

"Nuestra brigada trabajó hasta el último momento. Lo sacaron junto a su abuelo y su abuela. Estaban abrazados", contó Fabricio. Aunque él se encontraba trabajando en otro sector, sus compañeros participaron directamente del rescate y reconoció que “fue muy fuerte, pero pudimos entregarles los cuerpos a sus familiares”.

Llegar donde nadie llegaba

Los rescatistas intervinieron durante varias horas en el lugar de desastre en Venezuela. 

 

La mayor parte de la misión se desarrolló en La Guaira. Además del complejo residencial Miramar, los rescatistas decidieron trasladarse a barrios humildes donde la ayuda tardaba en llegar. "Fuimos a sectores donde prácticamente no había rescatistas. La gente necesitaba ayuda y ahí estuvimos”, pronunció.

Mientras él trabajaba entre los escombros, su familia seguía cada novedad desde Río Negro. En esa línea, mencionó: "Mi mamá estaba muy preocupada, como cualquier madre. Y mi esposa me apoyó desde el primer momento. Nunca me dijo que no fuera”.

Fabricio es padre de dos hijos, de siete y 11 años, y asegura que ese respaldo fue fundamental para afrontar la misión. "Dejé un pedazo de mí en Venezuela", indicó y completó que ahora en Valcheta "me cuesta dormir. Siento que todavía tengo el chip de allá. Estoy siempre alerta”.

"Para mí fue dejar un pedacito de mí en Venezuela. Esa marca va a quedar para siempre, pero también queda la satisfacción de haber podido ayudar cuando más hacía falta”, cerró.

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