HECHO EN VIEDMA
“Solo rosas, nada de margaritas”: el emprendimiento de una exmaestra conquista las ferias
"Rosas de liston" es un emprendimiento local dedicado exclusivamente a la confección de rosas textiles. Detrás de este colorido proyecto está Olga Lavezzo, quien lleva sus creaciones a las distintas ferias de la comarca de Viedma y Carmen de Patagones, logrando expandir su arte también a las localidades vecinas.
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En diálogo con Hecho en Viedma para NoticiasNet, la emprendedora compartió su historia, sus procesos creativos y el profundo sentido espiritual que este oficio tiene en su vida actual.
Consultada por sus inicios en el emprendimiento, comentó que antes de abocarse de lleno a las telas, Olga dedicó su vida a las infancias. Al respecto, señaló que “ejercí la docencia como maestra jardinera y tuve la dicha de trabajar en lo que más quería desde muy pequeña. Tuve la posibilidad de pasar por casi todos los jardines de infantes de ambas ciudades e inclusive en la localidad de Stroeder", recordó con cariño.
Su vínculo con el arte y las manualidades siempre estuvo latente, pero cobró un nuevo impulso tras su jubilación. Durante cinco años vivió en el balneario El Cóndor, donde comenzó a colaborar de forma voluntaria creando flores con botellas recicladas para la junta vecinal, y decoraciones navideñas para la capilla Stella Maris. Tras incursionar en el tejido, el pintado de mandalas y la decoración de latas —cuyas producciones solían terminar como regalos para sus seres queridos—, el año 2024 marcó un antes y un después.
Al respecto señaló que “siempre estuve vinculada al arte de las manualidades, pero luego de mi retiro comence a participar de manera voluntaria creando flores con botellas recicladas para la junta vecinal de El Cóndor, dado que tuve la posibilidad de vivir cinco años en el balneario, tambien colabore con la capilla Stella Maris, con motivos navideños y para las fiestas de fin de año”.
Fue así que investigando a través de tutoriales en internet, Olga descubrió el mundo de las flores textiles. "Incursioné en diferentes texturas, pero la que más me atrajo fue la tela de raso y las cintas; siempre me gustaron por el brillo, la suavidad y la variedad de colores que brindan", explicó.
Lo que empezó como un pasatiempo familiar pronto se transformó en una propuesta comunitaria. Al ver la excelente respuesta de su entorno, decidió registrarse en la Municipalidad de Viedma y en el Centro Cultural gracias a la orientación de Angélica Brizuela, del Colectivo ArteSano. A partir de allí, sus rosas comenzaron a poblar los paseos artesanales, incluyendo una gratificante participación en la Fiesta de la Soberanía Patagónica.
Según comentó, "siempre me gustaron las rosas por le brillo, la suavidad y por la variedad de colores que brindan. Las primeras rosas que hice fueron para mi, para mis padres, luego para familiares y amigos. Después comenzaron a solicitarme pedidos, al ver que eran solicitadas y gustaban me propuse ofrecerlas al publico, en especial en ferias comunitarias y en las instituciones educativas. También en la Universidad Nacional de Río Negro y juntas vecinales como las del Zatti y barrio Belgrano o el Club de Amigos del balneario El Cóndor".
Con el tiempo, el catálogo se fue expandiendo e innovando: hoy ofrece escarapelas en rositas de raso, tocados para bailarinas, minirositas muy codiciadas por las jóvenes, y opciones rústicas en lienzo y arpillera montadas sobre ramas o bases de madera, una tarea en la que colabora activamente su marido. Recientemente, sumó ramitos celestes y blancos inspirados en el Mundial.
A pesar de la variedad, Olga mantiene una regla clara que comparte con una sonrisa: "En este stand encontrarán solo rosas... ¡no me pidan margaritas o girasoles! Ni una rosa es igual a la otra. No realizo arreglos florales complejos, pero si necesitan una gran cantidad de rosas, incluso 100, las hago con gusto, siempre que me las encarguen con la anticipación suficiente".
El trabajo detrás de cada pieza requiere paciencia y precisión. Olga trabaja pétalo por pétalo: los recorta, los quema para sellarlos y darles forma con la llama de un encendedor, y luego los pega. Los tallos son pintados a mano con acrílicos, ya sea en tonos verdes o al natural.
Con respecto al uso constante del fuego para modelar las telas, la emprendedora evoca un recuerdo de su infancia con mucho humor: "A veces pienso, entre risas, que ahora trabajo tanto con las llamas porque vengo de una familia de bomberos. Me crié en un cuartel de bomberos hasta los 8 años; mis padres y mis hermanos trabajaron de eso".
El valor de las conexiones humanas
Para Olga, el éxito de una feria no se mide únicamente en la recaudación económica, sino en el alimento espiritual que recibe de la gente. Al respecto, comentó que "a veces vuelvo contenta a mi casa por el simple hecho de escuchar los comentarios de quienes se detienen un minuto a mirar. Para mí eso ya es motivador para seguir", confiesa.
En su memoria guarda postales entrañables de las ferias: niños de cinco años que la felicitan con asombro, parejas de jóvenes que consolidan su amor regalándose una rosa ante sus ojos, o la divertida anécdota de un señor que pasó rápido diciendo "esas flores son de papel", sin darle tiempo a explicarle que son puramente de tela. Incluso se da el gusto de regalarle una rosa a alguna abuela o niña distraída para "llenar el alma".
Al mirar hacia atrás, Olga se deshace en agradecimientos hacia sus compañeros emprendedores, artesanos, manualistas y, en especial, al Colectivo Artesano por el respeto y el cariño recibido.
Para finalizar, reflexionó sobre la importancia de apoyar estos espacios culturales y económicos: "Todos somos seres creadores y buscamos expresar una emoción o una idea a través de diferentes técnicas. El arte es vida y se necesitan recursos para expresarlo; por eso es fundamental generar espacios para que la comunidad valore las obras y, a la vez, se genere el sustento familiar de tantos artesanos locales que dependen exclusivamente de su producción".
Con respecto a su elección personal, Olga expresó una revelación que le da sentido a todo su esfuerzo: "Buscando respuestas de por qué elegí expresarme a través de las rosas de tela, descubrí que las rosas se asocian con la sanación emocional, la empatía y la energía femenina... Y bueno, pensándolo bien, creo que por ahí es por donde voy".
Para cerrar, lo hizo con algunas anécdotas y comentó que “en varias ocasiones se acercan parejas de jovencitos y suelo ser testigo de cómo un joven le regala una rosa a su novia, se dan un beso siguen tan enamorados y ser testigo de ello, no tiene precio. También ver los papas que se acercan, con sus hijas, para elegir rosas con tanto cariño, Confieso que en ocasiones me doy el gusto de sorprender a una abuela, alguna niña que pasan distraídas y les entrego una rosa de regalito, eso me llena el alma”.