2026-06-26

AIRE PARA SENTIR

"La queja aleja": claves neurobiológicas para entender por qué nos cuesta tanto salir de lo negativo

En su columna por Radio Noticias, la especialista Mercedes Querejeta analizó cómo el cerebro se fija automáticamente en el problema antes que en la solución.

El ida y vuelta cotidiano suele comenzar, casi sin darnos cuenta, con un lamento: el frío del invierno, el estado del tránsito o los problemas económicos del país. Sin embargo, lo que parece una descarga inocente puede convertirse en un hábito tóxico que paraliza el crecimiento personal.

Así lo explicó la psicopedagoga, coach ontológica y especialista en inteligencia emocional, Mercedes Querejeta, en su espacio "Aire para sentir", emitido dentro del programa El Radar por Radio Noticias (105.5 MHz).

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De acuerdo con la especialista, muchas veces la primera reacción de las personas es quejarse porque se trata de una conducta automática. Sin embargo, este comportamiento encuentra su explicación en la neurobiología. Al respecto, Querejeta señaló: “El cerebro siempre se fija primero o fija primero la atención en lo negativo. Le resulta más fácil centrarse en el problema que en la solución”.

Si bien en un primer momento la queja funciona como una vía de escape necesaria para expresar un malestar, una frustración o una necesidad que no fue satisfecha, el verdadero peligro surge cuando se transforma en un hábito cotidiano. Al volverse constante, el diálogo interno se tiñe de negatividad y se cae en un estado de inacción.

“Nos pone en un lugar de inacción. Nos quejamos y no actuamos. Entonces nos paraliza, no nos permite el cambio, nos genera dificultades en las conversaciones, en las relaciones”, advirtió la profesional, sintetizando el impacto social en una frase contundente: “La queja aleja; contamina los vínculos”.

Durante la charla radial, Querejeta marcó una distinción fundamental entre dos conceptos que suelen confundirse en el discurso diario: la queja y la protesta. “La protesta social está legitimada desde otro lugar, porque yo en la protesta acciono. Y en la queja quedo en el lugar, inhabilitado en la acción”, diferenció. Sostener esa inhabilitación tiene un costo físico directo, ya que, desde el punto de vista de la salud, “es muy perjudicial porque eleva el cortisol, que es la hormona del estrés”.

Esta actitud permanente obliga a indagar en los beneficios secundarios que esconde el lamento y a interrogarse qué se busca realmente con ese mecanismo. “¿Por qué me quejo? ¿Qué busco con la queja? ¿Busco que me validen, busco llamar la atención?”, invitó a reflexionar.

Querejeta explicó que en muchas ocasiones se utiliza de manera inconsciente para ponerse en el lugar de víctima porque en algún momento funcionó para ser visto, o bien funciona como un puente de comunicación predeterminado: “Muchas veces no sabemos qué hablar o qué decir y decimos 'ay, qué mal que está todo', como un tema para entrar en tema, y no nos damos cuenta y usamos la queja”.

A pesar de lo arraigado que pueda estar este comportamiento, la especialista trajo tranquilidad al señalar que todo hábito se puede revertir gracias a la neuroplasticidad del cerebro, que permite generar nuevas conexiones neuronales para aprender y desaprender conductas.

Para desactivar este bucle de negatividad, planteó que el primer paso es la toma de conciencia, seguido por un cambio de perspectiva: “No focalizarnos únicamente en lo que no tenemos, en la falta, sino como dar vuelta al pensamiento en lo que sí tenemos, en lo que sí alcanzamos, listar posibilidades de acción para modificar eso que nos está molestando”.

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NoticiasNet · Aire para Sentir - Mercedes Querejeta - Por Qué nos Quejamos

Finalmente, la psicopedagoga destacó la importancia de la aceptación, aclarando que amigarse con la realidad no significa resignarse. “La aceptación no es resignación, porque la aceptación es no pelearme con la realidad, aceptar las cosas como son y accionar. Ver qué hago con esto, cómo sigo. La resignación es me quedo en ese lugar, no busco caminos, no busco posibilidades”, concluyó.

Romper el silencio y animarse a conversar sobre estos procesos psicológicos es, según Querejeta, la verdadera llave para transformar la queja en acción y mejorar el bienestar diario.

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