La Legislatura y un fuerte compromiso con la discapacidad que trasciende fronteras
La Legislatura de Río Negro guarda muchas historias que van mucho más allá de lo que ocurre en el recinto donde se debaten y aprueban las leyes. Ese espacio suele ser el más conocido, pero el edificio esconde otros rincones que vale la pena descubrir y que desde NoticiasNet se empezó a recorrer.
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Uno de ellos funciona en la Biblioteca de la Legislatura, donde se encuentra una impresora Braille abierta a toda la comunidad. Se trata de una de las pocas de su tipo en el país y presta servicio a organismos públicos, escuelas, organizaciones sociales y particulares que necesiten contar con material adaptado. Incluso, han recibido solicitudes desde otros países, siempre con la inclusión como objetivo principal.
Este medio dialogó con Rubén Petrucelli, responsable del área, quien explicó cómo funciona este trabajo. “La impresora Braille es una de las tres herramientas que usamos para escribir en Braille. Una es la tablilla y punzón, que es como escribir a mano. Después está la máquina de escribir en Braille. Es mecánica, también se escribe a mano, pero ya es más rápida. Y, por último, la impresora, que es un periférico más que se le pone a la computadora. Y todo lo que tenga que hacer, lo hacemos en la computadora”.
Además, detalló cómo realiza su tarea cotidiana pese a no contar con visión. “En mi caso, utilizando un lector de pantalla, que habla todo lo que está en la pantalla. Yo no veo, pero me habla todo lo que está ahí. Entonces puedo igual formatear, corregir. Una vez que está corregido y formateado el archivo que queremos imprimir, se manda a imprimir y lo que hace la impresora es eso, imprimir en Braille. Lo hace muy bien, muy rápido, con muy buena calidad”, remarcó.
Según explicó, el funcionamiento es similar al de cualquier impresora convencional: una vez cargado el archivo, se pueden imprimir tantas copias como sean necesarias. En el caso de los libros, los materiales quedan almacenados para futuras reproducciones. “Se pueden hacer distintos ejemplares, si hacen falta. Ya lo que se imprimió quedó guardadito. Incluso, si el día de mañana se necesita, ya queda el archivo y se puede hacer otra vez”.
Cuando la impresión está terminada, el material pasa por un proceso de encuadernación. Allí se ordenan las hojas, se realiza el anillado, se diseña una tapa con el título correspondiente y luego se envía sin costo a la persona o institución solicitante a través de Correo Argentino.
Otro de los trabajos que realizan es la elaboración de calendarios en Braille, una producción propia que trasciende las fronteras del país. “Los hacemos acá, son nuestros. Van a toda Argentina -de los lugares que nos pidan-, también hemos mandado a Cuba, Venezuela y Chile”.
Respecto de las características de la impresora, Petrucelli destacó una ventaja clave. “Una de las ventajas muy importantes es que imprime de los dos lados de la hoja a la vez. El papel se aprovecha el doble. Es una ventaja porque con la tablilla o la maquina Perkins no se puede”.
Sobre cuántos equipos similares existen en el país, admitió no tener una cifra exacta, aunque mencionó algunos antecedentes. “Desconozco el total, pero en Buenos Aires está en la Biblioteca Argentina para Ciegos. Creo que tienen dos o tres. Lo que pasa es que, años atrás se distribuyeron estas impresoras, la Everest, que es muy buena, de gran calidad, pero no sé si se están usando porque hay que saber instalarlas”.
En el caso de la Legislatura rionegrina, explicó que la puesta en funcionamiento fue acompañada por personal especializado. “En nuestro caso, la legislatura la compró a un proveedor que vino el muchacho, vino en colectivo, la trajo él, la instaló él acá con la gente de informática, la configuraron como corresponde y quedó andando bien. Pero me enteré que en una escuela especial no la pueden hacer andar. La nuestra si, el personal se capacitó por si pasa algo, volver a configurarla”, subrayó.
También comentó algunos de los trabajos más recientes que recibieron. “Hace poquito, una escritora de San Antonio nos mandó un libro y ya lo hicimos, está listo para mandárselo. No es el libro completo, son fragmentos que ella misma seleccionó”.
La mirada de los que ven
Además de la producción de materiales, desde la Biblioteca también impulsan cursos para enseñar el sistema Braille. Las capacitaciones están abiertas tanto para personas videntes como no videntes, aunque los tiempos de aprendizaje suelen ser diferentes.
“Las personas que ven pueden leer los puntitos sin problemas. Nosotros damos cursos acá con Belén, mi compañera de trabajo. Algunos han sido presenciales, en el tiempo de pandemia también hicimos virtuales. También trascendió a la provincia, fue a otras provincias”, dio a conocer.
Y agregó: “El año pasado hicimos uno que es para personas que ven. Es un aprendizaje para que ellos, a su vez, que sean un puente hacia la persona que la necesita. Si ves lo aprendés más rápido, con los 3 meses te alcanza para leer y escribir”.
Sin embargo, explicó que para las personas ciegas el proceso puede ser mucho más variable. “Pero alguien que no ve es distinto. Cada persona es diferente. Y el tiempo es algo secundario para cuando se le enseña a alguien que no ve. A veces les cuesta mucho porque viste que la diabetes es un factor que hace que uno pierda la visión y también se puede perder la sensibilidad en los dedos, que es fundamental para leer. Es uno prueba también y puede ser una frustración o una tortura tratar de leer el braille”, contó.
Su historia de vida
Rubén nació con miopía. Sus padres advirtieron el problema cuando comenzó la escuela y, con el paso de los años, fue perdiendo progresivamente la visión. A los 30 años sufrió un desprendimiento de retina en uno de sus ojos. “De este otro me queda un poquito de retina, que alcanzo a ver luces. Si las luces están apagadas o prendidas me doy cuenta, pero nada más. A vos no te veo (estábamos a un metro de distancia). Legalmente soy ciego”, contó.
Pese a ello, asegura que el Braille continúa siendo una herramienta fundamental para la autonomía diaria. “Hoy el braille sigue siendo importante, nos brinda independencia en la vida cotidiana. Por ejemplo, ayer yo hice comida en casa y tengo los frasquitos de vidrio con los condimentos. Y los tengo marcados con braille. Solamente con dos o tres letras ya sé cuál es y eso me da independencia”, dio a conocer.
También utiliza etiquetas en Braille para identificar documentación y objetos de uso frecuente. En su caso, marcó documentos importantes, como el DNI, las tarjetas de Ipross, débito y crédito, para evitar confusiones. “El braille nos brinda eso, la posibilidad de no estar todo el tiempo preguntando”.
“Tenemos un material que está muy bueno, que está cortadito en tiritas, que es plastificado en frío. Después lo despegas y pegas donde necesites”, mencionó.
La actividad de Petrucelli no se limita a la biblioteca. También participa del tenis adaptado para personas ciegas, una disciplina que tiene una importante actividad en Viedma. Allí encontró su cable a tierra para seguir.
Este año volverá a realizarse un torneo en la capital provincial y contará con la presencia del campeón nacional, Silvio Velo, exintegrante de Los Murciélagos. “Estoy haciendo las etiquetas con los nombres de ellos”.
“A mí me encanta el tenis. Me encontré con el tenis en el 2018 y me encantó. Es el deporte que me sacó del sedentarismo, me encanta. Espero poder jugarlo muchos años más. Acá hay una escuela en el Fioravanti, lunes y jueves, de las 3:30 a las 5. Y los martes en el Instituto de Formación Docente. Ahí es de 3 a 4:30”, dio a conocer.
Al repasar los cambios que debió afrontar a partir de la pérdida de la visión, recordó uno de los que más le costó aceptar. “Lo que no pude hacer más, lo que tuve que dejar de hacer es manejar. Me encantaba manejar. Pero bueno, pasó”, se lamentó.
“En el momento me sentía mal, me sentía menos hombre. Porque manejaba mi señora. La costumbre, ¿no? Que el hombre maneja. Pero bueno, uno se adapta, aprende también a que no tiene nada que ver quién maneja, quién no maneja. Y va más allá de lo que somos nosotros”, subrayó sobre lo que vino después y el entendimiento de lo que le tocó afrontar.
También reconoció que durante mucho tiempo se resistió al uso del bastón. “También me costaba, no quería usarlo. También, por pensamientos de ese momento, que le estaba mostrando a la gente que yo estaba enfermo. Mi tontera, ¿no? Pero pasó, ya está. Ahora me manejo para todos lados con bastón. No, soy experto. Me cuesta. Acá Tengo un muchacho, un guardia, que siempre está dispuesto a acompañarme. Entonces voy más seguro, más rápido. Podría llegar solo, pero capaz que tardo media hora más”.
Explicó que comenzó a utilizarlo de manera permanente cuando perdió por completo la visión. Ese período coincidió con uno de los momentos más difíciles de su vida. “En 2021 falleció mi esposa, después de 42 años con ella. Capaz que emocionalmente eso afectó a mi cuerpo también. Puede ser, sí. Pero ya pasó. Ya está”, dijo emocionado.
Hoy vive solo y lleva adelante una vida independiente, aunque cuenta con el acompañamiento cercano de su familia. “Hoy me arreglo solo, vivo solo, aunque tengo a mi hija, que vive arriba. Ella es la que me trae y me viene a buscar al trabajo. Pero después sí, solo”, cerró sobre su historia personal.