Crisis en el sector de cerezas: alertan por el clima, los costos y la pérdida de competitividad
Mientras los productores de cerezas atraviesan las tareas propias del invierno y aguardan la acumulación de horas de frío necesarias para la próxima temporada, la preocupación crece por una serie de factores que ponen en tensión el futuro de la actividad.
Así lo expresó Aníbal Caminiti, gerente general de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPSI), quien trazó un panorama marcado por la incertidumbre climática, las dificultades para competir en los mercados internacionales y el peso de los costos internos.
Caminiti señaló que uno de los principales desafíos que enfrenta la producción es la creciente inestabilidad climática. Según explicó, fenómenos que años atrás eran excepcionales hoy comienzan a repetirse con mayor frecuencia.
En diálogo con Toca Madera, por Radio Noticias, indicó: "Estamos viendo incrementos de temperatura, tormentas y episodios de granizo en regiones donde antes no eran habituales. Son situaciones que generan riesgos importantes para la producción al aire libre".
El referente del sector recordó que en zonas productivas como Los Antiguos (Santa Cruz) se registraron temperaturas superiores a los 30 grados durante enero, en plena cosecha, un fenómeno considerado inusual para esa región.
En Río Negro, además, los eventos climáticos adversos han impactado en los niveles de producción durante las últimas temporadas, afectando los volúmenes disponibles para exportación.
Las herramientas existen, pero no todos pueden pagarlas
Si bien existen mecanismos para reducir algunos riesgos, como las mallas antigranizo o los cobertores contra lluvias, los costos son una barrera difícil de superar. "Instalar cobertores en una hectárea de cerezas cuesta alrededor de 50 mil dólares", explicó Caminiti.
A esto se suman fenómenos más difíciles de controlar, como las altas temperaturas. El exceso de calor durante etapas críticas de desarrollo afecta la firmeza de la fruta y puede dejarla fuera de los mercados más exigentes, especialmente aquellos orientados a la exportación.
La actividad también enfrenta un escenario diferente en el comercio global. El fuerte crecimiento de la producción chilena modificó el equilibrio de la oferta mundial. En los últimos años, el vecino país incrementó de manera exponencial sus exportaciones y se consolidó como un actor dominante en el mercado internacional de cerezas.
Sin embargo, Caminiti aclaró que la estrategia argentina es distinta. Mientras Chile trabaja con grandes volúmenes enviados por vía marítima, Argentina apuesta a un modelo más flexible y enfocado en la calidad. Durante la última temporada, cerca del 88% de las exportaciones argentinas de cerezas se realizaron por vía aérea.
Esta modalidad permite llegar más rápido a destino y conservar mejor las condiciones de la fruta, una ventaja clave para mercados de alto valor como Estados Unidos, Europa y Medio Oriente. "La cereza argentina juega en nichos específicos y eso nos permite defender mejor nuestro producto frente a los cambios de contexto internacional", sostuvo.
El problema más grande está puertas adentro
Pese a los desafíos externos, Caminiti fue contundente al identificar cuál es la principal amenaza para la actividad. "El problema no está afuera, el problema lo tenemos internamente", afirmó.
Según explicó, la pérdida de competitividad responde principalmente al peso de la carga impositiva, los costos laborales asociados al empleo formal y el valor de servicios esenciales para la producción.
Uno de los puntos más cuestionados es el costo de la energía, especialmente para el funcionamiento de sistemas de riego y frigoríficos. "El costo energético en Río Negro y Neuquén es desorbitante y nos saca de escena", aseguró.
A los costos internos se suman las barreras comerciales que todavía enfrentan los exportadores argentinos. Aunque destacó avances recientes, como el acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea que permitirá eliminar un arancel del 12% para ciertos productos, señaló que persisten gravámenes elevados en otros mercados estratégicos.
Actualmente, la cereza argentina enfrenta aranceles del 10% para ingresar a China y Estados Unidos, del 30% para India y del 40% para Tailandia. Para el sector, estas condiciones profundizan una desventaja frente a competidores internacionales que operan con menores costos y mejores condiciones de acceso a los mercados.
Con la próxima temporada todavía en etapa de preparación, el sector cerecero observa con atención la evolución del clima y espera señales que permitan recuperar competitividad.