Murió un multifacético impulsor de la contención social a través del deporte
Rodeado de cariño familiar y bromeando hasta último momento con las enfermeras, se conoció días atrás, la información de la muerte de Carlos Di Lodovico. Su desaparición física a los 85 años, dejó una profunda huella en la comunidad de Viedma, aunque desde 2006 se había radicado en El Bolsón.
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Su influencia y legado permanecen vivos en la capital rionegrina, donde dejó una marca imborrable como emprendedor y promotor social. Su vida ejemplar refleja el despliegue a través de la Agrupación Atlética Viedma que desde 1984 se dedicó a fomentar el deporte, tomando como base los complejos habitacionales América y 20 de Junio de la capital rionegrina,
Hacia ese punto de concentración confluyeron una gran cantidad de niños, niñas, adolescentes y jóvenes para la práctica de maratón, y como una actividad paralela de sacar chicos de la calles aplicando poderosas herramientas para la inclusión y el desarrollo social.
En numerosas oportunidades se vio la participación de sus atletas, y por caso, dentro de sus filas estuvo Néstor Martín Farías, quien en la década del ´90 llegó a ser Campeón Pentacontinental de boxeo. De allí también salio Ulises, hermano del boxeador, quien también fue maratonista.
El “flaco” como se lo llamaba incursionó en numerosas actividades comerciales. Desde la creación de prendas deportivas -luego de su paso de grandes textiles de la ciudad de Buenos Aire y alrededores- hasta la venta de antenas cuando en Viedma desembarcó la televisión por aire para seguir de cerca el Mundial ’78.
Su faceta creativa se complementó con la promoción de trabajo en equipo para que muchas familias de la ciudad guarden para los inviernos botellas conteniendo salsa de tomate triturado, dentro de un plan comunitario que a veces se concretó en los patios de la iglesia del Pío XI; fortaleciendo además lazos sociales entre quienes hundían sus manos en los tomates para los preparados.
Otros rumbos
El espíritu emprendedor lo llevó a El Bolsón unos 20 años atrás donde se desempeñó como prestador turístico; y siguió con la elaboración de salsas, de todo tipo, encurtidos y dulces caseros. Un despliegue que le permitió mostrarse en ferias y retomando la venta en Viedma (las “Cosas ricas de Charly”); y también continuó con sus tareas de costura industrial junto a su esposa Marta. A veces, ayudaba a un nieto, a quien contrataba para difundir música en eventos en la ciudad andina.
En septiembre de 2023, Carlos y Marta sufrieron un grave accidente cuando su vivienda bolsonense se les prendió fuego con destrucción total. Por el grato recuerdo que dejó en Viedma ante una labor social que lo llevó a ser un vecino muy querido, ese año se lanzó una cruzada solidaria para ayudarlo a reconstruir su vivienda.
"Charly" y los "frasquitos" que vendía en ferias, ya radicado en la zona andina. Foto gentileza.