Drástica caída de la natalidad en Río Negro: los números por departamentos y los motivos
En los últimos años, la natalidad viene mostrando una caída cada vez más marcada en todo el mundo. Argentina no escapa a esa tendencia y Río Negro tampoco: la baja en los nacimientos avanza de forma acelerada en toda la provincia.
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Según datos del Renaper a los que accedió NoticiasNet, en la última década la cantidad de nacimientos en el país cayó casi a la mitad. Mientras que en 2014 se registraron 789.279 nacimientos, en el último informe la cifra descendió a 402.472.
A nivel regional, la situación más extrema se da en Tierra del Fuego, donde la Tasa Global de Fecundidad (TGF) llegó a un mínimo histórico de 0,8, con una reducción del 68%. También en CABA y Jujuy la TGF ya se ubica por debajo de 1.
En ese mismo período, provincias que históricamente tenían índices de natalidad altos —como Jujuy, Salta, Tucumán y Formosa— comenzaron a mostrar comportamientos demográficos similares, e incluso inferiores, a los del resto del país.
Los números en Rio Negro, departamento por departamento
En lo que respecta a Río Negro, la caída fue del 52,17% (de 12.271 a 6.560). Desmenuzado los números por departamentos, se desprende que en Adolfo Alsina, en 2014 se registraron 1197 nacimientos y en el último informe cayó a 633. En Viedma, tomando el periodo 2014-2024, pasó de alrededor de 12 mil a 1600.
General Roca también registró una fuerte baja: pasó de 6.441 nacimientos en 2014 a 3.387 en 2024. En Bariloche, la cifra cayó de 2.500 a 1.342; en San Antonio, de 599 a 296; y en Valcheta, de 98 a 42.
Por su parte, General Conesa pasó de 147 nacimientos en 2014 a 69 diez años después. En Avellaneda, la baja fue de 714 a 360; en 25 de Mayo, de 235 a 106; en 9 de Julio, de 46 a 25; en El Cuy, de 69 a 25; en Pichi Mahuida, de 270 a 141; en Pilcaniyeu, de 125 a 59; y en Ñorquinco, de 24 a apenas 6 nacimientos en 2024.
Por qué cae la natalidad
El informe del Renaper sostiene el análisis en 6 puntos:
Restricciones económicas: la inestabilidad laboral, la inflación y el déficit habitacional operan como barreras materiales que postergan o cancelan la formación de familias.
Priorización laboral: aumento de la participación de la mujer en el mercado laboral. Priorización del desarrollo profesional y personal.
La brecha de fecundidad: el desfase entre la cantidad de hijos deseados y los que materialmente se pueden sostener. Lleva a postergación del primer hijo.
Reconfiguración de vínculos: postergación del matrimonio. Inestabilidad en las relaciones de pareja. Aumento de hogares unipersonales.
Planificación reproductiva: eficiencia en la prevención del embarazo no intencional a través de métodos de larga duración.
Estructura de cuidados: altos costos de crianza, carencia de
redes de apoyo, inequidad de género en la distribución de tareas de cuidado.