Talento emprendedor: creó una pastelería en su casa y apuesta por abrir un espacio propio
Ser emprendedor no es una tarea sencilla, pero si una aventura con riesgos y beneficios sumamente gratificantes. NoticiasNet, visitó la cocina de Antonella Coria una joven promesa de la gastronomía que llegó a Viedma desde el oeste del conurbano bonaerense hace cinco años, cuando todavía estudiaba Arquitectura en Buenos Aires.
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Coria, nunca imaginó que “Pipi Pastelería”, aquello que empezó como una actividad de fin de semana terminaría convirtiéndose en su profesión y proyecto de vida. Y mucho menos que vacacionar con sus tíos en la capital rionegrina, la dejaría atrapada por la pandemia del 2020.
“Siempre le gustó cocinar, pero lo veía como un hobby”, contó sobre aquellos años en los que había comenzado la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de La Matanza. Aunque disfrutaba del diseño y de la carrera, reconoció que había algo que no terminaba de convencerla.
En medio de ese replanteo personal, la gastronomía empezó a ganar terreno y en Viedma con pandemia de por medio se puso a averiguar opciones de estudio, donde descubrió la Tecnicatura Superior en Gastronomía.
“Antes venía de vacaciones y tenía una mirada más turística. La tecnicatura le dio otra visión sobre Viedma y Patagones, sobre los productores, los proyectos y la gastronomía local”, mencionó la pastelera.
La despensa del barrio
El inicio de “Pipi Pastelería” fue tan espontáneo como artesanal. Coria cocinaba en su casa y compartía algunas preparaciones con personas cercanas, hasta que una conversación casual en una despensa terminó impulsando sus ventas.
La joven pastelera contó que el comerciante le propuso llevar algunos productos para probar venderlas y sin perder tiempo se animó y afortunadamente agotó las ventas. “Así arrancó todo, muy improvisado”, recordó.
En ese momento, el emprendimiento todavía no tenía identidad visual ni estructura definida. “No tenía ni logo, no tenía nada”, expresó sobre aquellos primeros pasos. Durante bastante tiempo, la pastelería convivió con las cursadas y el estudio. “No era su trabajo todavía, era algo más de fines de semana porque lo mezclaba con la facultad”, señaló.
“Cuando terminó la cursada empiezo a dedicarle mucho más tiempo, a subir más contenido a Instagram y comenzó a moverse más en redes”, se refirió al crecimiento del emprendimiento.
El cheesecakes, la estrella de “Pipi”
Hoy, “Pipi Pastelería” combina productos clásicos, según explicó Antonella, durante el último año comenzó a enfocarse más en la pastelería personalizada y en la producción para cumpleaños y celebraciones.
Entre todos los productos, hay uno que terminó convirtiéndose en su sello personal: el cheesecake de frutos rojos. “Es el que más hace y el que más sale”, comentó entre risas. Incluso reconoció que se convirtió en una especie de obsesión dentro de su rutina de producción.
El crecimiento de la demanda también implicó reorganizar completamente su espacio de trabajo. Al principio, producía en una cocina compartida con la dinámica cotidiana de la casa, pero con el tiempo comenzó a incorporar equipamiento específico.
“Antes convivían las tortas con la comida familiar y todo estaba acomodado como se podía”, pero la llegada de una heladera exclusiva para el emprendimiento representó un cambio importante.
Más adelante incorporó un horno de mayor capacidad y con vector, lo que le permitió mejorar la producción y estandarizar las recetas.
Ingredientes locales y nuevas búsquedas
Consultada por los insumos, la joven comentó que trabaja con proveedores de la región para productos frescos y materias primas locales del Idevi, mientras que otros ingredientes más específicos llegan desde Buenos Aires o San Juan.
“Hay productos particulares que todavía no se consiguen fácilmente acá”, indicó. En paralelo, comenzó a experimentar con nuevas líneas de trabajo vinculadas a recetas sin gluten y alternativas veganas.
Aunque aclaró que no produce alimentos aptos para celíacos debido a la contaminación cruzada de su cocina, sí incorporó opciones sin gluten que tuvieron muy buena recepción entre sus clientes.
En un momento de plantearse desafíos, la pastelera se animó a ofrecer sus preparaciones a cafeterías de Viedma y Carmen de Patagones, por lo que quedó seleccionada en un reconocida cadena de la zona.
Ese paso, a Antonela le implicó enviar fotografías de sus productos y una lista de precios, aunque en un primer momento no obtuvo respuesta. Meses más tarde, recibió un mensaje para concretar una reunión.
“Fue el último día de entrevistas y llevó distintos productos para que probaran. Les gustó y empezó a trabajar con ellos”, relató. Ese vínculo le permitió ampliar su producción, generar una base de trabajo más estable y mostrar sus elaboraciones a nuevos clientes.
“La gente empezó a preguntar más y a interesarse por lo que hacía”, sostuvo. Actualmente, parte de sus productos pueden encontrarse en cafeterías de la zona, mientras que el resto de la producción funciona principalmente por pedidos particulares.
Crecer en redes sociales y el sueño de un espacio propio
Las redes sociales cumplen un rol central en la difusión de “Pipi Pastelería”, aunque crear contenido todavía le representa un desafío cotidiano.
“Me cuesta detenerme a grabar o pensar en la iluminación mientras trabajo”, contó. Sin embargo, aseguró que cada vez que publica contenido recibe consultas y pedidos de manera inmediata.
Por otro lado, el futuro del emprendimiento es alentador, ya que proyecta abrir un espacio propio con atención al público. La idea es desarrollar un formato take away o una pequeña cafetería donde las personas puedan acercarse y comprar productos listos para llevar.
“Me gustaría algo tranquilo, con mostrador y productos disponibles en el momento”, explicó. Incluso ya comenzó a ampliar el espacio donde trabaja actualmente para sumar más equipamiento y ganar capacidad de producción.
“El taller ya empezó a quedarle chico”, reconoció. También analiza la posibilidad de sumar al espacio un ayudante para acompañar el crecimiento del emprendimiento.