2026-04-06

Cuando Viedma fue sede de la presencia de dos papas de la Iglesia

La ciudad fue escenario de una jornada histórica que reunió a miles de fieles. 

El 7 de abril de 1987 no fue una fecha más para Viedma. Ese día, en el marco de su gira apostólica por Argentina, Juan Pablo II llegó a la capital rionegrina y encabezó una multitudinaria celebración en el aeropuerto Gobernador Castello, ante miles de vecinos de toda la región patagónica.

La inclusión de Viedma en la agenda papal no fue casual. Apenas un año antes, el entonces presidente Raúl Alfonsín había anunciado el ambicioso proyecto de trasladar la Capital Federal al sur del país, posicionando a la ciudad como eje de una nueva etapa política y territorial. 

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En ese contexto, la visita del Papa fue interpretada como un fuerte gesto simbólico hacia esa iniciativa y hacia la idea de una Argentina más federal.

Durante su paso, el pontífice destacó el rol de la región como “centro de irradiación evangélica en la dilatada Patagonia”, y recordó a figuras clave de la evangelización como Juan Cagliero y José Fagnano, además de valorar la cultura del pueblo mapuche y la tarea misionera en el sur argentino.

Aquel día también dejó un dato que con el tiempo adquirió otra dimensión. Según reconstrucciones como la del libro “Viedma” de Gonzalo Álvarez Guerrero, entre quienes acompañaban la comitiva papal se encontraba un sacerdote jesuita llamado Jorge Mario Bergoglio, quien años más tarde se convertiría en el papa Francisco.

De esta manera, la capital rionegrina habría sido escenario —aunque de forma casi inadvertida en ese momento— de la presencia de dos figuras que llegarían al máximo cargo de la Iglesia Católica.

Entre las postales más recordadas de aquella jornada aparece un gesto bien argentino: Juan Pablo II tomando mate. La escena, protagonizada por integrantes de la comunidad mapuche, quedó registrada en crónicas de la época y forma parte de la memoria colectiva de la ciudad.

Ese mismo mate, junto con la bombilla utilizada en la ocasión, se conserva actualmente en el Museo Salesiano Cardenal Cagliero, donde fue donado en 1991 por Jorge Kelly, acompañado de documentación y recortes periodísticos que certifican el momento.

La visita papal también tuvo impacto en el plano religioso más profundo. Durante su paso por la región, Juan Pablo II dio impulso a las causas de figuras muy arraigadas en la Patagonia, como Ceferino Namuncurá y Artémides Zatti.

Con el tiempo, ambos procesos avanzarían: Ceferino sería beatificado por Benedicto XVI, mientras que Zatti sería canonizado por el propio Francisco.

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