2026-03-17

Menos avellanas y más incertidumbre: una cosecha golpeada que deja sabor amargo en el Valle Inferior

Heladas, fallas en la polinización y lluvias a destiempo marcaron una temporada difícil para los productores. Encima el principal país productor tuvo una baja notable en su producción y habrá un precio elevado a nivel mundial, que no podrá aprovecharse.

La cosecha de avellanas ya está en marcha en el Valle Inferior, pero lejos de ser una temporada para celebrar, los primeros datos confirman un panorama complejo para los productores de la región. Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Valle Inferior informaron que comenzó la recolección en la colección varietal de la Estación Experimental, en un contexto marcado por una merma productiva generalizada en todas las variedades, en contraste con el buen rendimiento alcanzado el año pasado.

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Algunas variedades no tradicionales, como Ennis y Butler, lograron destacarse por presentar un mayor volumen de frutos, lo que abre una puerta a nuevas alternativas productivas en el futuro. De todos modos, el balance general es negativo y responde a una combinación de factores climáticos y biológicos que impactaron de lleno en la producción.

Uno de los golpes más fuertes lo dieron las heladas primaverales, especialmente las registradas entre fines de septiembre y octubre. Así lo explicó Daniel Quinteros, referente de la actividad en el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (Idevi), quien detalló que esos eventos fueron determinantes para el resultado de la campaña.

“El golpe final lo dieron las fuertes heladas, pero también hubo un problema de polinización durante el año. Hubo poco ‘samento’, es decir, las flores no recibieron suficiente polen para formar frutos”, señaló.

Complejo panorama para la producción de avellanas en el valle inferior.

 

Ese fenómeno derivó en una gran cantidad de avellanas vacías, un problema que complica aún más la cosecha, sobre todo cuando se realiza de forma autónoma. “En la cosecha manual no es fácil identificar las avellanas vacías, mientras que las máquinas sí pueden hacerlo porque cuentan con un sistema de selección por peso”, explicó.

En términos productivos, la caída es significativa. “Hablamos de un 20 por ciento menos de cosecha respecto al año pasado”, afirmó Quinteros, aunque en algunos casos puntuales el impacto es aún mayor.

El productor mencionó que, en su propio establecimiento, donde trabaja con variedades como Shiponi, Romana y Barcelona, la situación fue especialmente adversa. “En un monte relativamente nuevo de Barcelona, el 80 por ciento de la fruta quedó vacía. Es un año para olvidar”, resumió.

Como si fuera poco, las lluvias recientes también jugaron en contra, ya que dificultan las tareas de recolección. “La avellana se cosecha del piso en forma manual y el suelo tiene que estar seco. Estas lluvias impiden avanzar y complican aún más el trabajo”, agregó.

No se podrá aprovechar una oportunidad histórica

Se espera una suba del valor de la avellanada en un 30 por ciento.

 

Paradójicamente, este escenario local coincide con un contexto internacional que podría haber sido favorable. Turquía, principal productor mundial de avellanas, también sufrió una caída productiva estimada entre el 25 y el 30 por ciento. Esto equivale a una pérdida de unas 170.000 toneladas. Esta crisis, impulsada por factores climáticos y plagas, provocará un aumento de precios superior al 30% y afectará al suministro global, incluyendo a grandes fabricantes como Ferrero Rocher.  

Como se dijo, esto anticipa un aumento en los precios internacionales, aunque en Río Negro el impacto positivo será limitado. “Va a haber mucha demanda, pero no vamos a tener qué vender. Acá la situación fue incluso peor que en Turquía”, advirtió Quinteros.

El panorama no es uniforme en todos los frutos secos. Los productores de nogales, por ejemplo, también sufrieron las heladas, pero cuentan con una tercera floración que podría amortiguar las pérdidas.

En el caso de la avellana, en cambio, las posibilidades de recuperación son mucho más acotadas. “Después hay que apechugar, porque en mi caso soy productor exclusivamente de avellanas”, señaló el referente, quien cuenta con 13 hectáreas implantadas, de las cuales solo tres están actualmente en producción.

Una vez finalizada la cosecha, se realizará el análisis de calidad de la fruta, un dato clave para determinar el verdadero impacto de una campaña que, por ahora, deja más interrogantes que certezas en el Valle Inferior.

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