2026-02-18

Llegó de vacaciones a El Cóndor en bicicleta y contó su experiencia: “Muy linda gente en Viedma”

Vani Oliva vive circunstancialmente en Pedro Luro y no es la primera vez que recorre los 200 kilómetros para disfrutar de unos de sus lugares preferidos.

Suele decirse que no hay nada imposible y que todo es cuestión de enfocarse y animarse. Lanzarse en ese viaje por más complejo que sea y de esto puede dar fe Vani Oliva, quien días atrás estuvo en El Cóndor de vacaciones. ¿La particularidad? Llegó desde Pedro Luro a Viedma en bicicleta. Unos 200 kilómetros si se cuenta hasta la villa balnearia. 

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Ese es su medio de transporte para todo. También para irse de vacaciones. Su estadía en la villa balnearia, a la que llega todos los años por lo que le genera, fue todo un acontecimiento que se viralizó en redes sociales. Pero mucho más su partida, ya que mucha gente que se enteró la buscó para ofrecerle agua fresca y alimentos.

En diálogo con NoticiasNet, Vani habló de lo que fue este viaje en particular, pero también de esta pasión que ya lleva muchos años. La ilusión está en poder seguir escribiendo capítulos de su vida en dos ruedas. “La bici siempre fue mi medio de transporte y la que mantuvo mí salud mental y física, pero en 2021 recién empecé a viajar y me enamoré del ritmo lento y de los detalles que el paisaje te regala cuando andas sin hacer ruido”, contó esta entrerriana de 29 años que se crió en Gerli - Avellaneda.

Vani Oliva 

 

Sobre esa primera salida en 2021, contó: “Mi primer viaje fue un recorrido circular: salí de Gerli, arranqué desde La Plata y fui pasando por Atalaya, Vieytes y Chascomús, hasta volver otra vez a Gerli”.

—¿Cuál fue el viaje más largo que hiciste?

Lo más lejos que llegué fue en 2022, a la línea sur. Ruta 23. Increíble los cóndores, las víboras, los pumas, los zorros, la gente, los pueblos… mi corazón se quedó un poco en Aguada Cecilio y Valcheta. Fue ahí donde entendí mi primer viaje "circular" y que lo que realmente me importa es el camino más que el destino.

—Estuviste en El Cóndor, pero no fue la primera vez…

—Sí, desde que vivo en la zona voy siempre que puedo a pasar el día por lo menos. En bici es la tercera vez que voy, y me genera amor, fuerza y convicción. Ja, ja, ja. Es el primer mar que toqué viajando en bici y me acuerdo mucho esa sensación y la revivo cada vez que voy.

Su llegada a El Cóndor

 

—¿Qué es lo que más te gusta del lugar?

Hacer el camino al Pescadero al atardecer… pasar el día ahí también. Siempre que voy paro en el camping Los Trentinos.

—Contaste que mucha gente de Viedma te colaboró con agua fresca, alimentos para el camino, ¿esto te pasa siempre que salís?

—Un poco el motor de los viajes es la gente. Al cicloviajero lo que más le sirve es el agua fresca. Todo lo que es fresco sirve. Por lo general, siempre me encuentro con gente linda, en todos los viajes. Pero es verdad que este fue muy diferente a otros…a la ida el viento me llevó volando, pero a la vuelta, la gente de la zona ya sabía que andaba por ahí gracias a una nota que me hicieron en Radio El Cóndor cuando llegué. Además de pararme para ver si necesitaba algo, noté mucho el interés de saber cómo y por qué. Hablamos mucho del poder y no poder. Son 200 kilómetros, que para mí son fáciles. Pero alguien que capaz no entrena siempre en dos días lo hace. Son 48 horas en la vida y me parece que está en la prioridad que le da uno al tiempo qué pierde o gana. Se pierde mucho más tiempo trabajando y haciendo otras cosas para sobrevivir en estos momentos.

Sus días en El Cóndor

 

—¿Te acordás de alguna situación que te llamó la atención?

—Hubo un chico en particular que todavía no nos habíamos cruzado y había salido con agua fría y cosas dulces por si se daba el encuentro… ¡y por supuesto nos cruzamos! Me pareció un gesto muy lindo; la verdad, muy linda gente en Viedma.

—¿Cuánto tardaste en llegar?

Un día y medio en llegar, haciendo noche en la YPF de Villalonga.

Vani, en la ruta con su bicicleta

 

—¿Los viajes los haces sola? ¿Qué dice tu familia de esto?

Hice viajes a dedo por el norte y parte de Bolivia con una pareja, y mi primer viaje en bici fue con una amiga, pero cuando ya se volvió sin retorno y más lejos arranqué sola. Siempre fui muy decidida en este sentido y creo que a mí familia no le quedó otra que apoyarme porque el miedo siempre está, más que nada en mi papá, pero también un poco fueron los “culpables” (risas), porque nos fuimos de Entre Ríos cuando yo tenía 6 años y tengo muchos recuerdos de ir de vacaciones a acampar al río semanas enteras. Yo volvía feliz, y la misma sensación que tenía de peque la tengo ahora cada vez que hago un viajecito, aunque sea corto. Después, con los familiares que quizás cuestionaron un poco mi iniciativa, la respuesta siempre era: “bueno, pero andá a decirle que no a la Vani”. Me gusta mucho cicloviajar, es casi para lo que trabajo, intento mejorar mi equipo cuando puedo, y viajar cada vez menos dependiente de las ciudades grandes.   

—Actualmente vivís en Pedro Luro, donde llegaste a través de uno de estos viajes…

—Sí, sí, ahora estoy en Pedro Luro. Llegué en bici y por vueltas de la vida conseguí trabajo, así que decidí quedarme y el tiempo fue haciendo lo suyo. Es un lugar que me gusta mucho, me da tranquilidad y me permite seguir entre paisajes un poco.

—¿Tenés un entrenamiento previo? ¿Cómo te manejas con el viento de la zona si te toca en contra?

—El entrenamiento se hace un poco cada día: cualquier hueco que tengo lo uso para pedalear, no hay soluciones mágicas, es un ejercicio diario. Si hay mucho viento, uso los cambios para alivianar y sigo. Siempre digo que al viento lo uso para generar resistencia, porque después sin viento la bici te lleva a vos prácticamente.

—¿Cómo preparas un viaje?

—Primero preparo la ruta con pueblos a unos 60-70 kilómetros de distancia. Cuando la distancia es más larga, como de Villalonga a El Cóndor, salgo bien temprano, antes de que salga el sol, con el celular y parlante bien cargados, comida nutritiva y mucha agua. Si se hace de noche, generalmente me ofrecen llevarme, pero me ha pasado pocas veces. Llevo solo lo esencial: carpa, aislante, bolsa de dormir, hornillo, el equipo de mate infaltable, utensilios para comer, mudas de ropa de verano, capas de primera piel para el frío y campera abrigada pero compacta.

Su despedida de Vidma para volver a Pedro Luro

 

—¿Cuál es tu próximo sueño con la bicicleta?

Seguir recorriendo, pero en línea recta, llegar a lugares como Tolar Grande, en Salta y algún día cruzar fronteras. Me encantaría aprender de la gente local, su forma de vivir, sus costumbres, sus comidas, y armarme un equipo práctico, táctico, de “tamaño camping” para no depender de ciudades grandes. No tengo contados todos los lugares que conocí, pero no son muchos, eh. Anduve por rutas como la 11, 2, 20, 3, 23, 40 y varias más… pero me falta recorrer muchísimo todavía y voy por eso.

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