HECHO EN VIEDMA
Un apicultor comprometido con la calidad y sostenibilidad de la miel
Juan Manuel Comancho es un productor apícola de la zona del Valle Inferior quien desde hace 30 años se dedica a la actividad, primero en la provincia de Buenos Aires y en los últimos 20 en Río Negro. Si bien su actividad principal es la de contador público, la producción apícola es su pasión.
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En diálogo con Hecho en Viedma para NoticiasNet, Comancho compartió los pormenores de su labor al señalar que “soy apicultor desde hace 30 años. Me mudé a esta región por razones familiares y aquí es donde encontré el espacio adecuado para seguir con esta apasionante actividad”, explicó.
Actualmente, gestiona cuatro chacras en la colonia agrícola del Valle Inferior, dos de las cuales son de agricultura biodinámica y una más se maneja sin agroquímicos. Esta elección refleja su compromiso con una producción responsable y sostenible.
La miel producida por Comancho, marca registrada como "La Obrera", es destinada principalmente a la exportación a granel. Cada año, él opera con un promedio de 150 colmenas, aunque ha llegado a producir hasta 200 en temporadas más productivas. Su miel es demandada tanto en Bahía Blanca como en la Capital Federal, gracias a su calidad que ha logrado posicionarse favorablemente en mercados europeos y estadounidenses.
En tal sentido, señaló que “la miel que produzco es para exportar a granel y la denominación es La Obrera, así también se llama el establecimiento apícola”, en este orden añadió que “los apicultores chicos, de la zona, lo que hacemos es producir miel que luego vendemos a los acopiadores para exportar porque la producción argentina es muy pedida en el mundo”.
Al respecto, señaló que “colocamos nuestra miel en tambores de 300 kilos, y no exportamos directamente; sino que trabajamos con acopiadores que realizan un proceso de homogenizado para asegurar que cumple con los estándares internacionales”.
Este proceso incluye clasificar la miel por color y calidad, asegurando que no contenga residuos químicos ni adulteraciones, lo que es esencial para mantener la reputación de la miel argentina en el extranjero.
Sin embargo, Comancho también destacó los problemas que enfrenta la apicultura en la región, particularmente la creciente utilización de agroquímicos en la agricultura intensiva. “El cultivo de soja y otros cereales viene desplazando la diversidad floral necesaria para las abejas. Aunque en nuestra zona no hemos sufrido grandes pérdidas por este motivo, hay otros productores que sí han enfrentado serias dificultades”, afirmó.
El apicultor también lamentó la falta de herramientas analíticas en Argentina para determinar las causas de mortalidad en las colmenas, ya que las abejas pueden volar hasta tres kilómetros desde su colmena y es complicado rastrear la contaminación específica de un campo en particular.
Este año, Comancho diversificó aún más su emprendimiento al comenzar a producir propóleos y cera, subproductos esenciales que ofrece la colmena. A pesar de ser un negocio familiar, cuenta con el apoyo de estudiantes de la Escuela Secundaria de Formación Agraria (ESFA) durante la temporada de cosecha, fortaleciendo así la conexión entre educación y trabajo rural.
En este contexto, Comancho se prepara para la invernada de sus colmenas, priorizando que las abejas cuenten con reservas de miel para enfrentar el otoño e invierno, en lugar de alimentarlas con jarabes, lo que considera más saludable para los insectos.
La labor de Juan Manuel Comancho no solo se centra en la producción de miel, sino también en la promoción de una apicultura sustentable que respete el ciclo natural de las abejas, adaptándose a los desafíos del entorno y buscando siempre la mejora continua en la calidad de sus productos.
Según remarcó que “este es un emprendimiento familiar, pero en temporada de cosecha hay chicos egresados de la ESFA que nos dan una mano. Ahora estamos en la época de recolección y luego iremos preparando todo para que las colmenas tengan una buena invernada, para que puedan pasar el otoño e invierno con reserva de miel”.
Para cerrar añadió que “en otros lugares para atravesar las invernadas a las abejas las alimentan con jarabe, pero para mi es más sano que tenga su reserva de miel y eso es lo que hacemos”.