Trabajar con calor: hay oficios que los viedmenses hacen a pesar del sol fulminante
Si bien da la sensación de que el verano no termina de instalarse en Viedma, cada tanto se viven jornadas sofocantes. Días en los que se recomienda no salir en determinados horarios, evitar la exposición directa o tomar recaudos. Sin embargo, algunos se transforman en víctimas del llamado golpe de calor, pero saben que no pueden parar, pues significaría un día de pérdida para su economía.
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Hay casos en los que no queda otra. Profesiones y oficios que obligan a estar en la calle y sin reparo en cualquier momento, por lo tanto NoticiasNet buscó indagar en cómo es el termómetro de la calle en estos casos, en gente que está obligada, porque debe llevar el pan a la casa.
Una actividad que salta a la vista en la calle es el de los albañiles. Si la obra está recién comenzada, más precisamente cuando todavía no se colocó el techo, no tienen sombra a mano. Es una exposición completa, en andamios y haciendo fuerza.
“En nuestro caso tenemos horario de verano. Entramos a trabajar a las 7 y a las 3 de la tarde ya no vamos. Hay días que entramos 6.30 y te vas media hora antes. Igual agarrás mucho sol, pero ya estamos acostumbrado. Con una gorra y es fundamental no sacarse la remera, porque te quemas toda la espalda. Incluso cubrirse la zona del cuello, después te arde todo sino. Pero como que no está haciendo mucho calor, algunos días sí, pero hasta ahora fueron pocos”, contó Carlos desde una obra en Las Carmelitas.
Por su parte, su compañero Diego, aportó: “Ya estamos acostumbrados a trabajar bajo el sol. Hay que hacer el esfuerzo de venir temprano, total después te dormís una siesta. Bueno, el que puede, porque tengo un hijo así que llego a mi casa y salimos con la familia para el río, a pasar la tarde bajo las plantas. No queda otra”.
Otro caso distinto dentro del rubro es el de los que trabajan en la construcción, pero de manera particular. En la obra que está en Tucumán y Urquiza se da una situación así. “No queda otra que hacerle frente. A veces el sol está fuerte, pero no queda otra. En nuestro caso trabajamos las horas que haga falta…8, 9, 10 horas”, contó Juan Carlos.
“A veces tenés que terminar y te quedas hasta terminar. O tenés que pagarle a los muchachos, la comida en tu casa…muchas veces no te queda otra y más allá del calor tenés que trabajar igual las horas que haga falta. Esto no es una empresa que cumplís horario, nosotros trabajamos sin horario”, enfatizó.
Los lancheros también están todo el día yendo y viniendo, subiendo y bajando de la lancha para amarrar y ayudar a la gente a subir y bajarse. Ante la consulta a Claudio, contó: “En el río siempre es más fresco que en la ciudad, pero vamos con ropa liviana, sandalias, pantalón corto y gorra. Infaltable el agua con hielo”.
Y si del río hablamos, nos encontramos con los vendedores, con los clásicos churreros, por ejemplo. Santiago y Fernanda llegan siempre a un punto de la costanera y sale uno para cada lado, para cubrir tramos parecidos.
En el caso de Santiago manifestó que el calor no lo afecta, que cambia nada más allá de que tiene en cuenta usar ropa clara y cómoda. Fernanda, en cambio, contó: “Mientras se pueda, voy caminando por la sombra para evitar el sol directo. La gente ya te conoce y si quiere comprar te llama”.
La situación los taxistas es particular. Ocurre que andan en auto, tienen aire acondicionado, pero no todos lo usan. Tener las ventanillas abiertas, si el aire es caliente, no ayuda de mucho. Pero en tiempos de crisis, de pocos viajes, no queda otra que hacerle frente.
“Algunos es por el gasto de combustible, sí. En mi caso es porque me hace mal mucho aire, por eso prefiero los vidrios abiertos. Cuando sube un pasajero le pregunto si prefiere el aire, a muchos no les gusta tampoco, porque después se bajan y ese cambio de clima te enferma”, contaron desde la parada del Hospital Zatti.