“Sentí que me moría”: la víctima del intento de homicidio en San Javier rompió el silencio por primera vez
En la continuidad del juicio contra Richard González Conrado, por intento de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, ocurrido el 22 de julio de 2024 en San Javier, esta mañana se produjo el testimonio más esperado: el de la víctima.
Marcos Quiroga, trabajador de la cebolla de 27 años, que sufrió la amputación de su brazo derecho, habló ante el tribunal compuesto por Marcelo Chironi, Ignacio Gandolfi y Guillermo Bustamante.
A través del relato de la fiscal, Mariana Giammona, se pudo reconocer que hubo dos momentos claves en la madrugada de la locura. Primero, el paraguayo González Conrado dijo que Quiroga le rayó el auto, se bajó con una cuchilla y quiso apuñalarlo a él y a otro compañero llamado Francisco Amaya. No pudo, por lo que se fue hasta su casa que está a la vuelta y volvió con una escopeta, donde disparó a matar contra Quiroga.
Se pudo evitar su muerte por la rápida atención del médico del Centro de Atención Primaria de San Javier. Quiroga estuvo internado cinco meses en el Hospital Zatti y sufrió la amputación del brazo derecho. Hasta hoy sufre las consecuencias severas y no puede hacer nada sin ayuda.
La fiscal Giammona narró: “Tuvo intención de matar deliberadamente, con un arma con capacidad de daño grave a corta distancia. Hoy (por Quiroga) su calidad de vida no es igual ni tampoco lo volverá a hacer. No tiene autonomía para hacer sus tareas, atraviesa una difícil etapa de su vida. Y, el imputado, no se arrepiente de lo que hizo”.
Vale subrayar que el damnificado pidió hablar sin la presencia de González Conrado, que debió ser trasladado a una sala anexa y siguió el testimonio vía Zoom. Mientras Quiroga hablaba, él hizo varios gestos con el seño fruncido y profirió varias palabras que no pudieron ser escuchadas, porque estaba silenciado.
La palabra de la víctima
Quiroga entró con vergüenza, ese mismo sentimiento que padece desde que no se ve al espejo de la misma forma. Nervioso, con el llanto fácil, con un trauma que aún lo persigue en sus pesadillas. Estuvo en San Javier durante tres temporadas consecutivas, con la cosecha de la cebolla que se da entre enero y octubre, casi todo el año. Ahora no quiere ni volver a estar cerca y permanece en su Santiago del Estero natal.
En su testimonio, Quiroga comentó que todo arrancó cuando González Conrado pasó a toda velocidad en su auto, cerca de las 2 de la madrugada. "Le dijimos que pase despacio, que había criaturas, se bajó rápido con una cuchilla para encararlo a Francisco Amaya, que se resbaló y se cayó. Retrocedimos e ingresamos a la casa”. En ese instante, la novia del paraguayo se fue en el auto y éste quedó solo.
Con sed de revancha, el sujeto se fue corriendo hasta su casa que estaba a la vuelta, y luego volvió con un arma. “Sacó una escopeta y nos corrió a todos. Yo quedé en el patio de la casa esquina, estaba parado donde había una parra. Tenía miedo de que me dispare, me pedía que llame a mis compañeros, pateó el portón y me apuntó con el arma. Me dijo que saque a mis compañeros, le dije que había criaturas y que se vaya”, indicó.
Seguidamente, pronunció: “Esta bala es para vos por tus compañeros, me disparó y me alcancé a correr. El proyectil me atravesó y tenía mucho miedo. Pedí por favor a mis compañeros que llamen a una ambulancia. Hacía mucho frío, tenía mucho miedo de morirme”. Tras enunciar esa palabra, se quebró en llanto y tuvieron que ir a un cuarto intermedio por varios minutos.
Después de ir al baño y recibir aliento de su hermano, Quiroga volvió para testificar: "Me arrodillé en el piso, me disparó y siguió con el arma agarrada, como que quería cargarla. Y después se fue. Estaba muy cerca, a unos tres metros. Sentí ruido de vidrios, yo trataba de que no me salga más sangre y pedí auxilio para que venga una ambulancia. Mis compañeros me vieron tendido en el piso y llamaron a la ambulancia. Recuerdo que estaba muy hinchado, el brazo estaba muy hinchado y me dolía muchísimo a pesar de que me ponían medicamento, no aguantaba el dolor”.
“Sentí que me moría, fue una sensación muy fea. Sentí que me quedaba sin sangre, sentía frío. No recuerdo cuando me dieron asistencia médica. Estuve cinco meses internado. Me llevaron a sala común, tenía el brazo muy hinchado y los dolores nunca bajaban. Me pusieron una prótesis y la rechazó, la reventó, me salía mucha sangre. Me dijeron que tenían que cortarme el brazo, sino podía perder la vida. Me llevaron a terapia y me amputaron el brazo. Luego, me puse muy mal, sentí mucho miedo, estaba nervioso. No quería aceptar que estaba sin mi brazo”, explicó con la voz quebrada.
Vergüenza y dependencia
En otro tramo de su descargo, Quiroga reconoció que ya no es el mismo que antes. La fiscal Giammona le preguntó: “¿Cómo sigue tu vida?”. A lo que respondió: “Me afectó muchísimo, no puedo depender de mí mismo, yo hacía todo con mi mano derecha y no puedo hacer nada por mí mismo. Trabajaba en la cebolla, mecánica de moto, construcción, trabajos rurales en el campo con zapallos, y ahora no puedo hacer nada”.
“Yo empecé a trabajar desde los 14. Ahora me sustento con mi cuñado y mi hermana, sustentan mis gastos, trabajan en un aserradero. Antes me sustentaba por mí mismo, trabajando. Tengo una hija de 10 años, siempre dependía de mí mismo”, completó.
En cuanto a cómo se siente emocionalmente, manifestó: “Tengo vergüenza cuando salgo a la calle, ya nada es lo mismo, no puedo salir a la calle”, a la vez que desestimó haber tenido una pelea o un móvil que haya motivado el ataque: “Yo nunca tuve un conflicto previo. No lo conocía, nunca lo había visto ni había tenido contacto con él. Nunca tuve ninguna discusión”.
“El tipo estaba muy alterado y muy decidido en lo que quería hacer. Yo le dije que ya no estaban mis compañeros, que se vaya para no meterse en problemas. Yo quedé paralizado. Él siempre me apuntó con el arma”, mencionó.
Para encuadrar el caso en que nunca hubo un arrepentimiento de González Conrado, la fiscal leyó un mensaje que éste le envió a su pareja horas después. En el mismo decía: “No hay que arrepentirse, no hay marcha atrás. Son patoteros".