Riesgo sanitario en Río Negro: denuncian debilitamiento de la barrera zoofitosanitaria
El debilitamiento de los controles sanitarios en la barrera zoofitosanitaria patagónica, especialmente en la región de Río Colorado y La Adela, genera alarma entre los trabajadores del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Según denunció Walter Wertmuller, delegado de ATE en el organismo y miembro de la Coordinación Nacional, el cierre del puesto ubicado en La Adela -sin una resolución formal que lo respalde- deja expuesta una zona clave en la prevención del ingreso de plagas como la mosca de los frutos.
“Hoy a todos los trabajadores los mandaron a trabajar al puesto de Río Colorado y el puesto de La Adela lo levantaron”, aseguró Wertmuller en diálogo con el programa "Tocá Madera" de Radio Noticias (105.5 MHz). “No existe ningún tipo de normativa vigente que habilite ese movimiento. Los puestos son fijos y están regulados por la resolución 115/01”, explicó.
La localidad de La Adela, ubicada del lado pampeano del río Colorado, funciona históricamente como un punto de control para evitar la introducción de plagas en el territorio patagónico, como la mosca de los frutos. Wertmuller detalló que en cada puesto se instalan trampas con feromonas para detectar insectos, y que se realizan decomisos diarios de frutas y vegetales que se trituran y destruyen mediante entierros sanitarios.
“Siempre hay casos en los que una mosca eclosiona, y al estar tan cerca de las chacras, como ocurre en Río Colorado, el riesgo es mayor”, advirtió. Además, agregó que aún no hay resolución oficial que respalde la clausura del puesto: “Creo que al mes y medio recién se dio la orden desde la Dirección Ejecutiva del Senasa, pero esa decisión debería haber salido por resolución del organismo”, dijo.
El delegado de ATE trabaja desde hace 18 años en la barrera, desde la época de la Fundación Barrera Patagónica (FunBaPa), y remarcó que este tipo de cambios debilitan los controles zoosanitarios que históricamente protegieron el estatus de la región.
La barrera patagónica comenzó a operar en los años noventa como un sistema novedoso y resistido, tanto por transportistas como por turistas. “Era un gran dilema, porque la gente no entendía que no podía ingresar alimentos. Hubo muchas peleas y discusiones”, recordó Wertmuller.
También hizo referencia a la flexibilización de los controles que hoy permite, por ejemplo, el ingreso de carne con hueso. “Tenemos puestos levantados, flexibilizaciones que no pensamos que iban a suceder. Se dio un grado de permeabilidad que no es favorable para el trabajo de tantos años”, advirtió.
Por otro lado, Wertmuller se refirió al impacto que esta situación genera sobre los trabajadores de los controles sanitarios, quienes históricamente han enfrentado situaciones de tensión con el público. “El trabajo del barrerista es complejo, arduo, con un desgaste psicológico bastante grande. Todos los días tenemos discusiones, malos momentos, y hay que saber sobrellevarlo”, expresó.
Entre los incidentes mencionados, relató casos de amenazas y violencia en puestos como los de 25 de Mayo y Catriel, y un hecho grave ocurrido en Bahía Blanca: "Un compañero fue herido con un arma de fuego. Una persona llevaba un arma cargada en la ropa, se bajó del vehículo y aparentemente se disparó sin intención. Le ocasionó un disparo en la mano y perdió parte de la misma", recordó.
Además, señaló que han ocurrido accidentes cuando conductores intentaron evadir los controles. “Algunas personas no frenan, y terminan colisionando con otros vehículos y apretando a trabajadores”, explicó.
Ante estos episodios, Wertmuller subrayó la necesidad de contar con apoyo policial permanente en los puestos. “En una época había presencia de Gendarmería o Policía Federal. Es indispensable para poder trabajar de forma segura y transparente, tanto para el personal como para quienes circulan”, indicó.