2024-12-31

Leivas, el único y último que mantiene en pie el oficio de la tintorería en Viedma

Cumplió 50 años entre solventes y planchas de vapor. Algunos clientes no aparecieron más y dejaron prendas de clavo en estos años.

A pesar de su declive con la desaparición de varios locales entre Viedma y Patagones, el oficio del tintorero sigue teniendo un gran valor. Las prendas tratadas por un profesional como el caso de Héctor Leivas suelen tener una mayor durabilidad y un acabado superior al que se puede obtener en casa. Además, la personalización y el cuidado que ofrecen este artesano y su familia son cualidades difíciles de encontrar en la actualidad.

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Este sesentón, inicialmente albañil, se hizo en el rubro como ayudante. –tras cumplir con el servicio militar en Bariloche. Acompañó observando a un conocido tintorero –Aníbal Barilá-, quien desde la década del ’60 instaló el primer negocio en Saavedra 632 de esta capital.

Fallecido el dueño original, y luego de seguir sus pasos la familia hereditaria, con el correr de los años la continuidad recayó en Leivas porque los dueños originales decidieron alquilar el negocio al empleado en el mismo lugar y en un taller que sigue impregnado por el característico aroma a solvente y con altas perchas donde cuelgan la ropa en forma esmerada.

“Las manchas de aceite salen con el solvente que está dentro de un tambor como si fuera un lavarropas –y que es caro- pero las más difíciles son las de perfumes, y a veces la gente se resigna cuando no salen aceptando la situación”, contó a NoticiasNet durante una visita al céntrico local donde cuenta con el apoyo en la atención de su esposa e hija.

Al taller sólo entra él que este año lleva cumplido 50 años de actividad desde 1974. Sin embargo también suele atender a la clientela cuando aparece con un trabajo que se presenta como una verdadera utopía. Hay desafíos, luego de una fiesta. Por caso, cuando llega al mostrador un vestido largo que tiene manchas de Fernet, vino y restos de barro, y que suele demandar un día de trabajo por espacio de ocho horas.

Más allá del puntilloso trabajo que desarrolla, a veces se encuentra con algunas dificultades cuando los clientes dejan las prendas y desaparecen como si se lo hubiera tragado la tierra dejándole un verdadero clavo. Antes de profundizar en el tema aclara: “ahora algunos vienen porque cuidan más la ropa en estos tiempos de crisis, pero tengo prendas limpias de años anteriores”.

Leivas,  sin inmutarse de la situación por la que tuvo que atraversar, apuntó en ese sentido que “algunos dejaron teléfonos pero no responden y tengo pantalones que limpié hace cuatro o cinco años, y por ahí está colgado un tapado que me lo dejaron el 17 de septiembre de 2016.

Admitió que la tarea en una tintorería, tan común y esencial en la vida cotidiana, se encuentra hoy al borde de la extinción. No obstante, el solvente y el vapor de las planchas en Saavedra se mantienen y además sentenció: “recibimos trabajos desde una amplia zona, y voy a seguir mientras pueda”.

Aunque el número de locales de este rubro ha disminuido drásticamente, aún existen algunos profesionales como el caso de Leivas que mantienen viva esta tradición, y el oficio tiene futuro por sus características artesanales debido al creciente interés por la sostenibilidad y la moda de lucir prendas sin manchas.

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