El déficit de la balanza comercial turística comienza a ser un problema
Está en el gen del ser argentino aventurar cosas nuevas, y esto lo lleva a la práctica haciendo viajes (entre otros muchos haceres más), máxime cuando el dólar está barato o comienza a abaratarse.
Cuando esto último se da -condición necesaria, no suficiente-, comienza el éxodo argentino hacia el exterior.
En el primer semestre del año, el turismo emisivo (turistas desde Argentina al exterior), demandó 3.900 millones de dólares, lo que arrojó un saldo deficitario del sector de 1400 millones de dólares. Esto surge de netear a los egresos de turistas nacionales los ingresos de foráneos a nuestro país.
Si hacemos una proyección lineal, sin ponderar que a fines de este año se terminaría con el impuesto PAIS (grava con 15 % los gastos que se realizan en el exterior a través de tarjetas de crédito), el turismo emisivo demandaría aproximadamente 7.500 millones de dólares, arrojando un déficit que rondaría los 2.500 millones de dólares.
Esto manteniendo todas las variables sin modificaciones, hecho este que no se ajusta a la realidad en virtud que la Argentina empieza a ser muy cara para el turismo internacional, de modo tal, que es altamente probable que empezaran a bajar muy ostensiblemente los ingresos de turistas extranjeros, y por ende el ingresos de divisas, a nuestro país.
Obviamente, esto sucede, sucedió y sucederá siempre que la tasa de cambio sea favorable para poder viajar al extranjero. Ahora bien, se le presenta al Gobierno de turno un gran dilema (de mínima objetivos en conflicto). Por un lado la necesidad, y exigencia del FMI de incrementar reservas -actualmente negativas en USD 4000 millones netas- para hacer frente a vencimientos de deuda, pago de importaciones; posible liberación del cepo y venta de dólar ahorro, entre algunas otras de menor significancia.
Y la imposibilidad de ir en contra de sus “dogmas” políticos donde el bien más preciado es la libertad del ser humano para poder, entre otras cosas, salir y entrar al país cuando se les plazca.
Imaginarse aplicar cualquier tipo de restricción para salir del país (vía impositiva o física), es ir en contra de sus principios filosóficos-políticos, de modo tal, que esto empieza a ser un problema importante a mitigar en lo inmediato.
Hoy ya empieza a ser más barato vacacionar en destinos de playa all-inclusive del exterior que en los destinos consolidados de Argentina, ni hablar en algunos ABC1 de la costa atlántica bonaerense.
El gobierno actual no ha puesto al Turismo en la posición que debería ocupar, y no hablo de superestructuras -léase Ministerio-, sino de ponerlo en agenda y darle la importancia que merece a este sector que sigue siendo uno de los grandes empleadores de la economía real (es y seguirá siéndolo por mucho tiempo por ser mano de obra intensivo).
Uno de los pocos sectores no subsidiados, con gran efecto multiplicador y con una oferta atomizada a diferencia de otros sectores monopólicos u oligopólicos.
No es compatible con las necesidades del país financiar viajes al exterior -vía tarjetas de créditos- con dólares que se necesitan como el agua (máxime si se cumple la eliminación del impuesto PAIS definido para el día 23/12/24).
Como tampoco es compatible con las ideas del Gobierno actual poner trabas a las salidas del país, porque esto significaría una contradicción con sus ideas libertarias.
Considero, desde mi opinión, que la única manera de salir de esta encrucijada es percibiendo en dólares billetes, todo “gasto” en Tarjeta de Créditos que este devengado en moneda extranjera, a la tasa de cambio que se obtenga de la conversión de divisas internacional.
Esto implicaría un efecto neutro para el BCRA en el entendimiento que no debería dispensar dólares para hacer frente a estos pagos, cosa que hoy no sucede. Un ejemplo para explicitar lo manifestado, si se va a algunos de los países que conforman la Eurozona y se consume con Tarjeta de Créditos, la facturación primaria será en Euros luego se convertirá en dólares a la cotización que corresponda el día del cierre del ciclo de la tarjeta de créditos (hoy 1 euro igual USD 1,097) y el usuario deberá hacer el pago en esta última divisa.
Considero que hay que ser proactivos y creativos a la hora de mitigar este agujero fiscal para no tener más adelante que apelar a medidas reactivas que no harán más que perjudicar a los potenciales viajeros.
Asimismo, no se vislumbra otra manera de compatibilizar macroeconomía con política oficialista libertaria.