PULSO ARTÍSTICO
El resurgir de "El Tigre" Tarruella en un emotivo viaje musical
Luis Tarruella, conocido cariñosamente como "El Tigre”, es un renombrado zapatero de la Comarca Viedma-Patagones y también un apasionado músico. Su trayectoria musical siempre estuvo marcada por su pasión por el folclore. Sin embargo, pocos conocen que su dedicación a la música surgió de una tragedia personal devastadora: la muerte de su hijo debido a problemas cardíacos.
La pérdida de su hijo a comienzos de la década de 1990 dejó a Luis sumido en un profundo dolor. Según comentó a NoticiasNet, "en ese momento me había encerrado con mi dolor, no tenía ganas de trabajar, no tenía ganas de hacer nada”. Esta debacle emocional lo llevó a aislarse del mundo exterior y casi abandonar su vida diaria.
En medio de su desesperación, una luz de esperanza apareció de la mano de "Don Arriola", el profesor de música de la escuela primaria N° 200, del barrio Zatti. Arriola, quien conocía sobre la afición del padre de Luis por cantar tangos, insistió en involucrar a Tarruella en una actividad comunitaria que cambiara el curso de su vida. Así es que, a pesar de no saber tocar la guitarra, comenzó a ayudar a un grupo de chicos que estaban aprendiendo este instrumento, bajo las consignas de Arriola.
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Luis recordó aquellos momentos con claridad y gratitud: “El profesor me enviaba a un grupo de chicos para que los ayudara y los escuchara ejecutar la guitarra”. Estos pequeños pasos fueron cruciales en su proceso de recuperación. La música, y el contacto con los jóvenes alumnos, le proporcionaron una nueva fuente de energía y propósito. Con el tiempo, este noble empeño se transformó en una pasión desenfrenada por enseñar y promover el folclore en la región.
Gracias a la música, Luis logró superar uno de los periodos más oscuros de su vida. Hoy continúa compartiendo su amor por el folclore y sembrando su conocimiento tanto en niños como en adultos. La historia de Luis Tarruella, el "Tigre" de la Comarca, es un testimonio viviente de la capacidad del arte para sanar, consolar y devolver la pasión por la vida.
En banda
Este grupo de adolescentes que estaba tomando clases de guitarra en la escuela 200 son hoy, Rubén Lemuer, Sergio Kreiber, Julio Casiano y Manuel Huenchul. Al respecto, Luis manifestó risuñeamente que “en esa época tenía como 40 años de edad, los chicos venían y los escuchaba. Cuando nos hicimos amigos me decían 'toque algo Don Tarruella y les decía no, me retiré, no me iba a tirar abajo´.....”.
Los encuentros siguieron hasta que “un día me dicen: 'cántese algo Don Tarruella', y les anuncié un vals. Cuando terminé de cantar me dijeron 'pero que linda voz que tiene Don Tarruella, nosotros queremos salir a mostrarnos..., acompañenos con su voz, el profesor no nos lleva nunca a las peñas...'”. Y bueno así empezó una nueva etapa en mi vida”.

Presentación
Por aquellos años, década del ´90 en esta ciudad habían muchas peñas folclóricas. Al respecto, Tarruella recordó que “agarré y les dije “tráiganme un casette de (Horacio) Guarany las aprendo y salimos un sábado, si va bien seguimos, sino volvemos a casa”.
A la semana siguiente, el zapatero tenía aprendidas las canciones. "Los chicos tocaban lindo y las canciones salían bien. Fue así que un sábado fuimos a una peña en el salón de usos múltiples del Servicio Penitenciario, ubicado en Alvaro Barros y Zatti”, apuntó.
Recordando esa primera fecha, Luis señaló que “nosotros como éramos nuevos y nos dejaban para lo último. Subimos como a las dos de la madrugada y para esa hora el público estaba alegre. Comenzamos a ejecutar los clásicos de Guarany, y fue un éxito, la gente se sacaba la camisa, aplaudía y bailaba, la verdad que nos fue muy bien”.
Esa histórica presentación también le dejó como legado el nombre artístico, fue así que nació y quedó grabado para muchos asistentes a los espectáculos: Luisito Tarruella “El Cantor Rionegrino y su conjunto”.
Con el correr de los años, comentó que “los chicos fueron creciendo y empezamos a trabajar muy bien, buscamos más músicos y lo convocamos a “Coco” Antonio, lo acerqué a casa y comenzamos armar grupo para salir afuera, a otras ciudades”.
Homenaje a Guarany
Una sorpresa vivió en la inauguración del salón de Club Amigos del balneario El Cóndor. Habían contratado a Guarany, y el conjunto de Luisito estaba presente en la grilla pero no los dejaban subir al escenario porque había prioridades.
Pasaban los músicos, y nada para el grupo de Tarruella. Esa noche Guarany se demoró, y los organizadores no tuvieron más remedio que presentar al grupo que estaba preparado como los boys scouts: siempre listos, y además la figura carismática del canto criollo, no aparecía por ningún lado.
Sobre esa noche Luisito evoca que el conductor de la velada "nos pregunta si queríamos cantar" por que "a Guarany le pasó un problema y salió con retraso de Bahía Blanca. Suban, pero si llega Guarany les hago una seña y tienen que cortar".
Los muchachos de "El Tigre" se dieron cuenta que recién al cuarto tema apareció el hombre del “vino, la amistad y un cuerpo humano como una máquina perfecta”. El organizador amenazaba con bajarlos, y Guarany les dijo: "No, no...., déjelos cantar, lo hacen muy lindo y encima no me imita, canta mis temas con su voz y eso es hermoso”. Seguimos tocando, al público le gustó y fue una linda anécdota con Guarany”, recordó Tarruella.

Las presentaciones siguieron durante toda la década del '90 hasta mediados de 2005, incluso contando con una peña propia que la bautizaron La Casa del Cantor Rionegrino, lugar de encuentro para los folcloristas de la Comarca y la región.
Otros músicos que acompañaron a Luis Tarruella fueron: Ricardo Navarro en teclados, Julio Casiano en guitarra, Marcelo Romero en batería, Pablo García bajo. En otro momento también se sumaron Oscar Antonio en teclados, Pablo y Néstor Quidel en guitarra y Eragio Antonio en el bombo.
En cuanto al apodo de “Tigre” surgió en el Club 2 de Abril, del populoso barrio Zatti, en uno de los tantos encuentros de fútbol barrial, pero eso es otra historia.