Avistaje de ballenas en Las Grutas: los valores y la experiencia vivida desde adentro
Siempre se suele hablar de Las Grutas como uno de los sitios por excelencia para pasar las vacaciones de verano. Las playas con aguas cálidas como caballito de batalla, sumado a todo lo demás, cada vez más gente elige el balneario de Río Negro para descansar. Sin embargo, por fuera del periodo estival, también tiene otros atractivos vinculados a la fauna marina.
En este punto, el avistaje de ballenas es uno de los más requeridos por aquellos que van a pasar el fin de semana o, incluso, para ir por un día, si es que se va desde un lugar cercano, como podría ser Viedma. Actualmente, las ballenas están en la zona y la experiencia de poder estar a tan sólo unos metros de estos majestuosos animales es única.
En la tercera bajada se encuentra Cota Cero, una de las empresas vinculadas al rubro más conocidas. La actividad suele comenzar a las 11 de la mañana (puede cambiar por las condiciones del tiempo, sobre todo por el viento), por lo que, si usted tiene pensando ir desde la capital rionegrina para el primer turno, con salir a las 8 le va a alcanzar para llega al lugar muy bien de tiempo. Una vez en el lugar se debe llenar una planilla y abonar la tarifa.
¿Los valores? Los adultos pagan 30 mil pesos y los menores de 11 años la mitad. Para tener en cuenta, si se paga en efectivo o a través de trasferencia bancaria, tiene un descuento de 5 mil pesos. En los tiempos que corren, una oferta para aprovechar. Este momento es un poquito engorroso si hay mucha ansiedad, ya que hay una persona recibiendo la documentación de todos y, para colmo, muchos tardan para entregarla, ya que leen el documento de principio a fin. El recorrido dura aproximadamente 2 horas (se extiende un poquito más si en el regreso aparecen ballenas nuevamente, ya que quien comanda la lancha no tiene problemas en parar), y súmele entre 30 y 45 minutos de espera antes de subir, pero estando en la playa pasan rápido.
Más allá de eso, todo cambia cuando uno se sube a la embarcación en la que ingresan unas 13 personas, todas sentadas y con sus respectivos chalecos, y se enfila para ver a las ballenas. La amabilidad de quien conduce, aportando datos todo el tiempo, sumado a la acompañante, una estudiante de Biología Marina, que también está atenta para responder todas las preguntas, le suman un plus.
En todo momento se respeta a los mamíferos, se para el motor del gomón a una distancia considerable y es el animal el que se acerca. En algunos casos, si no quiere sociabilizar, se va. Pero no se preocupe, porque enseguida se sale en búsqueda de otros ejemplares, y siempre hay grupos de ballenas dispuestas a acercarse y hacer de las suyas.
Verlas tan de cerca resulta indescriptible, sobre todo, cuando se cruza en el camino a una ballena con su cría. ¿El motivo? Hay que vivirlo, prefiero no adelantarle nada. Pero, de nuevo, tenerlas tan cerca, que pasen en cámara lenta por debajo de la embarcación, o a un costado, a al alcance de la mano, genera sonrisas, asombro y todo tipo de comentarios por parte de los tripulantes. El final es con un aplauso por el servicio brindado.