LA HISTORIA DEL CACHALOTE
La desaparición del esqueleto se suma a los misterios en el balneario El Cóndor
A pesar del frío 22 de junio de 2014, un pescador de El Cóndor se animó a trasladarse cuatro kilómetros de la bajada de Picoto en dirección a Playa Bonita, y se llevó una sorpresa. El hallazgo de un ejemplar macho de cachalote de 17 metros de largo y unas 40 toneladas de peso que había salido a morir a la playa.
El ejemplar fue encontrado semienterrado por Félix Sabatella, quien de inmediato avisó al delegado de la Fundación Cethus en la villa marítima viedmense. Un equipo de esa organización no gubernamental pasó gran parte de la jornada del sábado realizando extracciones de muestras para un posterior estudio de contaminación y genético.
Si bien se tomaron recaudos para que la gente no se acerque respecto de posibles enfermedades que podía transmitir, en un santiamén, una sudestada lo arrojó a un sitio más peligroso por la concurrencia de la gente, pese al invierno. Fue a parar a la bajada de Cailoto, donde en la actualidad funciona el parador Playa Bella.
Unos meses más tarde del mismo año, la Secretaría de Ambiente de Río Negro recibió el informe final de la recuperación de los restos óseos del cachalote varado en la playa del balneario El Cóndor.
En ese momento, se anunció el rescate de la totalidad de los huesos que se encontraban aún en el ejemplar y que corresponden a una parte importante del esqueleto. Sin embargo, hubo problemas para recuperarlo en esos días.
Una máquina que colaboró con las tareas de movilización de los restos, al intentar dar vuelta infructuosamente al ejemplar, extrajo accidentalmente la escápula derecha, que sufrió algunos daños menores.
La mayor parte de los órganos estaban en un avanzado estado de putrefacción, razón por la cual no fue posible conservar ninguna muestra. En ese marco, se dijo los restos permanecerían en el balneario, donde quedarán enterrados durante aproximadamente un año y medio, “como parte del proceso de limpieza de las partes blandas”, se explicó.
Se aclaró en ese momento que se habría perdido la mayor parte de las mandíbulas, la base del cráneo, la serie proximal de costillas derechas, las vértebras cervicales y las primeras vértebras torácicas. Luego se recuperaron del lecho de muerte original dos grandes maxilares que podrían corresponder al ejemplar en cuestión. Los materiales fueron cargados y transportados en camioneta con gran dificultad, dado su tamaño, y descargados en la Delegación Municipal para ser enterrados con los demás restos óseos.
Un año y medio después, una mandíbula que perteneció al mamífero marino fue exhibida en la Oficina Municipal de Turismo del balneario El Cóndor. La pieza ósea de 4,30 metros de largo y con 22 cavidades de 15 centímetros, donde estaban alojados los dientes, fue colgada hasta hace poco en una de las paredes del edificio ubicado frente a la rotonda de la avenida costanera.
Sin embargo, hoy no se encuentra allí con lo cual es un recurso menos para mostrar a los turistas. Tampoco se sabe qué ocurrió con el resto de los huesos que hipotéticamente fueron enterrados en un campo para recobrarlos una vez que tenga carácter cadavérico y posteriormente dejarlos como pieza de museo.
Su actual paradero es también una verdadera incógnita entre la comunidad de la villa marítima como también lo es el mascarón de proa del buque El Cóndor que naufragó en esas costas el 26 de diciembre de 1881.