A 8 años del femicidio de Karen Álvarez: el juez Mussi recordó cómo fue la investigación hasta resolver el caso
En el marco de Familiares de Víctimas de Hechos de Violencia, distintos personalidades vinculadas a la justicia y familiares que atravesaron por una situación de estas, expusieron en el Centro Cultural. La jornada se abrió con la palabra de la mamá de Karen Álvarez, la nena que fue muerta por femicidio hace 8 años.
En un momento, tomó la palabra el juez Carlos Mussi, que tuvo en sus manos esa causa. Ante uno nuevo desenlace de este fatal hecho, recordó cómo se vivieron aquellos momentos y el rol que tuvo la familia. Antes de introducirse, dio un panorama sobre como actuaba la Justicia antiguamente. “Antes investigaba el juez y sobre sus propios rastros, resolvía”, comenzó.
“Era una figura, en su momento, muy cuestionada. Y fue trabajo del legislativo para cambiar el código y llegar al que hoy tenemos, que es totalmente distinto. Pero antes era así; los jueces teníamos que investigar y sobre nuestros propios pasos, resolver. Intervenía un fiscal, un defensor que estaba atento y una víctima que no era tan protagonista como sí lo es hoy”, agregó Mussi.
Enseguida, agregó: “Antes a la víctima la teníamos sentada, con su familia, afuera del juzgado. Además, en el código anterior, teníamos 10 días para resolver la situación de los imputados. En ese tiempo tenías que tener algo claro para dejar detenida a la persona si es que correspondía. Sabemos que los primeros 10 días son fundamentales para estos hechos, porque lo que no descubrís en esos días ya después se torna más difícil”.
El caso Karen Álvarez
Luego, contó el caso Karen. “La familia nos ayudó muchísimo, nos traían posibles pistas, datos…nos juntábamos, les decíamos ‘por acá sí, por acá no’. En este caso diagramamos una atención urgente sobre las medidas de prueba, sobre el cuerpo de Karen, y eso nos arrojó -no me voy a olvidar nunca- resultados negativos en relación a ciertos órganos vitales”, recordó.
Enseguida puso el foco en el trato con los padres y allegados: “Nos íbamos juntando con la familia y le íbamos contando todo. Ellos se reunían conmigo y les decía que tenía los resultados de los ADN y los leíamos juntos. Esos resultados –repito- no fueron buenos, pero me quedaba la ropa de la nena, y ahí tuvimos un resultado muy importante. Encontramos ADN en el pantalón de la nena, en la botamanga, donde se generó el nudo con el que se le termina sacando la vida”.
Ese hallazgo fue primordial, y lo explicó: “Dejamos detenidas a una de las personas, porque el lugar en el que se encontró, además, fue fundamental, y me permitió seguir a uno de los imputados y soltar a los otros porque no teníamos elementos y quedó un detenido. Pero me acuerdo que en ese momento le dije a la mamá que no había sido sólo una persona la que había matado a Karen. Sí o sí había otro porque habíamos encontrado ADN de otro en las uñas de la nena”.
“La calificación jurídica en ese momento, la de la ecuación que nosotros entendíamos que le había hecho a Karen, la agresión sexual y luego la muerte, implicaba la pena máxima que el código tiene. Doblemente agravado, perpetua. Sin dudas. Pero había que seguir buscando y se hizo un poco más largo. Estuvimos 6, 7 meses buscando a otra de las personas, que luego termina siendo el confeso. En el debate oral y público se quiebra y cuenta lo que pasó”, recordó el juez como si fuera hoy.
Tras eso, volvió a referirse a la colaboración de los padres: “Ese nos costó un poco más, nos ayudó mucho la familia. Con ellos nos juntábamos una vez por semana y yo le contaba el paso a paso. Investigamos a 35, 40 personas, sacando ADN para cotejarlo…eso está prohibido por la ley, no se puede hacer, pero teníamos que trabajar sobre lo que la familia o el propio fiscal nos traían. Sobre todos había una sospecha, por eso lo hacíamos. De esa manera llegamos al segundo imputado. Unos que era compatible con el ADN debajo de las uñas de la nena”.
“Me acuerdo que faltaba un mes para que se cumpliera el año de la muerte de Karen. Esta persona, que tiene una sentencia firme, venía de tres ciudades distintas con distintos nombres. Tenía una causa por abuso en Mar del Plata. Siendo menor había violado un nene de 3 años. Se escapó de donde estaba y vino a Bahía Blanca, y de Bahía a Viedma…en las tres ciudades con nombres distintos. Venía de fugar se de lo que antes era un reformatorio, ahora lugar de contención, donde había llegado por un abuso. Pero al tener tres nombres distintos, nos hacía dudar si era él. Era una persona que no se había registrado nunca. Pero teníamos el ADN y eso no falla. Cuando el juez de allá me manda el expediente de ese caso, lo mandó a analizar para ver si era el mismo ADN que teníamos nosotros y ahí nos dio que era el mismo”, cerró el tema.