2022-07-27

El desgarrador posteo de la mamá de Agustina, a casi un mes del crimen: “No me puedo resignar”

Pasa el tiempo, pero alejarse de aquel 2 de julio fatídico para la familia Capello Fernández sólo traer más dolor. El tiempo no cura las heridas cuando son tan profundas.

A tres semanas del asesinato de Agustina Fernández, la familia sigue pidiendo justicia. Hasta el momento no hay novedades de relevancia sobre este hecho ocurrido en Cipolletti. Se analizaron cámaras, se realizó un identikit del supuesto asesino, y se ofrece una recompensa de 1 millón de pesos para aquel que aporte pruebas. Todo muy lento, y sin un camino fijo.

En el medio, la mamá de Agus que no puede más con ese dolor que tiene en su pecho. Silvina Capello, se refugia en las redes sociales. Allí recibe mensajes de aliento, de fuerza para este momento, pero también es su canal para desahogarse. Cada pensamiento que la invade, cada recuerdo sobre su hija, es volcado ahí, en su Facebook.

En las últimas horas volvió a ese lugar, para recordar cómo se inició el sueño de la joven de 19. La emoción de todos cuando viajó por primera vez a la ciudad de la tragedia para anotarse en la facultad y dejar todo preparado para luego iniciar su carrera de Medicina.

“Ese 9 de febrero viajamos por tu sueño hacia Cipolletti, lloraste la mitad del camino, decías: ‘maaa, me da miedo’. Ese día lo terminaste feliz, alquilando tu departamento, feliz de haber pisado la sede Toschi Medicina. Volvimos cansadas y agarradas de la mano en el colectivo...Me falta todo. Me haces falta, no me puedo resignar, te quiero acá conmigo”, fue el mensaje de Silvana.

A sus palabras le agregó una imagen de uno de los viajes que madre e hija realizaron juntas. Siempre con esa sonrisa imborrable que su mamá se encarga de describir, para que todo aquel que no la conocía sepa de lo que era.

En cuanto a la causa, hace 10 días se entrevistaron con el fiscal. Fue una reunión informativa, pero el viaje desde La Pampa, de donde son oriundo, no fue para nada sencillo. Los recuerdos se multiplican y no se pueden esconder. Ese día, tras la reunión, la señora comentó: “En el viaje tuvimos que poner balizas y parar para llorar”.  

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