Vaivenes de los precios de las materias primas, buena excusa para el encarecimiento de los productos finales
El desafío que invade a los comerciantes y a los consumidores es tratar de arreglarse como pueden cuando las materias primas vienen de afuera.
Uno de los productos más sensibles, y de utilización masiva en la mesa, es el pan que en la actualidad en Viedma ronda los 300 pesos el kilogramo.
Ya no hay desabastecimiento de harina al punto tal que ayer ingresó un transporte desde un molino de Carhué con 22.000 kilos para distribuir en la zona.
El contar con un recurso importante, que al parecer ya no escasea y se entrega sin inconvenientes, permite analizar el bamboleo que incide sobre el producto.
La bolsa de 25 kilos de harina cuatro ceros tiene un costo en su contenido específico de 1.820 pesos. A ellos, hay que incluir el flete y el 10,5% del Impuesto al Valor Agregado (IVA). El valor final, una vez bajada del camión, representan 2.400 pesos.
Los panaderos minoristas entienden que ese precio se clavará allí sin disminuir, aunque se trata de un aliciente porque antes de que el presidente Alberto Fernández anticipara la guerra con la inflación, los industriales viedmenses llegaron a pagar 3.000 pesos por bolsa.
Más allá de las fluctuaciones, hay preocupación en virtud de que en algunos mayoristas de la ciudad con venta al mostrador, la bolsa ronda los 4.500 pesos.