2019-07-08

Murió el periodista argentino Andrew Graham-Yooll

En su trabajo en el The Buenos Aires Herald durante la dictadura publicaba noticias sobre desaparecidos.

 

A los 75 años, el pasado sábado falleció en Londres el periodista y escritor Andrew Graham-Yoll, un hombre clave de los medios durante la última dictadura militar, cuando desde su trabajo en el diario The Buenos Aires Herald colaboraba con la difusión de las noticias vinculadas al tema de los desaparecidos, aún a riesgo de su propia vida.

Poeta, autor de libros de diversos géneros, gran entrevistador, Graham-Yoll era una personalidad muy respetada por sus colegas y lectores.

Fue director del periódico escrito en inglés Buenos Aires Herald y en la actualidad era columnista del Buenos Aires Time.

Poeta bilingüe exquisito, traductor de poetas argentinos, redactor de las más precisas cronologías del país que se puedan conseguir, publicó decenas de libros sobre distintos temas, inclusive una novela autobiográfica: Goodbye Buenos Aires. Fue defensor del lector y columnista del diario Perfil, publicó en Página/12 memorables entrevistas y cosechó amistades duraderas".

 

 

Exiliado desde 1976, Andrew Graham-Yooll (Buenos Aires, 1944) recién tuvo la oportunidad de volver a la Argentina como corresponsal del diario inglés The Guardian durante la guerra de Malvinas.

Entre abril y junio de 1982, tres veces por día enviaba cables con lo que veía en las calles: la reacción popular, los comunicados del gobierno militar, el espíritu "surrealista" que alternaba entre la euforia y la desilusión.

Mientras trabajaba en el Herald, hubo un allanamiento en octubre de 1975 donde le quitaron material que lo implicaba: una colección de Evita Montonera, revistas de Estrella Roja y El Combatiente que le enviaba el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo): "A las 3 de la mañana fui detenido y procesado con el alegre comentario: 'Te salvaste, pibe, porque eras boleta'", comentó. Justo, había nacido su hija.

En octubre de 1976 tuvo el juicio penal, ahí el juez federal le dijo que se fuera porque lo iban a matar.

Cuando le preguntó por sus archivos incautados, el magistrado le dijo que la policía ya los había vendido a la Universidad de Texas.

Sin embargo, y pese a haber sentido la violencia del terrorismo de Estado en carne propia, su postura no es de reivindicación de la lucha armada, al menos en los términos que se dieron: "¿Cómo gente intelectualmente hábil como Rodolfo Walsh, Juan Gelman y Paco Urondo, a quien yo sentía como un amigo, se permitió obedecer las órdenes de un energúmeno como Mario Firmenich? Espero que los archivos lo puedan explicar", concluyó.

 

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