Publicidad
 
29/10/2026

De dormir sobre la basura a pedir una radio para escuchar música: la historia que conmovió a Salud Mental en Viedma

Una intervención del Servicio de Salud Mental Comunitaria permitió que un hombre de 40 años dejara de dormir entre residuos y recuperara hábitos básicos.
Sandra Domínguez y una experiencia que canalizó en la exposición de este jueves en las XV Jornadas Hospitalarias en el nosocomio Artémides Zatti. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.
Sandra Domínguez y una experiencia que canalizó en la exposición de este jueves en las XV Jornadas Hospitalarias en el nosocomio Artémides Zatti. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.

Bajo el lema “La salud en territorio: el cuidado se construye entre todos”, este jueves continuaron las XV Jornadas Hospitalarias y IV Jornadas Zonales, organizadas por el Comité de Capacitación, Docencia e Investigación (CCDI) del Hospital Zatti de Viedma.

Lee también: Trabajadoras de la salud mostraron cómo acompañan a las familias en contextos complejos

En esta ocasión, se le dedicó un importante espacio a la cuestión de salud mental. Una de las disertaciones fue con la denominación "Señora, ¿me consigue una radio para escuchar música?". La pregunta de un hombre de 40 años se convirtió en el punto de partida de una reflexión sobre la salud mental, la exclusión social y el alcance de las intervenciones del Estado.

Después de pasar años con dificultades para aceptar acompañamiento, dormir sobre un cúmulo de basura y vivir en condiciones sanitarias críticas, el hombre volvió a su casa y pidió algo sencillo: escuchar música mientras se acostaba.

La historia fue compartida por la médica Sandra Domínguez, integrante del Servicio de Salud Mental Comunitaria. La exposición reconstruyó el trabajo interdisciplinario e interinstitucional que permitió intervenir en una situación que excedía ampliamente un diagnóstico médico.

Domínguez utilizó nombres ficticios para resguardar la identidad de las personas involucradas. Juan, como lo llamó durante su presentación, tenía un diagnóstico de psicosis, consumía sustancias psicoactivas desde hacía años y contaba con escasos recursos intelectuales. Vivía con su madre, Estela (también un nombre ficticio), de más de 70 años, en una situación que se había vuelto cada vez más difícil para ambos.

El caso puso sobre la mesa una pregunta central: ¿qué sucede cuando atender la salud mental requiere mucho más que medicación y consultas profesionales?

Una habitación convertida en un basural

Sandra Domínguez, interventora del área de Salud Mental y el caso de "Juan" (nombre ficticio), un paciente que demostró que la tarea debe ser interdisciplinaria.

 

El equipo realizaba visitas domiciliarias y era recibido habitualmente por Estela en un comedor limpio y ordenado. La mujer relataba las dificultades que atravesaba con su hijo, quien pasaba gran parte del día en la calle, a veces no regresaba a dormir y acumulaba objetos que encontraba y que consideraba útiles.

Sin embargo, durante un tiempo, los profesionales no llegaron a conocer el estado de su habitación. Cuando la madre finalmente se las mostró, encontraron un cúmulo de residuos sobre el que Juan trepaba para poder dormir. La habitación estaba infectada de cucarachas y representaba un riesgo sanitario para quienes vivían en la casa.

Estela le pedía reiteradamente que limpiara y ordenara, pero él postergaba la tarea. La mujer también temía que su hijo fuera vulnerable a que otras personas se aprovecharan de él, ya fuera para consumir sustancias, venderlas o quitarle dinero.

A la complejidad de su cuadro se sumaban el riesgo de que abandonara el tratamiento, las condiciones insalubres de la vivienda y las situaciones de agresividad que podían producirse cuando su madre intentaba que modificara sus hábitos.

Lee también: Consumos problemáticos en Río Negro: detrás del récord de consultas, una realidad que muta

El equipo había evaluado distintas alternativas, como administrar la medicación en el domicilio, sostener su concurrencia a dispositivos de atención e incluso promover una internación para estabilizar su cuadro. Pero Juan no aceptaba algunas de las propuestas y no siempre podía ser localizado.

La limpieza de la habitación también planteaba un problema concreto: su madre no podía realizarla sola, otros integrantes de la familia estaban agotados por la situación y él se negaba a colaborar.

"¿Quién saca un metro de basura de adentro de una habitación?", planteó Domínguez durante la exposición, al describir una problemática que no podía resolverse con las herramientas habituales del servicio.

Una red para intervenir donde no alcanzaba con la atención médica

La tarea de abordaje en el caso "Juan", requirió la acción de varias personas y no se concentró únicamente en el personal especializado del hospital. 

 

Frente a ese escenario, el equipo decidió ampliar la estrategia y sumar actores de distintas instituciones. El primer paso fue construir una red de comunicación que permitiera localizar a Juan y concretar la internación.

Participaron su madre, la terapeuta de ella, la guardia de Salud Mental, operadores del dispositivo Casas de Medio Camino y personal policial. La coordinación era necesaria para saber cuándo el hombre estaba en su casa y organizar el traslado.

Finalmente, Juan pudo ser internado. Allí se articuló una segunda red de trabajo, integrada por operadores de Salud Mental, enfermeros, profesionales de guardia, médicos psiquiatras y sus referentes familiares y terapéuticos.

El objetivo era sostener la internación, acompañarlo, favorecer el descanso, ordenar sus hábitos y garantizar que pudiera alimentarse en condiciones adecuadas. Pero la intervención no terminaba con la atención dentro del hospital. El equipo también necesitaba resolver las condiciones en las que Juan volvería a vivir.

Para eso se sumó una tercera red de contención, con residentes del servicio, un operador de Salud Mental referente del barrio, una técnica de la Defensoría del Pueblo municipal, personal de Medio Ambiente y la presidenta de la junta vecinal. También colaboraron la madre, una de sus hijas y algunos vecinos.

El trabajo conjunto permitió retirar 20 bolsas de consorcio con residuos de la habitación, colocar los desechos en un contenedor y realizar tareas de limpieza y fumigación con personal especializado. La intervención requirió elementos de protección y cuidados específicos por las condiciones sanitarias del lugar.

La experiencia también generó distintas reacciones entre los vecinos: mientras algunos colaboraron, otros expresaron su malestar por el movimiento que se produjo en el sector.

El regreso a casa y un pedido que cambió la mirada

Una vez que la habitación estuvo limpia y fumigada, Estela y una de sus hijas pudieron terminar de acondicionarla y pintarla. El municipio aportó un colchón nuevo, mientras que una cama fue donada. Desde un centro de salud también acercaron sábanas, una almohada y un acolchado.

Después de pasar 27 noches durmiendo en una cama del hospital, Juan regresó a su casa. Según relató Domínguez, durante 20 noches seguidas durmió en una cama limpia y no se ausentó durante la noche.

Su madre destacó que, en ese período, había podido conversar con él todas las noches. Fue entonces cuando, durante una visita posterior, Juan se acercó a Domínguez con un pedido inesperado: "Señora, ¿no me consigue una radio para escuchar música? Cuando yo estoy acostado me gusta escuchar música".

Para la profesional, esa frase condensó el sentido de toda la intervención. ¿Cómo se había pasado de un hombre que rechazaba las propuestas del equipo y no quería recibirlos en su casa a alguien que expresaba un deseo tan sencillo y pedía ayuda para concretarlo?

"No nos acostumbremos a naturalizar la precariedad"

A partir de esa experiencia, Domínguez llamó a revisar las formas habituales de intervención y a evitar que las situaciones de exclusión se conviertan en algo naturalizado.

"La salud mental es una cosa muy amplia", recordó, al retomar el enfoque de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, que reconoce la influencia de factores históricos, sociales, económicos, culturales, biológicos y psicológicos en los procesos de salud y sufrimiento mental.

La profesional sostuvo que el abordaje no puede reducirse a identificar a una persona como un paciente descompensado. Propuso, en cambio, reconocerla como un sujeto de derechos que puede estar excluido de distintos ámbitos de la vida social.

También cuestionó la tendencia a intervenir desde una sola institución, sin articular recursos ni incorporar a las personas involucradas en las decisiones. "No sumemos acciones, articulemos las mismas", planteó, al defender la construcción de redes interdisciplinarias e interinstitucionales.

Para Domínguez, el territorio no es solamente un barrio o un espacio geográfico: también comprende historias, pertenencias, desigualdades y situaciones de exclusión que deben ser consideradas para comprender las necesidades de cada persona. "Desde adentro de la institución no se puede ver el territorio, hay que ir a caminarlo", sostuvo finalmente.

Lee también: Femicidios, denuncias y prevención: la Unidad de Violencia recordó 30 años de lucha en Viedma

¿Qué opinión tenés sobre esta nota?