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17/07/2026

El dolor detrás del héroe: "Vi las peores pesadillas y hoy solo pido un tiempo para volver a la Tierra"

Damián Quillon, el rescatista de Viedma que arriesgó su vida en el trágico sismo de Venezuela, relató el horror de buscar sobrevivientes bajo los escombros.
El testimonio sin filtros de Quillon, tras desafiar a la muerte en los espacios confinados. Regresó de la peor catástrofe de Sudamérica con indicación médica de reposo urgente. Fotos: Vanesa Schwemmler.
El testimonio sin filtros de Quillon, tras desafiar a la muerte en los espacios confinados. Regresó de la peor catástrofe de Sudamérica con indicación médica de reposo urgente. Fotos: Vanesa Schwemmler.

El pasado 24 de junio de 2026, el planeta entero posó sus ojos sobre Venezuela. Un inédito "doblete sísmico" sacudió los cimientos del país caribeño, ensañándose con una destrucción masiva en Caracas y, de forma devastadora, en la costa de La Guaira. El saldo oficial al día de la fecha hiela la sangre: 4.930 muertos y 16.740 heridos.

Leer también: Un rionegrino intervino en Venezuela tras dos terremotos: "Fue como entrar a una zona de guerra"

En medio de ese escenario apocalíptico, donde las réplicas y el colapso estructural prometían una muerte segura a cada minuto, estuvo un rionegrino. Damián Quillon, rescatista de Viedma y con un recordado paso por Guardia Mitre, armó su mochila y viajó al epicentro de la tragedia.

De regreso en su tierra, todavía intentando procesar el horror y con la mirada cansada de quien vio lo que nadie debería ver, Quillon dialogó a corazón abierto con NoticiasNet.

"Hacer de rata": el riesgo extremo bajo los escombros

Con experiencia previa en incendios en Villa La Angostura, en Neuquén, Damián sabía a lo que se enfrentaba en la teoría, pero la realidad pulverizó cualquier preparación. Su rol fue uno de los más peligrosos de la brigada: especialista en Búsqueda y Rescate en Estructuras Colapsadas (BREC) en espacios confinados.

"A mí me tocaba meterme en los pozos, en todos los espacios donde podrían haber posibles cápsulas de aire; lugares donde cae una viga sobre otra y queda una probabilidad de vida. Por mi contextura física, el que entraba era yo", explicó el brigadista.

Trabajar allí adentro requería nervios de acero y una templanza inhumana: "Cualquier cosa que tocás de más, morís aplastado o se tapa la entrada. Era jugarse la vida por el próximo en cada entrada", confesó.

El protocolo muchas veces quedaba en segundo plano cuando el tiempo apretaba y la vida de un tercero dependía de la velocidad de sus manos. "Había que meterse en los agujeros, hacer de rata y buscar vida. El aire fresco significa vida; ahí aprendí a usar la nariz", relató con crudeza.

 
 
 
 
 
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Los ojos en el cielo: el rol de los drones

Frente al colapso absoluto de los servicios y la falta total de electricidad, la tecnología se transformó en un aliado vital antes de que se agotaran las últimas líneas de batería. Quillon operó drones para localizar víctimas en sectores inaccesibles y, mostrando con orgullo el pequeño dispositivo que lo acompañó en la proeza, recuerda el impacto de su uso: "Con este chiquitito logré encontrar varias personas... y cuerpos. Gracias a este no hacía falta que me metan en lugares tan peligrosos", detalló compungido.

El rescatista viedmense resalta que el trabajo de rastreo desde las alturas tuvo una gran eficacia, permitiendo divisar indicios clave en ventanas de estructuras al borde del colapso. Sin embargo, la ventaja tecnológica tuvo fecha de vencimiento en el terreno.

"Después, bueno, ya por una cuestión de que no había electricidad, medio que ya no podía contar con lo que es la tecnología. Pero sí la tuve, funcionó y dio un gran resultado", expresó, poniendo en valor una herramienta que, en el peor momento, terminó salvando vidas.

La calidez venezolana ante la peor pesadilla

A pesar de la magnitud de la catástrofe, lo que Damián guardará "marcado en la piel" es la resiliencia del pueblo venezolano. Cuando la burocracia impidió el ingreso de maquinaria pesada, el viedmense no dudó en romper las filas e irse a trabajar codo a codo con los civiles, moviendo piedras y escombros a mano limpia.

"Me traje una mochila llena de hermanos. Me quedo con la fuerza de los venezolanos, la garra que le ponen. A pesar de estar destruidos, nunca les faltó una sonrisa o un chiste con el 'boludo' argentino", recordó con emoción.

Sin embargo, el contraste con la tragedia era desgarrador: "Te chocaba en el alma hablar con familias totalmente perdidas de las cuales había quedado uno solo vivo. Ver juguetes o medias de nenes mientras te vas arrastrando... ya sabés con lo que te vas a encontrar".

El regreso y otra batalla: el estrés postraumático y el desamparo laboral

La misión en Venezuela terminó, pero para Damián comenzó otra guerra silenciosa: la de la salud mental. Tras 10 días en el mismísimo infierno, regresó con un diagnóstico médico de estrés postraumático.

"No es que estés loco, pero por todo lo que viste tenés que ser tratado psicológica y psiquiátricamente", afirmó. El médico psiquiatra de emergencias que acompañó a la delegación y constató las situaciones límite a las que se expusieron, le otorgó una licencia urgente por 7 días para intentar reconectarse con su familia y asimilar el impacto.

Sin embargo, al regresar a su puesto laboral - paradójicamente en una Secretaría de Emergencias -, se encontró con una alarmante falta de empatía: no le reconocieron el certificado médico.

"Hoy ya tengo un día de falta sin aviso. Quieren que me presente, me citaron a una junta médica. Es muy duro, porque siendo una Secretaría de Emergencias, que dictan tantos cursos sobre esto, deberían entender y ser empáticos. Yo no fui a un parque de diversiones, fui a una catástrofe. No estoy en condiciones de volver ya", denuncia con justa indignación.

La respuesta institucional que recibió, según relató, fue empujarlo a una licencia sin goce de sueldo por seis meses, una opción inviable para su sustento. "Mañana estoy de franco, iré el domingo a hablar. Ojalá se valore y se respete la orden de un médico psiquiatra de emergencias, que es algo urgente. Solo pido un tiempito para estar en la tierra un rato, porque todavía no caigo y ando medio perdido", concluyó.

Un héroe local que lo dio todo por salvar vidas en el peor desastre de Sudamérica y que hoy, inexplicablemente, debe pelear en los escritorios para que le permitan sanar.

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