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17/07/2026

Los dulces artesanales de Viedma que cruzaron fronteras: el emprendimiento que conquistó hasta paladares de Estados Unidos

Nació con apenas cuatro frascos, sobrevivió a la crisis y hoy ofrece 19 variedades de dulces, tres licores y cinco almíbares. Detrás de cada receta hay una historia de pasión, esfuerzo y una pareja que, lejos de bajar los brazos, sigue apostando por la producción local.
Juan Carlos Cerone y María Antonio Inalef, el matrimonio que sigue incansable con la fabricación de dulces artersanales. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.
Juan Carlos Cerone y María Antonio Inalef, el matrimonio que sigue incansable con la fabricación de dulces artersanales. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.

Lo que comenzó como una salida laboral después de quedarse sin empleo terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy lleva el sabor de Viedma a distintos rincones del mundo. Los dulces artesanales elaborados por María Antonia Inalef y su esposo Juan Carlos Cerone, no solo se venden en supermercados y ferias de la capital rionegrina. También viajan en las valijas de vecinos y turistas hacia México, Venezuela y Estados Unidos, donde son esperados por familias que extrañan los sabores argentinos.

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"He recibido mensajes desde Estados Unidos agradeciéndome los zapallitos en almíbar y la mermelada de zapallo con naranja. Para ellos son una delicia. También se han llevado nuestros productos desde Río Colorado, La Plata y distintos lugares del país", contó con orgullo María, mientras enumeró una lista de clientes que crece gracias al boca a boca.

Los interesados en comprar estos productos pueden comunicarse al teléfono 2920475031 o a través del Facebook “Dulces María”. Aunque también se pueden encontrar en distintos espacios comerciales de la zona.

La historia comenzó en 2021, cuando perdió el trabajo después de casi una década en la tradicional fábrica Los Abuelos. Lejos de resignarse, decidió apostar por aquello que había aprendido y que, según ella misma reconoce, es la pasión de su vida.

"Ellos fueron mis maestros dulceros. Ahí aprendí todo: el sabor de la fruta, la acidez, la cantidad de azúcar. Pero además descubrí que el amor de mi vida son los dulces. Estoy enamorada de hacer dulces", aseguró.

Asimismo, María agregó: "Poder limpiar una frutilla, cortarla a cuchillo, ponerla en la olla, mezclarla con azúcar... ese es mi mundo. Es un lugar de tranquilidad, de paz. Ahí soy feliz. Creo que todos nacemos con un don y el mío está en las ollas."

Su ex empleador fue quien terminó de convencerla. "Me dijo: 'Tenés la olla, la paleta, las recetas y ya sos dulcera. Largate sola'. Y el único que estuvo al lado mío desde el primer momento fue mi pareja”, señaló.

De cuatro frascos a casi treinta productos

Los primeros pasos fueron modestos. En esta línea, mencionó: "Empezamos con cuatro frascos de higos, después hice cuatro de durazno. Pensaba tener cuatro o seis sabores, nada más. Pero me gusta experimentar y cada fruta me enamora, así que fui agregando variedades", recordó entre risas.

Hoy el emprendimiento ofrece 19 variedades de mermeladas, cinco almíbares y tres licores artesanales. En las estanterías conviven sabores tradicionales y otros poco habituales: frambuesa, sauco, arándano, blackberry, cereza, frutilla, rosa mosqueta, tomate con vainilla, zapallo con naranja, membrillo, damasco, durazno, pera, ciruela e higos, entre muchos otros.

A eso se suman cerezas, zapallos e higos en almíbar, además de licores de dulce de leche, limoncello y otro guindado.

"Lo nuestro es fruta y azúcar, nada más", sostuvo y remarcó que la diferencia con los productos industriales es enorme. "Un dulce artesanal verdadero tiene solamente fruta y azúcar. No lleva colorantes, saborizantes ni componentes químicos. Cuando abrís uno de nuestros frascos encontrás la fruta de verdad. En la mermelada de frutilla aparecen los pedazos de frutilla; en la de arándanos, los arándanos enteros. Eso hoy es muy difícil de encontrar”, aclaró.

Reconoció, sin embargo, que esa calidad tiene un costo. "La fruta está carísima. Un kilo de manzana cuesta entre 4.500 y 5.000 pesos. El azúcar, los frascos, las tapas, los precintos... todo aumentó muchísimo. Para hacer un buen dulce necesitás una buena fruta; si no, matás el producto”.

La crisis también golpea a los emprendedores

Como ocurre con muchos pequeños productores, el contexto económico modificó por completo el volumen de ventas. "Hace cuatro años un supermercado nos pedía entre 120 y 140 frascos cada quince días. Hoy ese mismo pedido es de apenas 60 frascos y, muchas veces, una sola vez al mes o cada 45 días. Ha bajado muchísimo la venta", lamentó.

También explicó que varios comercios directamente dejaron de vender productos artesanales. "La gente hoy prioriza otras cosas. No todos pueden pagar un dulce artesanal de 9.000 pesos cuando encuentran uno industrial por menos de la mitad. Es entendible, pero para nosotros es muy difícil porque tampoco podemos bajar mucho más los precios”.

Pese a ese escenario, siguen abasteciendo supermercados, despensas y kioscos de Viedma, además de participar en ferias para promocionar sus productos. "Gracias a Dios seguimos vendiendo. Las ferias nos ayudan muchísimo porque ahí la gente prueba los dulces y después los busca en los comercios”, relató y expuso que en su casa sigue vendiendo en pequeñas cantidades.

Un matrimonio que trabaja codo a codo

El emprendimiento también fortaleció la vida en pareja con Juan Carlos, su socio inquebrantable. Aunque ella bromeó diciendo que "es la patrona", reconoció que el trabajo sería imposible sin el apoyo de su marido. "Él elabora, envasa, entrega pedidos, lleva mercadería, hace la contabilidad y me acompaña a cosechar fruta. Somos solamente los dos haciendo absolutamente todo”, dijo.

Incluso destacó el esfuerzo de su compañero, de 73 años. "Anda cargando cajones de fruta, cosecha peras, manzanas, damascos... Siempre le digo que gracias a Dios tiene trabajo porque a una persona de su edad ya nadie le da una oportunidad. Él no tiene tiempo para sentirse viejo. La vejez está en el alma, no en los años."

Y entre risas, añadió: “Yo soy bastante exigente. Me gusta que todo esté limpio, ordenado. Él dice que soy terrible, pero después reconoce que gracias a eso salen buenos productos”.

La fruta también se cosecha

Para reducir costos, muchas veces viajan hasta Río Colorado para recolectar personalmente parte de la materia prima. "Nos dicen: 'Si quieren bajar los costos, vengan a cosechar ustedes'. Y allá vamos con la escalera y los cajones. Elegimos la fruta una por una porque sabemos que de eso depende el sabor del dulce”.

La producción se realiza en la Planta Almería de la calle Las Heras 1215, un espacio donde trabajan más de veinte emprendedores de distintos rubros. Allí elaboran semanalmente entre 100 y 150 frascos, dependiendo de la demanda.

"La frambuesa es nuestro caballito de batalla. En las ferias llevo quince frascos y muchas veces vuelvo sin ninguno porque se venden todos", contó y amplió que el lugar tiene un potencial muy grande, puesto que hoy “hay productores de miel, yerba, bombones, chocolates, frutos secos, alfajores... Es impresionante la cantidad de cosas que se hacen en Viedma y mucha gente no lo sabe”.

El reclamo: más lugar para los productos locales

Más allá del crecimiento del emprendimiento, María cree que todavía falta una decisión importante para impulsar a quienes producen en la ciudad. "Me encantaría que los grandes supermercados tengan una góndola exclusiva para productos artesanales de Viedma. Eso ayudaría muchísimo a todos los emprendedores. Nosotros tenemos todos los controles, elaboramos en una planta habilitada, tenemos una técnica que supervisa la producción y cumplimos con todas las normas. Lo único que nos falta es esa oportunidad para llegar a más gente”.

Mientras tanto, cada jueves vuelven a encender las ollas, preparar la fruta y llenar los frascos con la misma pasión con la que empezaron. Porque, como resumió María, detrás de cada cucharada hay mucho más que una receta. "Si no vendemos, no podemos elaborar. Esa es la realidad. Pero mientras podamos seguir haciendo dulces, vamos a seguir apostando por este sueño. Porque cuando uno trabaja en lo que ama, siempre encuentra fuerzas para empezar de nuevo”.

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