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09/07/2026

Esquilaron en España y volvieron a Río Negro tras una experiencia de esfuerzo y sacrificio

Dos profesionales fueron contratados por una empresa luego de recorrer toda la Patagonia. Mucha intensidad laboral, exigencias en los cortes de las ovejas, poco descanso y algunos beneficios de confort.
Roberto y César pasaron por Viedma como punto intermedio para volver a Maquinchao. Fotos gentileza.
Roberto y César pasaron por Viedma como punto intermedio para volver a Maquinchao. Fotos gentileza.

Como si fuera sacado de una película, dos avezados esquiladores oriundos de Maquinchao, en La Línea Sur de Río Negro, tuvieron una temporada de aprendizaje e intercambio laboral muy particular. Su dinámico trabajo no sólo pasó por su provincia de origen, Chubut, Santa Cruz o Tierra del Fuego.

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Es que a Roberto Yapileo y César Panitrul su oficio lo hizo saltar el charco. Dejaron su provincia para hacer conocer su profesionalidad en España, a más de 10.000 kilómetros de su localidad de origen. Aprovecharon que durante la primavera y parte del verano europeo, la península ibérica no cuenta con suficiente mano de obra especializada para llevar a cabo esta labor con rebaños de ovejas pertenecientes a las razas Merino y Manchega.

Roberto (38 años), a su paso por Viedma hacia su localidad de origen, contó a Noticias Net algunos detalles de esta primera incursión en el exterior. Formado en el Programa Prolana en El Cuy, y con ocho años en comparsas de esquila, reveló que alcanzaron ese objetivo a través de un contacto con una empresa recorriendo las provincias ibéricas de Extremadura y Córdoba, Ciudad Real y parte de Portugal.

“Integramos una cuadrilla de otras provincias, exigían un esquilado perfecto con lo cual había que sacar los recortes, es decir los pedacitos que quedan en los bordes. Eran muchas horas de trabajo. Comenzábamos a las siete, parábamos a las 11 por 20 minutos, a las 15 almorzábamos y seguíamos hasta terminar el lote, muy probablemente a las 19.30, pero hemos llegar a estar hasta las 22.30”, reveló sobre esta trayectoria laboral.

Roberto y César observaron otras diferencias. Así como quedaron impactados con las horas de trabajo, incluyendo jornada dominical y días de lluvia de continuar con las tijeras; el modo de estadía, era distinto. Por caso, vivían en pueblos con excelentes comodidades, buena seguridad, confort y hasta señal de Wi Fi, la red inalámbrica que permitía comunicarse con el continente argentino.

Así como los contratistas quedaron conformes con su desempeño, con posibilidades de volver, ambos cosecharon amigos -como lo marroquíes- y adaptarse a la comida. “Ellos no conocen el puchero, pedíamos osobuco en las carnicerías y no sabían de qué corte de trataba, así que tuvimos que acostumbrarnos al cerdo, pollo y embutidos”, concluyó Roberto.

En una pausa en los corrales con tijera en mano. Foto gentileza.

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