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24/06/2026

“Lo que antes era sacrificio hoy es conservación”: una visión científica sobre el cambio en la pesca de tiburones

Una guardaparque relató cómo pasó de acompañar investigaciones ambientales a formar parte de una comunidad de pescadores comprometidos con la ciencia y la conservación marina.
Lucrecia Díaz reconstruyó para NoticiasNet su experiencia junto a comunidades pesqueras de Bahía Blanca y destacó el cambio cultural. Fotos: Gentileza.
Lucrecia Díaz reconstruyó para NoticiasNet su experiencia junto a comunidades pesqueras de Bahía Blanca y destacó el cambio cultural. Fotos: Gentileza.

Hace más de dos décadas, Lucrecia Díaz trabaja en conservación ambiental, investigación y manejo de fauna marina. Sin embargo, una de las experiencias que más la marcó fue junto a pescadores deportivos y artesanales que aprendieron a mirar a los tiburones de otra manera.

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Guardaparque de profesión y vinculada desde hace años al trabajo con tortugas marinas en Bahía Blanca, Díaz conoció al biólogo Juan Martín Cuevas, quien coordina el proyecto de ciencia ciudadana “Conservar Tiburones en Argentina” de Wildlife Conservation Society (WCS) Argentina.

Para conocer más sobre ese proceso, NoticiasNet dialogó con Díaz, quien relató su experiencia acompañando una transformación que modificó prácticas históricas dentro de la pesca deportiva. “Yo vi el proceso desde que pescaban los tiburones y los colgaban en los ganchos para medirlos y hacer alarde de eso, hasta el momento en que los mismos pescadores empezaron a pedir ser parte de la conservación”, recordó.

El proyecto reúne a pescadores deportivos e investigadores para generar información científica a partir del marcado y devolución de ejemplares, una herramienta que permitió profundizar el conocimiento sobre distintas especies de tiburones costeros.

La especialista fue testigo directo del cambio que se produjo a partir de la implementación de la pesca con devolución en la provincia de Buenos Aires. Aunque el primer acercamiento costó porque implicaba una modificación cultural profunda dentro de una actividad donde durante años la captura y exhibición de grandes ejemplares formó parte de la tradición.

Construir confianza para generar cambios

En este sentido, la guardaparque logró vincularse con los pescadores inicialmente a través de su trabajo con las comunidades artesanales de la zona de Bahía Blanca. Allí detectó una realidad que le presentó desafíos que en aquel entonces para “entrar en ese grupo de gente y lograr pasar esa barrera es bastante complicado”, sintetizó.

Ese vínculo surgió años atrás a partir de su trabajo con tortugas marinas y los problemas de captura incidental que se producen en redes de pesca artesanal. Esa experiencia le permitió construir confianza con una comunidad que históricamente se mostró reticente a la presencia de investigadores y organismos vinculados a la conservación.

Lucrecia, lejos de adoptar una postura distante, eligió involucrarse desde el territorio y en distintas oportunidades salió a navegar con ellos, compartió jornadas de trabajo y aprendió de quienes pasan gran parte de su vida en el mar.

Por lo que valoró Díaz que “siempre me pareció que tenían muchísimo para aportar. Hay cosas que solo sabe la gente que está todo el tiempo en el agua”. Esa misma lógica encontró luego en el proyecto Conservar Tiburones en Argentina, impulsado por investigadores y pescadores deportivos que trabajan en el marcado y monitoreo de ejemplares para generar información científica.

“Ellos participan de las actividades pesqueras, se embarran, pasan frío y están a la par de los pescadores. Esa forma de hacer investigación era muy parecida a lo que yo creía que había que hacer”, sostuvo.

Codo a codo con los pescadores

Con el tiempo, Díaz comenzó a acompañar a pescadores deportivos que integraban el proyecto. No sabía nada de pesca con caña y decidió aprender desde cero. “La mejor forma de vincularte con esta gente es que te enseñen. Entonces empecé a salir con ellos, a ver cómo pescaban, qué era un reel, cómo se armaba una caña”, recordó.

Aquella experiencia terminó convirtiéndola en una pescadora más que cuenta con sus propios equipos, participa del marcado de tiburones y forma parte de “La Bacotera”, un grupo integrado por pescadores de Bahía Blanca y Pedro Luro que ronda los diez integrantes.

Pero más allá de la actividad en sí, lo que más la moviliza es el cambio cultural que observó en quienes antes capturaban tiburones para exhibirlos y hoy se enorgullecen de devolverlos al mar. “Para mí la felicidad que a ellos les genera devolver un tiburón al agua es mayor que la de pescarlo, eso es conservación”, resumió Díaz.

Muchos de los pescadores que actualmente participan del programa son hijos o nietos de quienes décadas atrás practicaban la pesca con sacrificio. “Esa misma gente que vio cómo se mataban los tiburones ahora quiere ser parte de la conservación. Desde lo social, eso me parece fascinante”, destacó.

La guardaparque también remarcó que muchas veces les recuerda a los pescadores el cambio que protagonizaron. “No hace tanto tiempo la foto era con el tiburón muerto, hoy le hacen un mimo, lo marcan y lo devuelven al mar”, señaló.

Actualmente el proyecto cuenta con alrededor de 120 pescadores activos distribuidos entre Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Gracias al trabajo conjunto entre científicos y aficionados ya se registraron cerca de 4.000 tiburones marcados y decenas de recapturas que permitieron obtener información clave para la conservación de estas especies.

El desafío de las mujeres en el ambiente

Díaz también reflexionó sobre el lugar que ocupan las mujeres dentro de la pesca deportiva, una actividad que todavía conserva fuertes rasgos de exclusividad masculina.

Consultada por el tema, la guardaparque contó que “la mujer recién hace muy poco tiempo la vi incluida como parte de la pesca deportiva”.

Incluso recordó que dentro de la pesca artesanal todavía persisten creencias históricas. “Las mujeres embarcadas traen mala suerte”, mencionó sobre uno de los mitos que aún sobreviven en algunos sectores vinculados a la actividad.

Aun así, considera que el contexto comienza a cambiar y en parte su propia presencia dentro de los grupos de pescadores contribuyó, según entiende, a abrir espacios para otras mujeres. “Yo creo que fui una manera de abrir el juego. En principio me llevaron porque era parte del proyecto, pero después terminé siendo una más”, se refirió.

Actualmente observa una participación creciente de mujeres vinculadas, algunas como pescadoras activas y otras acompañando a sus parejas durante encuentros y actividades relacionadas con la pesca deportiva.

Díaz es una apasionada de su profesión y valora la oportunidad de formar parte de un proceso que trasciende la investigación científica. Aunque también invita a otras mujeres a animarse a acercarse a este ámbito. “Que se animen a probar, no es una actividad que las mujeres no puedan hacer. Quizás si lo prueban descubran que es algo divertido”, expresó.

Los pescadores, los protagonistas de la conservación

Después de años de trabajo en educación ambiental, investigación y gestión de recursos naturales, Díaz tiene una convicción clara, la conservación no depende únicamente de los estudios científicos o las leyes.

“La conservación no está en que los investigadores presenten trabajos diciendo que una especie está en peligro de extinción. Si eso no llega a la gente, no hacés conservación”, afirmó. Por eso considera que uno de los mayores logros del proyecto no son las marcas colocadas ni los datos obtenidos, sino la transformación de quienes participan.

“Ellos mismos los mataban hace 15 años y hoy se enojan cuando ven que alguien mata un tiburón. Ese cambio de pensamiento, ese cambio de actitud, eso es aprendizaje y eso es conservación”, analizó.

Incluso fue más allá al plantear que el verdadero desafío de la conservación es lograr que el cuidado del ambiente no dependa únicamente de organismos o instituciones.

“Yo siempre decía que me gustaría que los guardaparques no tuvieran que existir. Que la gente sea la que guardaparques”, reflexionó.

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