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15/03/2026

Héctor Antipán, y su despliegue como el único y último afilador

Recorre a diario las calles de Viedma anunciando su paso con una siringa.

La siringa sigue escuchándose de lejos desde hace 38 años, y ese pequeño instrumento de viento compuesto de tubos que forman una escala musical, anuncia que viene Héctor Antipán, con su inconfundible bicicleta y todo el arnés preparado como afiliador de hojas.

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Su paso por las calles de la ciudad, sobre todos los fines de semana con ritmo pausado en la zona céntrica, no pasa inadvertido, y con los años, se convirtió en una figura emblemática y símbolo de tradición por ser el único y último que recorre las calles con ese antiguo oficio.

Ofreciendo un servicio que parece sacado de un tiempo que muchos consideran perdido, este jubilado estatal de 74 años, cuenta a NoticiasNet que “me inicié muy de pibe viendo afilar a mi abuela que era zapatero y empleado municipal en Maquinchao”.

Si bien hace mucho que vive en Viedma, también tuvo su “perfeccionamiento” con un ciudadano español en Río Gallegos adonde vivió en un tiempo ya que también trabajó en las actividades de esquila de lana.

“Al ‘gallego’ le hice casos cuando me decía que no lea diarios, sólo libros, y que salga todos los días con la bicicleta porque ‘te va a dar de comer’”, apunta mientras se encuentra apoyado en el pequeño rodado, muy bien preparado con un trípode para “colgarla” y hacer funcionar la maquinaria girando los pedales cuando aparece un cliente.

Antipán, este verdadero maestro del afilado, no necesita carta de presentación, cuenta con una numerosa clientela en la ciudad, al punto tal qué de lunes a lunes, de acuerdo a cómo vengan sus necesidades horarias, suele atender a entre 30 y 50 pedidos diarios, cuyo costo se ubica en 5.000 pesos las tijeras y los cuchillos entre 10.000 y 20.000 pesos.

El oficio de afilador ha sido, históricamente, un componente esencial de muchas comunidades. Sin embargo, con el avance de la tecnología y la llegada de productos desechables, esta habilidad se ha visto amenazada. Héctor, sin embargo, es la excepción a la regla.

Su dedicación y amor por el trabajo han permitido que este antiguo arte se mantenga vivo en Viedma. Más allá de ofrecer un simple servicio, Héctor representa una conexión con el pasado, recordando a los viedmenses que la calidad y la artesanía tienen un valor incalculable.

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