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03/12/2025

Vive con una enfermedad poco común y desafía los prejuicios: “Me aislé por el bullying y aprendí a superarlo”

Se trata de Wendy, una joven que expone la falta de inclusión en las personas con discapacidad.
Wendy,  junto a su hijo. Fotos: Gentileza.
Wendy, junto a su hijo. Fotos: Gentileza.

En un mensaje cargado de fuerza y sensibilidad, Wendy Elizabeth Barrera, una mujer de 29 años de Viedma, a los 12 años fue diagnosticada con Ataxia cerebelosa hereditaria de Friedreich, y decidió alzar su voz y pedir algo tan básico como necesario: respeto, conciencia e inclusividad.

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“Ninguna es igual… Si la tenés, por algún tipo de dolor seguro te hace de pasar. Cuando la aceptás es más fácil de llevar y al fin podés ver qué te enseña a superar”, escribió en una carta, donde abre su corazón para relatar cómo aprendió a convivir con su condición y a fortalecerse emocionalmente.

La Ataxia de Friedreich es un trastorno neurológico hereditario que afecta la coordinación de movimientos, el equilibrio y, con el tiempo, diversas funciones motoras. Es progresivo, y cada persona lo atraviesa de manera distinta. En el caso de Wendy, ha marcado su vida desde la adolescencia, condicionando su movilidad y desafiándola día a día.

Sin embargo, lejos de rendirse menciona: “Mi mente tranquila, emociones fortalecidas y amor propio. Hoy me puedo decir a mí misma: avanza, tu cuerpo no te define, lo que está en tu corazón sí”.

Aun así, la enfermedad no ha sido el mayor obstáculo, sino que las miradas, los prejuicios y el bullying que enfrentó durante años. “De tanto que lloré y me aislé por el bullying que recibí aprendí a superarlo también, y ya no me afecta a mí… Pero sí a mi hijo, mis padres, hermanos, a mi familia”, señaló con dolor.

“Por estas grandes razones te pido conciencia, respeto e inclusividad”, dijo la joven, quien además es madre de un niño de 9 años. Wendy, es una fiel creyente de la fe cristiana, que se sostiene por su familia, la esperanza y un motor de fortaleza: “Hija de Dios, para él nada es imposible y en su nombre vendrá mi sanidad”, afirmó con convicción.

Su carta es un llamado abierto, sincero y valiente a una sociedad que todavía, tiene una deuda con el aprendizaje de nuevas miradas más empáticas, que Wendy quiere y merecen vivir en un mundo donde la discapacidad no sea motivo de prejuicio, sino un aspecto más de la diversidad humana.

“Tomen conciencia a la hora de actuar con una persona que va con una discapacidad… Es un mismo mundo para todos y quiero vivirlo yo también”, detalló. Su pedido, simple y profundo, pero necesario es para que los derechos este colectivo sean respetados e incluidos en la comunidad.