Publicidad
 
03/12/2025

Del Castello al podio académico: la historia del contador que se recibió con 9,44 de promedio

Miguel Lizama Torres, de 26 años, habló de su camino lleno de esfuerzo y disciplina.
Miguel Lizama Torres y sus padres en la ceremonia de colación, donde se llevó múltiples aplausos por ser el promedio más alto de la facultad.
Miguel Lizama Torres y sus padres en la ceremonia de colación, donde se llevó múltiples aplausos por ser el promedio más alto de la facultad.

En Viedma, donde las historias de superación suelen escribirse silenciosamente, una en particular empezó a tomar fuerza: la de un joven del barrio Gobernador Castello que logró recibirse de contador público con un promedio sobresaliente de 9,44.

Lee también: Todos por Tobías: necesita recaudar dinero para un tratamiento y el Deportivo Patagones lanzó una campaña

Detrás del número hay horas de estudio meticuloso, una familia sostén, docentes que marcaron su camino y una convicción que se fue construyendo paso a paso. En diálogo con NoticiasNet, Miguel Lizama Torres compartió su recorrido, desde los primeros chispazos de interés en la secundaria hasta sus expectativas a futuro.

Como punto de partida, contó cómo nació su vínculo con la contabilidad y reconoció que la vocación apareció sin estridencias, de manera natural pero decisiva. En este sentido, dijo: "Mi historia con la contabilidad arrancó en el secundario, yo estudié en el colegio Artémides Zatti en los últimos dos años de la secundaria y allí fue donde tuve materias como Contabilidad, Economía y Matemática Financiera. Eso me llevó a inclinarme a las ciencias económicas. No obstante, no tenía definido en ese momento qué carrera iba a elegir. Sí pensé en el último año estudiar Licenciatura en Economía, pero no se dictaba acá en Viedma y yo quería quedarme a estudiar acá. La carrera que más se parecía en cuanto a contenidos era la de Contador Público”.

“Recuerdo que vi el plan y lo que me gustó fue que lograba combinar materias del campo de las ciencias exactas como Matemática, Contabilidad, Estadísticas y las de Micro y Macro Economía y otras orientadas a lo humanístico como Historia y Derecho. Eso lo podemos ver claramente en los trabajos finales de mis compañeros de carrera, donde hay varios temas desarrollados y eso es porque en la carrera estudiamos varias áreas", añadió.

A lo largo de la charla, dejó en claro que la familia fue un pilar tan sólido como discreto. Sin ese sostén, la historia podría haber sido distinta.

Al respecto, expuso: "Mi familia tuvo un rol muy importante en el logro que obtuve, dado que gracias a ellos no tuve que trabajar en los primeros años de la carrera. Me dediqué exclusivamente al estudio, el cual consideré como un trabajo porque cumplía un horario a rajatablas, para estudiar y para cursar. Tanto mis padres, como mis hermanos, mis tíos, mis primos y mis abuelos siempre estuvieron acompañándome de alguna forma. En cuanto a la formación de mis padres, mi papá es técnico agropecuario, es profesor en la Escuela de Formación Agraria (ESFA) de Viedma. Si bien es un área distinta a las ciencias económicas, yo he tenido que recurrir a sus conocimientos cuando redacté mi trabajo final de carrera, porque diseñé una herramienta de cálculo de costos y de rentabilidad para un proceso apícola. En cuanto a mi mamá, ella es ama de casa y de ella aprendí todos los valores que me llevaron a perseverar y llegar al final de la carrera".

A partir de allí, y casi como consecuencia natural, llegaron las notas que hicieron posible el altísimo promedio. Pero Miguel no oculta que detrás de cada calificación hubo una metodología rigurosa y una manera muy seria de entender el estudio:

"En total aprobé 22 materias del plan con 10. En los primeros tres años, las materias que se podían promocionar las aprobé con 10, el segundo y el tercero fueron años muy buenos para mí en cuanto a notas, en materias como Microeconomía, Impuestos I, Macroeconomía, Estadísticas y las de Contabilidad. Esas materias eran las que más me gustaban y pude obtener buenas notas. Ya en los últimos dos años de la carrera, era más complejo alcanzar las notas más altas. Ya no me dedicaba de lleno al estudio, en el último año empecé a trabajar con el objetivo de adquirir una formación práctica y complementaria a la académica. El último 10 que me saqué fue en la defensa de mi trabajo final de carrera y la nota más baja que tuve fue un 6 en Derecho Administrativo, que fue un examen que no preparé bien y me puse nervioso cuando lo rendí, así que refleja de manera correcta mi desempeño en ese examen", detalló.

En ese mismo sentido, enumeró cuáles fueron los hábitos de estudio que lo llevaron al resultado obtenido. Una rutina estricta, una constancia inquebrantable y un criterio claro: estudiar era su trabajo.

"En cuanto a los hábitos de estudio, en los primeros años de la carrera me dediqué a tiempo completo al estudio y tenía una rutina. Me levantaba a las 7 de la mañana o antes y dedicaba toda la mañana a preparar las materias, a la lectura obligatoria, a hacer los trabajos prácticos, a armar resúmenes y cuadros sinópticos. Y las tardes estaban destinadas a asistir a las cursadas. Estaba comprometido con asistir a las clases, que es una parte de construcción de conocimientos de la materia y tomar buenos apuntes, porque allí el profesor siempre daba claves o puntos importantes. En cuanto a la preparación de exámenes finales, yo los preparaba de manera individual y hacía una simulación del examen final con los compañeros, que suma mucho”, puntualizó.

Y añadió: “También hay que tener constancia al momento de rendir los exámenes, no dejar pasar mucho tiempo después de cursar, rendir lo antes posible y que no quede ninguno al empezar el cuatrimestre siguiente. Eso hace que se te acumulen los exámenes y se hace más complicado".

Su recorrido también está hecho de personas que dejaron huella. Por eso, al hablar de los maestros que marcaron su formación en la Universidad Nacional de Río Negro, la lista es extensa y sentida: "Tuve varios profesores que me marcaron, el equipo de profesores que tiene la carrera es de excelencia y estoy muy contento. Hubo profesores que lograron hacer que una materia compleja sea mucho más amena y llevadera, como es el caso de Sergio Condó, en Matemática General y Análisis Matemático. O el profesor Andrés Vera es muy carismático, en Cálculos Financieros”.

Asimismo, resaltó: “Y el profesor Federico Contiggiani, a quien yo considero uno de los más brillantes y un genio, que dictaba Microeconomía. Lo hacía con tanta energía y entusiasmo que terminó siendo una de mis materias preferidas. Tenía mucha dedicación en los espacios de consulto, lo cual es muy destacable y mucho más en una materia que era compleja en sus contenidos y requería mayor dedicación por parte del estudiante. En cuanto a los profesores de la parte contable, como Contabilidad, Impuestos, Costos y Auditorías, fueron claves y al día de hoy son materias que aplico a diario en mi trabajo. Yo trabajo para el estudio contable de Sergio Gondolo y Asociados, y esas materias resultaron muy importantes para mi ejercicio en la parte privada".

Entre esos docentes, vale subrayar nombres como Sergio Condó, Andrés Vera, Federico Contiggiani, Luciana Drebnieks, Nicolás Martin, Jorge Formichella, Verónica Nilles, Fernando Casadei, Amaranta Gabriela Vidales y José Luis Collinao, todos partes de una estructura académica que, según Miguel, hizo la diferencia.

Finalmente, pensando en lo que viene, el joven contador expresó que el logro no es un punto de llegada sino un punto de partida. Su objetivo es seguir creciendo, profesional y académicamente.

"En cuanto a mis expectativas a futuro, me gustaría continuar mi formación académica y seguir profundizando en la parte tributaria y contable, que son las ramas con las que tengo más contacto a diario en mi trabajo. Me gustaría poder hacer un posgrado o alguna especialización en esas áreas, sea en tributación o contabilidad y auditoría. También me gustaría matricularme y ejercer de forma independiente y seguir capacitándome. El profesor Collinao dice que la carrera se llama Estudio Contable, porque los contadores somos eternos estudiantes y una vez que te recibís tenes que seguir estudiando y capacitándote. Hay que actualizarse y mucho más en estos tiempos donde la normativa se modifica a una velocidad muy rápida", determinó.

Hacia el final de la conversación, Miguel cerró con un dato que resume buena parte de su identidad y de su recorrido: "Soy del Barrio Gobernador Castello. De hecho, crecí en una chacra del IDEVI muy cercana a la ESFA y nos mudamos al Castello cuando tenía 9 años".

Se trata de una formación brillante, donde Miguel estuvo lleno de obstáculos, pero se mantuvo firme como un roble. En tiempos donde abundan las malas noticias, ésta es una de las historias que merecen ser difundidas y que lleguen a cada hogar de Viedma.

¿Qué opinión tenés sobre esta nota?