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24/10/2025

Bajó el consumo per cápita de vino: a cuánto se redujo

La industria atraviesa un duro panorama.
El país atraviesa un mínimo histórico en el consumo de vino, con apenas 16 litros per cápita al año.
El país atraviesa un mínimo histórico en el consumo de vino, con apenas 16 litros per cápita al año.

Un detallado informe sobre el sector vitivinícola advirtió sobre los desafíos que enfrenta porque el consumo en Argentina continúa en descenso y se ubica actualmente en torno a los 16 litros por persona al año. Se trata del nivel más bajo registrado en las últimas décadas.

Según datos del sector, la tendencia a la baja se mantiene desde hace unos 40 años, afectando especialmente a las bodegas de menor escala que dependen de producciones limitadas y no pueden sostener los aumentos de costos en energía, transporte o insumos.

En distintas provincias vitivinícolas, incluidas las de la Patagonia, productores y bodegueros advierten sobre el impacto de esta caída en la demanda interna. La dificultad para sostener precios competitivos frente a grandes grupos y la falta de diversificación de etiquetas colocan a muchas bodegas boutique o familiares en una situación crítica, con riesgo de cierre o reconversión.

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“Hay bodegas que no tienden a pertenecer a grandes grupos y que se ven directamente afectadas porque no tienen un abanico grande de productos”, explicó el sommelier Yamil Nievas en diálogo con Radio Noticias.

“Normalmente tienen tres o cuatro etiquetas distintas, y al tener poca cantidad de producción no pueden sostener un valor. A la hora de llevarlo a la góndola, el producto final llega con un valor más elevado, compitiendo con grandes bodegas que logran un montón de vino anualmente”, agregó.

Nievas señaló que el vino, más allá de ser la bebida nacional, “no es un consumo de vital importancia, entonces todo lo que tiene que ver con los gustos y placeres se ve directamente afectado cuando hay una economía inestable”. A los problemas de consumo interno se suman los incrementos de costos en la cosecha, el transporte y la energía, lo que complica aún más la rentabilidad del sector.

En cuanto al contexto internacional, el sommelier explicó que “esto también es un fenómeno global, porque el consumo está cambiando hacia bebidas con menos graduación alcohólica, más naturales e incluso vino sin alcohol”. Nievas relacionó esta tendencia con un “consumo consciente” y una creciente preocupación por el medio ambiente, que alcanza también al diseño y la producción de los vinos. 

Las exportaciones argentinas de vino también muestran una baja cercana al 6% respecto al año anterior, lo que agrava la situación de las bodegas nacionales. “Esto afecta mucho, además de que nuestros principales compradores son países de habla inglesa, donde las etiquetas en español a veces son un obstáculo comercial”, explicó Nievas. 

“También influye la competencia con otros países vitivinícolas del nuevo mundo, como Australia o Nueva Zelanda, que ofrecen productos similares.”

El ingreso de vinos importados, especialmente de Chile, representa otro desafío. “Chile produce prácticamente lo mismo que Argentina y muchas de sus bodegas tienen plantaciones en nuestro país”, dijo Nievas. Esta competencia, sumada a la reducción del consumo local, configura un panorama complejo para la industria.

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