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02/10/2025

China condenó a muerte a 11 miembros de una familia por controlar campos de “ciberesclavos”

La familia asesinó al menos a 10 personas.

En un veredicto histórico, el Tribunal Popular Intermedio de la ciudad de Wenzhou, en la provincia de Zhejiang, actuó con severidad contra una de las organizaciones criminales más notorias de la región. El lunes pasado, 11 miembros de la familia Ming recibieron la pena capital tras haber sido declarados culpables de liderar un vasto imperio delictivo operante principalmente en la frontera entre China y Myanmar, una superficie plagada de criminalidad en constante vigilancia.

El fallo se emitió bajo el marco de una operación a gran escala iniciada por el gobierno de Pekín. Esta campaña tiene un objetivo claro: eliminar las amplias redes de fraude transfronterizo que han proliferado peligrosamente durante años en la región fronteriza cercana a Myanmar. En un acto de justicia que refleja la dura postura del gobierno contra estas actividades ilícitas, cinco adicionales fueron sentenciados a penas de muerte, pero con suspensión, mientras que doce fueron condenados a penas de prisión que varían entre los cinco y los veinticuatro años.

Las pruebas aportadas al tribunal describían una vasta red de crímenes, incluyendo fraudes masivos realizados a través de Internet, tráfico de personas y asesinatos cuantiosos contra quienes osaron desafiar el poder de su régimen. El tribunal subrayó las acusaciones de homicidio, ateniéndose particularmente a diez víctimas documentadas, donde cuatro de ellas fueron brutalmente asesinadas mientras eran trasladadas a la fuerza en octubre de 2023.

Además, las sentencias de muerte no serán definitivas hasta ser revisadas por el más alto tribunal de justicia de la República Popular de China. Este replanteo es una etapa necesaria en todo proceso penal antes de aplicar una ejecución capital, asegurando un riguroso proceso judicial.

 

 

La influencia de los Ming no solo se limitó a delitos financieros. En efecto, básicamente, esa fue solo la fachada de un negocio mucho más inmenso que incluía casinos ilegales, nexos con redes de narcotráfico y sofisticados esquemas de fraude por internet. Todas estas operaciones se desarrollaban desde complejos fuertemente custodios en la autonomía regional de Kokang, donde la capital, Laukkaing, se erigió con o sin quererlo, en el bastión del crimen organizado.

No se trataban sólo de clientes sugestionados o víctimas de intenciones lucrativas oportunistas. Personas eran traficadas, obligadas a trabajar bajo presión en instalaciones semejantes a campos de trabajo militar, custodiadas y controladas incesantemente por personal armado al servicio de los Ming. La erradicación de estas operaciones resultó en laboriosas y meticulosas investigaciones que revelaron sorprendentemente, que el grupo criminal administraba más de 10.000 individuos solo en parques de fraude.

El incremento de la presión de las autoridades chinas se hizo más visible en 2023, posteridad a numerosas denuncias externas e internas. Esto también vino motivado por los desesperados clamorosos de familias que, llenas de ansia, buscaban noticias sobre los familiares ausentes misteri

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