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22/09/2025

Del drama a la gloria: el impresionante logro de un escalador de Patagones

Hernán Rivas desafió distintas adversidades que le impidieron llegar a la cúspide del Kilimanjaro, pero si lo hizo en el Elbrus.
Hernán Rivas y Julián Capici, unidos por la montaña
Hernán Rivas y Julián Capici, unidos por la montaña

El maragato Hernán Rivas escribió su nombre en las páginas doradas del montañismo argentino. Junto a su amigo, Julián Capici, se propusieron llegar a la cima del monte Kilimanjaro (3962 metros de altitud) y del Elbrus (5642 metros de altura), y tuvieron desempeños distintos, pero con emociones a flor de piel. 

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El primer desafío fue el Kilimanjara, en Tanzania, donde Rivas debió enfrentar cuestiones de salud que lo pusieron a prueba, ya que debió ser evacuado en helicóptero por un edema pulmonar. “Las lágrimas brotan por todo lo que venís entregando, lo que sufriste y lo que luchaste para llegar ahí. Y además porque sabés que no lo hiciste solo: hay un montón de gente que estuvo cerca y que estaba pendiente”, le contó a Infobae.

Esta expedición, llamada “2 Seven Summits”, comenzó hace unos tres años, cuando Rivas -que hoy está radicado en Buenos Aires-, se cruzó en un gimnasio con Capici. Las charlas los llevó a que descubran que ambos eran apasionados por las montañas, y fue así que arrancó este desafío.

Hernán Rivas y Julián Capici, en la base del Kilimanjaro

 

“Con Hernán nos conocimos siendo yo entrenador y guía; y él mi alumno. Pero derivó en una amistad cuando nos dimos cuenta de que compartíamos una misma manera de mirar la montaña y la vida”, contó Julián.

La altura africana puso a prueba el físico del maragato, pero también su espíritu. Antes del último tramo, cuando estaban a 4.700 metros de altura, el cuerpo le pasó factura. “La noche antes del ataque a cumbre, en la carpa y preparado para dormir, comencé a sentir un burbujeo cuando inspiraba. Supe que ese era el indicio de un edema pulmonar”.

Hernán Rivas en su momento más complejo

 

Con el diagnóstico médico, entendió que era el momento de abandonar. “Fue dolorosísimo, pero era lo que había que hacer”, manifestó. Puso sobre la mesa las prioridades, y su amigo siguió solo, hasta llegar a lo más alto, el 16 de agosto a las 6 de la mañana.

Tras recibir el alta médica en Tanzania, Hernán fue trasladado a un hotel, donde aguardó noticias sobre Julián, aún descendiendo a pie los últimos tramos del Kilimanjaro. Cuando supo que su compañero iba a llegar a la entrada del parque nacional, no dudó. Se subió al camión que transportaba los insumos logísticos y fue a esperarlo.

Con apenas cinco días para recuperarse de la neumonía, Hernán se enfocó en el segundo desafío: el Elbrus. “Sentí algún miedo de que mi disposición física no esté todavía plena… Entonces, cuando empezamos a caminar y pusimos un pie en Rusia e hicimos las primeras caminatas de aclimatación, descubrimos que estábamos muy bien los dos. ¡Nos sorprendió!”, manifestó Hernán.

Hernán Rivas y Julián Capici en la cumbre del Elbrús

 

El terreno estaba cubierto de hielo y con una inclinación pronunciada, lo que los obligó a trepar con crampones y sogas, mientras la nieve, en algunos tramos, les llegaba hasta las rodillas. A un costado, el abismo siempre acompañando.

“Realmente tuvimos visibilidad cero. Tanto es así que, por momentos, literalmente, no nos veíamos nuestros propios pies. En los tramos que caminábamos al lado del vacío, agarrados con una cuerda de seguridad, estábamos con un pie tocando la montaña y del otro lado deseando no errarle a la pisada e irnos para abajo”, dio a conocer el maragato.

Finalmente, llegaron a la cúspide el 27 de agosto alrededor de las 6 de la mañana. Como un guiño del destino, iban con un cielo cerrado, de mucha niebla, y al llegar se despejó y el sol los iluminó.

Ya en Buenos Aires nuevamente, volvieron a entrenar para llevar a fines de octubre a un grupo de nuevos montañistas a la cima del Volcán Lanín. En proyección, en un año y medio más, otras nuevas cumbres los desafiarán, para seguir marcando el camino en estos nuevos retos.

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