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07/09/2025

Conocé al policía de Río Negro experto en investigar por medio de huellas dactilares

El suboficial principal Gustavo Carrasco logró numerosos pergaminos por descubrir significativos crímenes en Viedma y la región.
El sabueso y la imagen de Vucetich, el impulsor en la Argentina del sistema de identificación de personas por sus huellas dactilares. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.
El sabueso y la imagen de Vucetich, el impulsor en la Argentina del sistema de identificación de personas por sus huellas dactilares. Fotos Vanesa Schwemmler para NoticiasNet.

La papiloscopia, un término que puede sonar técnico o incluso intimidante se refiere al estudio de las huellas dactilares (dactilares, palmares y plantares). Esta disciplina no sólo es fascinante, sino que también juega un papel fundamental en la resolución de crímenes, gracias a Juan Vucetich, el comisario de origen croata precursor del sistema en la Argentina.

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En la región, el suboficial principal de la Policía de Río Negro, Gustavo Carrasco –con 28 años en la fuerza de seguridad- se ha convertido en un referente en el ámbito de esa especialidad. Con años de experiencia, su enfoque meticuloso y su pasión por la justicia lo han llevado a desentrañar varios casos complejos en una veintena de años.

Su labor implica no solo la identificación de las huellas, sino también la recolección y preservación de las mismas en una escena del crimen. Esto es crucial, ya que cualquier error en el manejo de la evidencia podría comprometer la investigación. Carrasco enfatiza la importancia de realizar una búsqueda exhaustiva y documentar cada paso, asegurándose de que la información obtenida sea fiable y útil para el proceso judicial.

“Mi maestro en policía de Río Negro fue el suboficial Félix Luján. Yo venía de estudiar dibujo en el entonces Instituto Nacional Superior de Artes (Insa) en General Roca (en la actualidad IUPA), lo que también me sirvió luego de ingresar a la Escuela de Cadetes. Me enseñó cómo cotejar un rastro con la impresión de la palma”, explicó a NoticiasNet aunque se mostró agradecido porque en su trayectoria fueron muchos quienes le inculcaron la especialidad.

Carrasco considera la importancia de una huella porque tiene 12 puntos característicos y esto “es como las matemáticas, algo exacto, categórico y axiomático, pues las huellas, son la identidad física de una persona, y hasta las impresiones digitales de gemelos no son iguales”.

La paciencia

Entre los casos más resonantes que le tocó intervenir es en el asesinato de Carlos Heisler. Murió  el 31 de agosto de 2010 en el barrio San Martín de Viedma. Su viuda, Marta Lidia Baffigi, y el parapsigólogo Fabián Ceferino Almeyra fueron condenados por el crimen, que se reveló como un plan premeditado y no un robo como se había pensado inicialmente. “Trabajé con luminoide (reactivo químico) en los picaportes”, recordó para encontrar rastros. 

En 2011 tuvo que trasladarse a la calle Alsina de Viedma por la muerte de la adulta mayor Irma Casadei. Tomó vestigios hasta de las persianas pero el sospechoso no aparecía hasta que seis años después en un procedimiento, logró dar con el asesino. En 2017 fue condenado a ocho años de prisión, y en la actualidad es paciente de salud mental.

Carrasco realizó otro tipo de proezas sin final feliz cuando lo llamaron el uno de septiembre de 2015 para tomar muestras en el Bar El 14 de Mitre y boulevard Contín, donde se produjo el crimen de su propietario. Un señor mayor llamado Osvaldo Gómez, a quien quemaron vivo porque no quería vender esa estratégica propiedad.

Sin embargo, el suboficial del área de Criminalística tuvo que poner en práctica toda su destreza, algo así como venderle hielo a los esquimales. El sospechoso tiró un auto al río Negro debajo del puente ferrocarretero. El policía levantó huellas sobre una superficie mojada encontrando al responsable de la maniobra. No obstante, la justicia no pudo comprobar que quien se desembarazó del vehículo fue el mismo que quemó a Gómez.

Así como sabe que algún aparecerá el autor, también sigue buscando a quien mató a Félix Ochoa y a su mujer en Guido al 700 de esta ciudad cuando desconocidos ingresaron a la vivienda con fines de robo durante 2014.

Otro éxito tres años después. El 31 de enero de 2017, el docente Hugo Gabriel Ortiz Nievas fue encontrado sin vida en el interior de su vivienda frente al barrio Guido de esta ciudad. El hombre presentaba un profundo corte de arma blanca en el cuello, una herida punzante en la garganta y golpes en la cara. Además se constató que en la vivienda faltaban varios elementos de valor.

Según la investigación, el acusado Jonathan Nahuelfil ingresó a la vivienda de la víctima para robar un televisor, un equipo de música y una notebook, entre otros elementos. En ese contexto, y ante la resistencia del Ortiz Nievas, el atacante lo hirió en el cuello y lo golpeó, ocasionándole la muerte. Se recolectaron pruebas y se tomaron algunos testimonios.

Una huella dactilar cotejada con los registros que poseía la Justicia de las personas con prontuario permitió llegar al sospechoso que vive en las cercanías. En diciembre fue condenado a Jonathan Davil Nahuelfil a la pena de prisión perpetua tras considerarlo autor material y penalmente responsable del “homicidio calificado para consumar otro delito”del docente de origen sanjuanino.

 

Carrasco y el cuenta hilos.

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