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HOMENAJE

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05/09/2025

El conmovedor relato de Gustavo Yankelevich sobre cómo era su relación con Romina Yan

Gustavo Yankelevich habló de su vínculo con Romina Yan y emocionó al recordar momentos únicos con su hija

El conmovedor homenaje de Gustavo Yankelevich a su hija Romina Yan ha emocionado a cientos de personas que siguen conmovidos por su desgarradora partida. Cada año, el 5 de septiembre tiene un significado poderoso para Yankelevich, pues marca el día en que se estrenó como padre y recibió con los brazos abiertos a Romina. Durante ese tiempo, supo mirar más allá del dolor de su ausencia y celebrar la vida que compartieron juntos.

Gustavo Yankelevich, conocido por su trabajo en el mundo del entretenimiento, siempre ha llevado con orgullo la labor más importante de su vida: ser padre de Romina Yan. A través de sus palabras y acciones, refleja un amor inquebrantable que supera las barreras de la ausencia física. Este año, la conmemoración tuvo además la nueva estela de tristeza causada por la partida de su nieta Mila, un dolor adicional que intensificó todo.

Pero más allá de la tristeza, el recuerdo de Romina está lleno de luminosidad. "Hoy festejamos en el día de tu nacimiento haberte disfrutado tanto en este plano, en este mundo", compartió en sus redes. En esas líneas, se percibe una celebración del legado de amor y alegría que dejó Romina a su paso, algo que su padre reafirma con cada homenaje como un testimonio de los momentos compartidos.

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La infancia de Romina estuvo permeada por el calor y la devoción de su padre. Su conexión especial comenzó desde el instante en que el médico anunciaba "Es una niña", y nunca dejó de seguirlo, incluso aferrándose a su pantalón para evitar su partida al trabajo. Este amor cotidiano se veía enriquecido por las rutinas matutinas: Gustavo se encargaba personalmente de llevarla al colegio, a pesar de su agité laboral como gerente de Telefe.

A medida que los años transcurrieron, Romina cultivó no solo talento en la actuación, sino también un profundo respeto y admiración por su familia. Subrayaba esta relación tocando lo que llamaba un "Edipo asumido", amando a su padre con toda su alma, un tesoro de valores que también había heredado. Este fuerte lazo también tenía sus momentos de tensión y reconciliación, demostrando que los conflictos también son parte inevitable de las relaciones más solidas.

Gustavo, conmocionado aún por las lecciones aprendidas, admite que en algunos momentos críticos, su dureza debía ser transformada en amor puro, especialmente cuando Romina atravesó momentos difíciles y desafiantes, como los problemas de anorexia. Cambiar el rigor por la presencia amorosa anualizaba la conexión padre-hija a un nivel mucho más espiritual. Como él sabiamente aprendió, este amor eterno trasciende el tiempo, mostrando que aunque la vida es corta, su legado continua vivo en aquellos que tanto la amaron.

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