Publicidad
 

JOVEN PROMESA

|
08/06/2025

Valentín Yan contó quién lo motivó a dedicarse al automovilismo

Hijo de la recordada Romina Yan y nieto de Cris Morena y Gustavo Yankelevich, el joven piloto habló a fondo de su pasión fierrera.

Valentín Yan, el hijo de la inolvidable artista Romina Yan y nieto de los reconocidos Cris Morena y Gustavo Yankelevich, encarna una historia que desborda emoción y sorpresa. Proveniente de un linaje asociado inextricablemente al mundo del arte y la televisión, Valentín parece haber desafiado las expectativas familiares al zambullirse de lleno en el competitivo universo del automovilismo. A sus 21 años, se luce como piloto en el TC 2000, habiendo debutado de manera impresionante en Neuquén, donde consiguió una destacada sexta posición representando al equipo de Axion Energy Sport Team.

La semilla de esta pasión automovilística no surge de una tradición familiar, como él mismo explicó recientemente durante una participación en el icónico programa de Juana Viale. En lo que fue una verdadera "mesaza" dominguera, Valentín compartió los matices de su inesperada carrera profesional. "Desde pequeño, las máquinas siempre me fascinaron", relató con un brillo especial en sus ojos. Al ser cuestionado por Juana sobre el origen de su amor por los motores, su respuesta dejó a la audiencia reflexionando: "Realmente no sé, es algo que nació en mí, nadie me lo inculcó".



La historia de cómo se embarcó en esta aventura cobra vida al retroceder al momento decisivo que lo impulsó a cambiar el rumbo de su futuro. A los 19 años, veía su camino nublarse entre libros y estudios que no lograban capturar su interés. "Nunca di pie con bola con lo de estudiar", admite Valentín con sinceridad. Fue durante uno de esos momentos de incertidumbre cuando su abuelo, Gustavo Yankelevich, intervino en su vida de manera trascendental. "¿Qué te hace feliz?", preguntó su abuelo con la sabiduría y amor que solo un patriarca puede tener.

Tal pregunta, simple pero profunda, dejó a Valentín perplejo. "Pasé cinco minutos en blanco", recuerda sobre ese instante crucial. Finalmente, desde el fondo de su ser, emergió la respuesta: "Correr". Esa declaración fue un canto de libertad que lo enmudeció a él y llenó el ambiente de una nueva expectativa.



Desde ese momento, Valentín no ha hecho más que acelerar en esta ruta, ironías del destino, que su familia de artistas probablemente nunca habría imaginado para él. Sin embargo, a pesar de la naturaleza peligrosa de los circuitos, Valentín está convencido de que cuenta con el apoyo espiritual de su madre. Aunque Romina Yan partió de este mundo cuando él apenas tenía 7 años, su presencia parece iluminar cada paso de su hijo en caminos desconocidos. "Estoy seguro de que mamá tendría miedo por los riesgos, pero me apoyaría al cien por ciento", confiesa Valentín, emocionado.

En una conmovedora reflexión, Valentín comparte: "La siento muy presente, siento que me ayuda en muchas situaciones", recordando a su madre, cuya luz sigue inspirando a quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Romina, como Valentín lo atestigua, fue un ser de luz y amor indescriptible, y su legado sigue vivo no solo en su familia, sino también en cada proyecto y aspiración de su hijo menor.